| Denunciante Novato
| Respuesta: Las aventuras de Bella Mi amo se rió, con una risa espontánea y rela jada. Bebió de su copa. Tenía el rostro
animado y un poco más afable.
Mi alma intuyó una terrible sensación de peli gro mientras lo miraba.
Probablemente tengáis mucha razón co mentó. A veces los mejores esclavos esconden a
los mejores señores. Pero posiblemente nunca ten dréis oportunidad de demostrarlo.
Esta tarde ha blé de vos con el capitán. He hecho todo tipo de indagaciones. Cuando
erais libre, años atrás, superabais a lord Stefan en todos los aspectos, ¿no es cierto?
Mejor jinete, mejor espadachín, arquero. y él os amaba y os admiraba.
Yo intenté destacar como esclavo suyo continué. Sufría jornadas interminables de
humillaciones extremas. El sendero para caballos, y los demás juegos de la noche de
fiesta en los jar dines de su majestad. En algunas ocasiones me convertía en el juguete
de la reina; lord Gregory, el señor de los esclavos, me inspiraba el más hondo temor.
Pero nunca complací a lord Stefan porque él mismo no sabía cómo quería que lo
complacie ran. No sabía llevar el mando. Eran siempre otros nobles los que atraían mi
atención.
Las palabras se me atascaron en la garganta.
¿Por qué tenía que contar estos secretos? ¿Por qué tenía que sacarlo todo a la luz y
ampliar las re velaciones que ya había hecho el capitán? Sin em bargo,mi dueño seguía
sin abrir la boca. De nue vo reinaba aquel silencio, y era yo quien debía llenarlo.
No dejo de pensar en el campamento de soldados continué, con el silencio palpitando en
mis oídos. No sentía ningún amor por lord Stefan. Miré a los ojos de mi amo. El azul no
era más que un matiz de azul, los oscuros centros pa recían enormes, casi fulgurantes.
»Uno tiene que amar a sus señores dije.
Incluso los esclavos de las casas más humildes del pueblo pueden llegar a amar a sus
rudos y trabaja dores amos, ¿o no? , como yo amaba... a los solda dos del campamento
que me azotaban a diario.
Como amé por un momento...
¿Sí? inquirió.
Como incluso amé al maestro de azotes la otra noche en la plataforma giratoria. Aquella
ma no que me levantaba la barbilla, que apretaba mis mejillas, aquella sonrisa
amenazadora sobre mí. El poder de aquel grueso brazo...
Yo temblaba tanto como la noche pasada.
Pero aquel silencio continuaba...
Incluso aquellos rufianes, como vos loS ha héis llamado, que me azotaron en la calle
bajo vuestra mirada dije alejándome de la imagen de la plataforma giratoria tenían su
forma de ruin encanto.
El rubor de antes no era nada comparado con el que sentía ahora. Me refresqué con el
vino y aclaré la voz, pero el silencio volvía a dilatarse mientras bebía.
Levanté la mano izquierda para protegerme los ojos.
Bajad la mano dijo él y decid me qué sentisteis antes de iniciar la marcha, cuando estu
visteis enjaezado correctamente.
La palabra «Correctamente» me perturbó.
Era lo que yo necesitaba repuse. Intentaha dejar de mirarlo, sin conseguirlo. Él tenía los
ojos muy abiertos y su rostro a la luz de la vela era casi demasiado perfecto para ser el
de un hombre, demasiado delicado. Sentí que un nudo se soltaba en mi pecho, se
desataba. Ya que..., bueno, ya que tenía que ser un esclavo, eso era lo que necesitaba. y
esta noche, cuando he vuelto a hacerlo, lo he hecho con orgullo. Sentía una vergüenza
extrema. El rostro me palpitaba.
¡Me gustó! susurré. Es decir, esta noche, cuando fuimos a la casa solariega, me gustó.
La temprana carrera descalzo por el pueblo me había enseñado que uno puede sentir
orgullo por trotar enjaezado de ese modo, en vez del otro. y quería satisfaceros. Me
complací en satisfaceros.
Apuré la copa y la bajé. Me sirvió más vino, y volvió a dejar la botella sobre la mesilla
sin apartar la vista.
Experimenté una sensación de caída libre. Me estaba abriendo con mis propias
confesiones co mo antes me habían abierto los falos.
Pero quizás ésa no sea toda la verdad seguí confesando, mirándolo con atención. Aun
que no hubiera dado ese paseo descalzo por el pueblo, seguramente me habrían gustado
de todos modos las guarniciones del tiro. y tal vez, a pesar de todo el dolor y miseria del
paseo descalzo por el pueblo, me gustó porque vos me conducíais y vos me observabais.
Sentí lástima por los esclavos que encontré a mi paso, a los que nadie parecía mirar.
En el pueblo siempre hay alguien mirando repuso él. Si os amarro a una pared en la
calle, y lo haré, siempre habrá quienes adviertan vuestra presencia. Los rufianes del
pueblo vendrán a atormentaros otra vez, agradecidos de encontrar un esclavo
desatendido al que poder torturar sin pagar por ello. Os azotarán y en menos de media
hora os dejarán en carne viva. Cuando un esclavo se queda solo siempre se entera
alguien, y viene a castigarlo. Y, como habéis dicho, es una forma de ruin encanto. Para
un esclavo bien adaptado, la más ordinaria fregona o el más miserable desholli nador
pueden tener un encanto demoledor si se dejan absorber por la disciplina. «Absorber», repetí en mi mente. La palabra era perfecta. |