Somos dos esclavos diferentes dijo ella incorporándose para coger el vino y dar largos
tragos, y ambos somos felices.
¡Me gustaría entenderos! susurró él. ¿No anheláis ser amada y que el dolor se mezcle
con la ternura?
No hace falta que me entendáis, amor mío. y sí que hay ternura. Pero hizo una pausa
para imaginarse el trato íntimo que existía entre Tristán y Nicolás.
Mi amo me descubrirá nuevas revelaciones dijo Tristán.
Mi destino también tendrá su propio im pulso le respondió ella. Cuando hoy he visto al
pobre príncipe Laurent castigado, le he envidiado. Él no tenía ningún dueño amoroso
que lo guiara.
Tristán contuvo el aliento sin dejar de obser var a la muchacha.
Sois una esclava magnífica admitió. Quizá sepáis más que yo.
No, en cierta forma soy una esclava más simple. Vuestro destino se asocia a una mayor
re nuncia. Bella se apoyó sobre su codo y besó a Tristán. Los labios del príncipe estaban
teñidos de rojo a causa del vino y tenía los ojos inusualmente grandes y vidriosos. No se
podía negar que su aspecto era espléndido. A Bella se le ocurrieron ideas dementes, se
imaginó atándolo ella misma al arnés...
No debemos perdernos el uno al otro, pase lo que pase dijo él. Aprovechemos los mo
mentos furtivos que se nos presenten para contar nos confidencias. No siempre nos lo
permitirán...
Con un amo tan loco como el vuestro quizá dispongamos de muchas, muchísimas
oportuni dades replicó Bella.
Tristán sonrió. Pero de pronto su mirada se empañó, como si algún pensamiento lo
distrajera.
Se quedó escuchando.
¿Qué sucede?
No hay nadie en la calle respondió. El silencio es absoluto. A estas horas siempre pasan
carros por esta calzada.
Todas las puertas están cerradas explicó Bella. y los soldados se han ido.
Pero ¿por qué?
No lo sé, corren muchos rumores sobre ras treos de la costa en busca de invasores.
En ese instante, el príncipe le pareció tan hermoso que deseó amarlo de nuevo. Se
incorporó sobre la cama, se sentó sobre los talones yobservó el pene de Tristán, que
cobraba vida una vez más; luego contempló su propio reflejo en el distante espejo. Le
encantaba contemplar la visión de los dos juntos en el espejo. Mientras miraba, distin
guió otra figura espectral. Vio aun hombre de pelo blanco, con los brazos cruzados, ¡que
la estaba observando!
Soltó un chillido. Tristán se sentó con la mira da fija hacia delante. Pero ella ya había
compren dido lo que sucedía. El espejo era de doble sentido, uno de esos antiguos
trucos de los que había oído hablar cuando era niña. El amo de Tristán había estado
observándoles todo el rato. Su oscuro rostro tenía una nitidez asombrosa, el pelo blanco
casi relucía, las cejas estaban fruncidas con un mohín de seriedad.
Tristán esbozó una trémula sonrisa. Una ex traña sensación de desnudez debilitó a
Bella.
Pero el amo se había desvanecido tras ellóbrego espejo. Luego, la puerta de la
habitación se abrió.
El elegante hombre con mangas de terciopelo abombadas se acercó a la cama y cogió a
Bella por los hombros para volverla hacia él.
Repetidme lo que habéis dicho, todo cuan to habéis oído sobre los soldados y esos
invasores.
Bella se ruborizó.
¡Por favor, no se lo digáis al capitán! suplicó. El cronista asintió y Bella procedió a
contar inmediatamente cuanto sabía.
Nicolás permaneció quieto durante un mo mento, pensando.
Venid dijo, y levantó a la muchacha de la cama. Debo llevar inmediatamente a Bella de
regreso al mesón.
¿Puedo ir yo, por favor, amo? preguntó Tristán.
Pero el amo Nicolás estaba distraído. No pa reció oír la pregunta.
Se dio media vuelta y, con un gesto, les ordenó que lo siguieran. Los dos esclavos
caminaron a toda prisa por el pasillo y salieron por la puerta posterior de la casa. El amo
Nicolás les indicó que esperaran mientras él se encaminaba hacia las al menas.
Desde la muralla, miró durante un largo mo mento de un extremo a otro del gran muro.
El si lencio empezó a amilanar a Bella.
Esto es una locura susurró cuando regresó. Parece que hayan dejado el pueblo sin de
fensa alguna.
El capitán cree que primero atacarán las granjas y las casas solariegas, fuera de las
murallas dijo Bella. y seguro que hay alguna guardia apostada.
El amo Nicolás sacudió la cabeza con gesto de desaprobación. Luego cerró la puerta de
la casa.
Pero, señor dijo Tristán, ¿quiénes son estos incursores? Su semblante estaba serio, y sus
maneras no eran en absoluto las de un esclavo.
Eso ahora no tiene la menor importancia espetó Nicolás con firmeza mientras
emprendía la marcha delante de ellos. Llevaremos a Bella de vuelta con su señora.
Vamos, rápido.