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Antiguo 31-10-2011 , 09:21:32   #193
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Bella percibió el movimiento de los hombres que se agitaban en las sombras, detrás de
la luz del fue go, como si se acercaran un poco más, acechándolo.
El capitán indicó a sus hombres que levanta ran al príncipe.
Bella sintió un nudo en su seca garganta. Los soldados levantaron al esclavo y tiraron de
sus piernas, separándolas a ambos lados. Luego lo co locaron sobre el falo de madera.
La víctima soltó un gruñido ronco, y los sol dados mostraron su satisfacción con un
vítore apagado.
El príncipe gruñía cada vez con más fuerza mientras le doblaban las piernas
completamente hacia atrás, separadas, para atárselas al madero transversal. Aquello
provocó un fuerte dolor en los muslos de Bella sólo de mirar al príncipe que estaba
totalmente inmovilizado sobre la cruz, con las escocidas nalgas contra la madera que
tenía de bajo y el falo bien introducido en su interior.
Pero aquello aún no había acabado. Mientras ataban los brazos del príncipe detrás de la
cruz, le inclinaron la cabeza completamente hacia atrás, aplastándola sobre lo más alto
del madero verti cal, y la ataron con un largo cinto de cuero que sujetaron cubriendo su
bo.ca abierta y que luego amarraron a la madera por detrás de las orejas, mientras él
mantenía la vista desamparada y fija en el cielo. Bella vio el reluciente pelo enmarañado
del cautivo que caía por su espalda, y su garganta, que se ondulaba con silenciosas
boqueadas.
Peor aún era la exhibición de su sexo hinchado. Cuando le rompieron las traíllas que
sujeta ban la verga, se sacudió y tembló, tirando del peso que colgaba de él. Bella sintió
otra vez que su propio sexo se contraía y encogía.
Los hombres estaban alrededor de la cruz mientras el capitán inspeccionaba el trabajo.
El cuerpo del príncipe se estremecía de pies a cabeza, tenso sobre la cruz, y el peso de
hierro oscilaba colgado de su pene tumefacto. Bella vio que inclu so las nalgas se
alzaban y se contraían sobre el grueso falo de madera.
La figura completa no superaba la altura de un hombre bajo, y el capitán, que
permanecía a su lado, miraba despectivamente al príncipe. Le reti ró el pelo de los ojos
con brusquedad. Entonces
Bella alcanzó a ver el movimiento de los párpados y la boca del príncipe que se
esforzaba por cerrarse aunque la amplia tira de cuero la obligaba a per manecer abierta.
Mañana dijo el capitán, tal como estáis ahora, os subirán al carro para conduciros por
los campos hasta el pueblo. Los soldados marcharán delante y detrás al son del redoble
de tambores para atraer la atención del público. y haré saber a la reina que habéis sido
capturado. Quizá solicite veros, aunque tal vez no. Si lo hace, viajaréis del mismo modo
hasta el castillo, donde os colocarán en el jardín, expuesto hasta que ella tome una de
cisión. Si decide no veros, quedaréis sentenciado a pasar el resto de vuestra vida en el
pueblo, sin po sibilidad de recurso. Haré que os azoten por las calles, y luego os
subastarán. y ahora, os azotaré yo personalmente.
La compañía vitoreó una vez más.
El capitán cogió la correa de cuero que llevaba en la cintura, retrocedió para ganar
espacio suficiente y comenzó a azotarlo. No era una correa demasiado pesada ni muy
ancha, pero Bella dio un respingo y se cubrió la cara con las manos, escu driñando entre
los dedos para ver cómo descendía la plana tralla sobre la parte interior de los muslos
del príncipe, lo que provocó quejidos y gruñidos inmediatos.
El capitán golpeaba con fuerza, no perdonaba ni un centímetro de sus piernas. La correa
alcanzaba los costados de las pantorrillas, espinillas y tobillos. Golpeaba incluso las
plantas de los pies y luego el vientre desnudo del príncipe. La carne torneada temblaba y
palpitaba mientras la víctima gemía contra la mordaza, con el rostro surcado de lágrimas
y sus ojos abiertos con la vista fija en el cielo.
Todo su cuerpo parecía vibrar atado a la cruz.
Las nalgas subían y bajaban con espasmos y deja ban al descubierto la base del falo.
Cuando todo su cuerpo quedó convertido en una mancha oscura de color rosa, desde el
vello púbico hasta los tobillos, y su pecho y su estóma go quedaron cubiertos por un
enrejado de marcas hinchadas del mismo color, el capitán se adelantó hasta plantarse
junto a la cruz y, con tan sólo un palmo de correa fustigó la rolliza verga del esclavo.

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