Temeroso, mirando hacia todos lados (logrando que me agazapara aún más para no ser descubierto), mi concuño se agachó, y colocó una de sus manos, en las macizas piernas de mi mujer, tanteando su reacción, para ver si despertaba. Mi esposa estaba tan cansada que no se despabilaba con nada, entonces se animo para acariciarlas, deslizando sus manos suavemente, recorriendo todo el largo de sus monumentales y robustas extremidades, disfrutando de la tersura de una piel blanca y hermosa; luego, envalentonado ante la pasividad de Alicia, le prodigó pequeños y suaves apretones, desde sus corvas, hasta el nacimiento de su parado y redondo trasero. Le tomó otras fotos, acercando su celular hasta escasos centímetros de su trasero, luego lleno de pasión, le besó las nalgas sobre la tanga, mientras aceleraba los movimientos de su mano, cubriendo y descubriendo velozmente el prepucio, con la piel de su larga verga. De pronto, llegó Rosario, una niña de cuatro años, hija de Roberto, Rolando apenas tuvo tiempo de guardar su pene, porque atrás de la niña, llegaba presurosa mi suegra.
Teníamos más de un mes sin hacer el amor, temía, que mi querida esposa, cayera en la tentación, de ser cogida por Rogelio y Roberto. Pero Alicia, tenía remordimiento de conciencia, aún. Le afligía el haber sucumbido tan fácilmente en las garras de sus cuñados.
Rogelio y Roberto, realizaban grandes esfuerzos todos los fines de semana, para ponernos ebrios, a mi esposa y a mí. Yo les seguía la corriente, pero mi esposa ya no quería caer en su juego, y se negaba a ingerir licor. Estoy seguro, que mi señora, recordaba cada detalle, de aquella vez, en que se la empinaron sus cuñados. Aunque finja perdida de memoria, por el estado de embriaguez que tenía aquella noche. Si mis concuños, le revelaban, que ya le habían embutido la verga; ella fácilmente, los podría acusar de abuso o inclusive de violación. Y eso, ellos lo sabían. Así que no encontraban la forma de cogerse nuevamente a mi mujer, sin delatarse.
Mis concuños, estaban desesperados, por volver a meterle el garrote a mi mujer, la acosaban a cada minuto, a veces lograban rozarle sus gordos penes, en las nalgas o la panocha de mi esposa, siempre sobre la ropa; pero Alicia, inteligentemente, no se despegaba de sus hermanas, manteniendo a raya, a sus calientes cuñados. Con el paso del tiempo, se resignaron y se conformaban con contemplar los atributos de mi mujer, cuando distraída mostraba parte de sus intimidades.
A partir del día que pillé a Rolando, fisgoneando a mi señora, simulaba salir temprano a buscar chamba, pero solo me retiraba unos metros de la casa, y agazapado, bajo las ramas de un árbol, esperaba la llegada de Rolando con sus hijos. Esperaba unos minutos más, y luego, me escabullía hasta el pasillo, y observaba todo lo que ocurría en el interior de nuestra recamara. Previamente, sin que nadie se diera cuenta, había instalado una mirilla en la pared (Las que se colocan en la puerta principal, para ver quien toca, antes de abrir), pero al revés, de tal forma, que del exterior, se viera para adentro; y así, no tener que estar temeroso, de que me descubrieran, cuando daba rienda suelta, a esta nueva inclinación mía, ser un mirón empedernido. A través de la mirilla, fui testigo de los avances de Rolando, para atisbar y sobar a mi esposa.
Los siguientes días, Alicia dormía con pantalones cortos y su camisetita. Mi suegra continuamente pasaba por nuestro dormitorio, ya que estaba cuidando a sus otros nietos, mientras tanto, Rolando acostaba a su pequeño hijo. Mi concuño no tenía las manos libres para actuar, y solo se limitaba, a sacarle fotos a mi señora, desde diferentes ángulos y acercamientos, a veces tenia que mover un poco su ropa, y lo hacia cuidadosamente, tomaba la tela de la parte inferior, de las anchas entrepiernas, y se los subía, hasta que mi mujer, mostraba sus voluptuosos encantos, y mi concuño, accionaba el clic de su cámara, usurpando así, mi derecho de exclusividad para contemplar sus intimidades. En ocasiones, tenia oportunidad de acariciar las piernas de mi mujer. Lo hacia con delicadeza para no despertarla, luego sus manos iban hasta los enormes cantaros de carne de su busto, palpaba su dureza y redondez, metiendo sus manos por las amplias holguras, de los laterales de la camiseta, para alcanzar los turgentes pezones y apretarlos y estirarlos.
Con el paso de los días, comprobó que Alicia tenía el sueño muy pesado e imperturbable a sus pequeñas caricias, así que, su osadía fue cada vez mayor.
Cierto día, mi suegra partió a la clínica. Me pidió que por favor no saliera a buscar trabajo, y que le ayudara a cuidar a sus nietos, mientras ella regresaba. Estaba en la cocina, cuando llegó Rolando.
-Hola, Ramón, ¿Cómo estás?
-Muy bien, gracias.
-Hoy ¿no saliste a buscar empleo?
-No. Mi suegra fue a la clínica, a realizarse unos exámenes, y me dejó encargado de los niños.
-Bien. Voy a dejar a Junior.
-Si. Adelante.
Rolando, tardaba en salir. “De seguro estaba fisgoneando a mi mujer, o hasta la estaba manoseando el cabrón”. –Pensé-. Y yo sin poder mirar… No le di muchas vueltas a la cabeza, y encontré pronto la excusa que necesitaba.
-¡Ey! Rolando –Le grité desde la cocina-.
-Si. –Me dijo, mientras salía presuroso y asustado-. Junior no se dormía.
-Si. Me imagino. –Le dije, aparentando creer su entupida excusa y, realmente imaginando, lo que le estaría haciendo a mi dulce esposa-.
-Quiero pedirte un favor, pero me da pena… Es que… Viene un trabajo muy bueno en el periódico, es aquí cerca, y quería ver, si tú, podrías cuidarlos un momento
Rolando no daba crédito a mis palabras ni a su buena serte, su rostro se iluminó y sonrío como estúpido.
-¡Claro, claro! No te preocupes, yo los cuido, tú deberías de ir a ver ese empleo.
-¿De veras? … Gracias… Pero como mi suegra me encargó a los niños, tal vez debería esperar hasta mañana, para ir. –Le dije, solo para hacerlo sufrir, jeje-.
-¡No! Pienso que es mejor que vayas ahora… Si es bueno el trabajo, como dices, a lo mejor te lo ganan. Yo me encargo de los niños mientras regresas.
-Bueno, esta bien. Muchas gracias. –le dije, mientras salía de la casa-.
Continúa...