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Antiguo 15-11-2011 , 10:03:06   #209
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

OTRA VUELTA DE TUERCA
Tristán:
Vi que Bella se debatía en sueños, pero no se despertó.
Yo estaba sentado en mi jaula, totalmente con centrado, con las piernas cruzadas y los
ojos fijos en el techo de la sala.
Media hora antes, un barco nos había hecho señales para que nos detuviéramos, estaba
seguro de ello. Habíamos echado el ancla y alguien que hablaba nuestra lengua subió
abordo.
No fui capaz de entender las palabras, aunque identifiqué la familiaridad de su tono e
inflexión.
Cuanto más escuchaba la conversación, más con vencido estaba de que no había ningún
intérprete.
Tenía que tratarse de un hombre de la reina, que a su vez conocía el idioma de los
piratas.
Bella se incorporó por fin. Se estiró como un gatito y al reparar en el pequeño triángulo
de me tal que tenía entre las piernas, pareció recordarlo todo. Se movió con gestos
inusualmente lentos, se apartó el largo pelo liso y se aclaró la vista, parpadeando ante la
única linterna que colgaba del bajo techo. Luego me descubrió:
Tristán susurró. Se sentó y se agarró a las barras de la jaula.
¡Chist! Señalé el techo de madera. En un susurro apresurado le expliqué lo del barco
que había abarloado y el hombre que había subido a bordo.
Estaba segura de que nos alejábamos de la costa dijo ella.
En la jaula situada debajo de Bella, el príncipe Laurent, el pobre fugitivo, continuaba
durmien do, y en la de arriba dormía el príncipe Dimitri, un esclavo del castillo que
habían mandado al pueblo el mismo día que a nosotros.
Pero ¿quién ha venido a bordo? preguntó
Bella entre susurros.
¡No habléis, Bella! le volví a advertir.
Pero no servía de nada. Yo no conseguía descifrar lo que estaba sucediendo, excepto
que pasaba algo que creaba tensión.
La expresión del rostro de Bella era de lo más inocente, la loción coloreada de oro
resaltaba seductoramente cada detalle de sus formas. Parecía más menuda, redonda y
más próxima a la perfec ción. Acurrucada en la jaula, semejaba una exótica criatura
importada de un tierra lejana cuyo desti no fuera embellecer un jardín de placer. De
hecho, todos debíamos de parecerlo.
¡Quizás haya alguna posibilidad de que nos rescaten! exclamó Bella llena de inquietud.
No sé respondí. ¿Por qué no había ningún soldado? ¿Por qué se oía sólo aquella única
voz? No podía asustarla diciéndole que entonces éramos cautivos de verdad, en vez de
valiosos tri butos protegidos por la reina.
Laurent estaba volviendo por fin en sí y se incorporó lentamente a causa de las heridas
que cu brían todo su cuerpo. Su aspecto, con el ungüento dorado, era tan espléndido
como el de Bella. De hecho, constituía un espectáculo verdaderamente singular: todas
aquellas magulladuras y cardenales resaltados por el color dorado hasta convertirlos casi
en algo puramente ornamental. Tal vez nuestras propias erupciones y cardenales no
habían sido otra cosa que puros ornamentos. El cabello, que cuando estaba en la cruz de
castigo se veía tan descuidado, aparecía arreglado y formaba espléndidos rizos castaño
oscuro. Parpadeó varias veces al dirigir la vista hacia mí, intentando despertar del sueño
narcotizado.
Le puse rápidamente al corriente de lo que es taba sucediendo y señalé el techo. Los tres
nos quedamos escuchando aquella voz, aunque no creo que ninguno de ellos la oyera
con más clari dad que yo.
Laurent sacudió la cabeza y se recostó.
¡Vaya aventura! dijo lentamente, casi con indiferencia.
Bella sonrió sin querer al oír sus palabras y lo miró tímidamente. Yo estaba demasiado
furioso para hablar. Me sentía impotente.
Callad advertí. Me arrodillé y me aferré a los barrotes. Alguien viene. A través de la
bodega llegaba una vibración sorda.
La puerta se abrió y dos de los muchachos vestidos de seda que se habían ocupado de
noso tros entraron en la habitación. Traían unas pequeñas lámparas de cobre con forma
de barquitos.
Entre los dos jóvenes se encontraba un noble alto, de cabello gris y edad avanzada,
vestido con jubón y polainas, con la espada a un lado y la daga sujeta al grueso cinturón
de cuero. Recorrió con la vista la habitación, casi enfurecido.
El más alto de los dos muchachos trasmitió al noble un torrente de palabras extranjeras
expresadas en voz baja y él asintió mientras señalaba con expresión de enfado:
Tristán y Bella exclamó adelantándose y caminando por la habitación, y también
Laurent.
En ese momento, los muchachos de piel aceitunada mostraron inmediatamente su
desconcierto. Apartaron la vista y dejaron al noble a solas. Al salir, los esclavos
cerraron la puerta tras ellos.
Me lo temía dijo el lord de pelo gris. y
Elena, Rosalynd y Dimitri. Los mejores esclavos del castillo. Estos ladrones tienen buen
ojo. Liberaron a los demás en la costa en cuanto seleccionaron los buenos botines.
¿Qué va a sucedernos, milord? quise saber. Estaba claro que su actitud era de
exasperación.

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