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Antiguo 31-10-2011 , 09:19:24   #190
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

¿Sería posible que me enterara de cómo le va a otra esclava, si es obediente y resignada
o si la castigan por rebelde?
¿Por qué?
Vine en el carro con la esclava del príncipe de la Corona. Se llama Bella. Era muy
fogosa. En el castillo causaba sensación por sus pasiones e incapacidad para ocultar
incluso las emociones más momentáneas. Cuando bajábamos en la carreta me hizo la
misma pregunta que vos: ¿Por qué obedecemos? Ahora está en el Signo del León. Es la
esclava que mencionó ayer el capitán junto al po zo después de que me azotara. ¿Hay
alguna mane ra de enterarse si ha descubierto la misma aceptación que yo? Sólo
preguntar, quizá... Sentí su mano que tiraba con ternura de mi pelo y los labios que me
besaban la frente. Habló enyoz baja:
Si queréis, os permitiré verla mañana y po dréis preguntárselo vos mismo.
¡Amo! estaba demasiado agradecido y ma ravillado para expresar lo que sentía con otras
pa labras. Permitió que le besara los labios. Luego me atreví a besarle las mejillas e
incluso los párpa dos.
Me dedicó la más sutil de las sonrisas y me re costó de nuevo sobre su pecho. Ya sabéis
que os espera un arduo y duro día
antes de que la podáis ver advirtió. Sí, señor respondí. Y ahora, a dormir dijo. Mañana
tenéis
mucho trabajo en los huertos de la granja antes de volver al pueblo. Luego, enjaezado a
una carretilla con un buen cesto lleno de fruta, tendréis que tirar de él de vuelta a la casa
del pueblo, y quiero acabar para el mediodía, para que os castiguen con la pla za
abarrotada de público en la plataforma gira toria.
Durante un momento, se apoderó de mí una pequeña oleada de pánico. Me apreté a él
un poco más y sentí que sus labios me rozaban con ternura la frente.
Luego se separó con suavidad y se puso boca abajo para dormir, con el rostro aun lado y
el bra zo izquierdo enrollado debajo del cuerpo.
Pasaréis la tarde en las cuadras públicas para ser alquilado como corceldijo. Trotaréis
por el camino para corceles de las cuadras, enjaezado y preparado, y espero oír que
mostraseteis tanto brío que os alquilaron de inmediato.
Mire su elegante silueta bajo la luz de la luna
El blanco reluciente de sus mangas, la forma perfecta de sus pantorrillas enfundadas en
el cuero flexible. Le pertenecía. Le pertenecía por com pleto.
Sí, amo respondí con un susurro.
Me puse de rodillas y me doblé en silencio so bre él para besarle la mano derecha que
reposaba sobre la hierba.
Gracias, amo.
Por la noche hablaré con el capitán para que nos envíen a Bella añadió.
Debía de haber pasado una hora.
El fuego se había extinguido.
Él estaba profundamente dormido, podía de tectarlo por su respiración. No llevaba
armas, ni siquiera una daga escondida bajo la ropa. Yo sabíaque podía subyugarlo con
facilidad. Él no tenía ni mi peso ni mi fuerza; además, seis meses en el cas tillo habían
tonificado mis músculos. Podría ha berle quitado las ropas, dejarlo atado y amordaza do
y emprender la huida hacia la tierra del rey Lysius. Incluso llevaba dinero en los
bolsillos.
Pero, con toda seguridad, él ya había tenido en cuenta todo esto antes de que saliéramos
del pueblo.
O bien me ponía a prueba o estaba tan seguro de mí que ni siquiera se le pasaba por la
imagina ción. Allí echado y despierto, en la oscuridad, yo tenía que aprender por mí
mismo lo que él ya sa bía. ¿Sería capaz de escaparme entonces, que tenía la
oportunidad?
La decisión no fue difícil. Pero cada vez que me decía a mí mismo que, por supuesto, no
iba a hacerlo, me encontraba pensando en ello. Escapar, volver a casa, enfrentarme a mi
padre, decirle que desenmascarara a la reina, o ir a otra tierra en busca de aventura.
Supongo que no hubiera sido un ser humano si al menos no hubiera considerado la
posibilidad de hacerlo.
También imaginé que me atrapaban los cam pesinos. Que me llevaban de regreso al
castillo, atado y desnudo, sobre la silla del capitán de la guardia, para recibir alguna
penitencia indescrip tible por lo que había hecho, y perder tal vez para siempre a mi
señor.
Pensé en otras posibilidades. Las consideré exhaustivamente y luego me di media vuelta
y me arrimé a mi amo. Deslicé el brazo con suavidad en torno a su cintura y apreté el
rostro contra el terciopelo de su jubón. Tenía que dormir un poco.

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