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Antiguo 12-11-2011 , 09:18:17   #204
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

De pronto aparecieron más ángeles. Media docena de esbeltos jóvenes de piel
aceitunada y con las mismas sonrisas corteses se acercaron a Bella, le levantaron los
brazos por encima de la ca beza, obligándola a juntar los dedos, la pusieron en pie y la
tumbaron para llevársela. Notó aque llos dedos sedosos sosteniéndola por los codos
hasta levantarla y, mirando vagamente los bajos techos de madera, sintió que la subían
por una es calera hasta otra habitación donde resonaba la charla de voces extranjeras.
Por encima de ella, vio un tejido brillante dies tramente adornado con colgaduras y
formado por una franja de color rojo intenso que estaba cubier ta de pequeños e
intrincados pedazos de oro y cristal. Percibió también un intenso aroma a in clenso.
De pronto la instalaron sobre un almohadón de satén mucho más grande y mullido,
estirándole los brazos por encima de la cabeza hasta donde llegaban sus dedos.
Hizo un mínimo ruido que provocó el pánico en sus angelicales capturadores, quienes
una vez más se llevaron sus dedos a los labios mientras sa cudían la cabeza como señal
de advertencia ominosa.
Entonces se retiraron y Bella descubrió ante sí un círculo de rostros masculinos, con las
cabezas envueltas en turbantes de seda de brillantes colo res y las manos enjoyadas.
Todos ellos gesticula ban mientras hablaban entre sí, al parecer discu tían y regateaban.
Alguien le levantó la cabeza, la cogió del pelo y la examinó con dedos cuidadosos,
pellizcándole suavemente los pechos antes de palmotearlos. Otras manos le separaron
las piernas y, con idén tico esmero y unos modales casi delicados, unos dedos abrieron
los labios púbicos e hicieron girar el clítoris como si se tratara de un cascabel o una uva,
mientras a su alrededor continuaba la ani mada conversación. Bella intentaba
mantenerse quieta, observaba los rostros barbudos, las rápidas miradas negras mientras
las manos seguían examinándola como si tuviera un objeto suma mente valioso y muy
frágil.
Pero la vagina bien enseñada de la muchacha se contrajo, segregó sus fluidos y los
dedos recogieron la humedad que brotaba del interior de su cuerpo. Le azotaron los
pechos otra vez y gimió, aunque tuvo la precaución de no abrir la boca.
Cerró los ojos mientras le sondeaban incluso los oídos y el ombligo, y le examinaban
los pies y los 4 dedos.
Cuando le separaron los labios y le abrieron la boca se sobresaltó y dejó escapar un
suspiro. Parpadeó, y de nuevo sintió un fuerte sopor. La estaban volviendo boca abajo.
Las voces parecían hablar más fuerte, mientras media docena de manos le apretaban las
ronchas y la intrincada maraña de marcas rosadas que con toda seguridad le cubría las
nalgas. Por supuesto, iban a abrirle el ano. Entonces se debatió un poco, cerrando de
nuevo los ojos con la mejilla apoyada sobre el delicioso sa tén. Unos pocos cachetes
hicieron que se espabilara de nuevo.
Cuando volvieron a ponerla boca arriba vio los gestos de beneplácito. El hombre
situado en el centro, a su derecha, le sonrió y palmeó su sexo en señal de aprobación.
Luego, los muchachos ange licales la levantaron otra vez.
«He pasado algún tipo de examen», pensó.

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