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Antiguo 18-10-2011 , 09:20:04   #182
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Y... ¿con más precisión?
Que... que marchara con brío. Que recorriera el pueblo... de aquella manera... yo estaba
temblando. Quise sostener la copa con la otra mano intentando que pareciera un gesto
despreo cupado.
¿De que manera? insistió.
Enjaezado, amordazado.
¿Sí...?
Atravesado por un falo y descalzo tragué saliva pero sin apartar la mirada de él.
¿Y qué es lo que quiero de vos ahora? preguntó.
Tuve que reflexionar por un momento.
No sé. Yo... Que conteste a vuestras preguntas.
Exactamente. Así que las contestaréis, completamente añadió en tono amable,
levantando ligeramente las cejas y con pasajes profunda mente descriptivos, sin ocultar
nada y sin engatu samientos. Me daréis respuestas largas. De hecho, prolongaréis las
respuestas hasta que yo plantee otra pregunta
Se estiró para alcanzar la botella y me llenó la copa.
Bebed todo el vino que os apetezca dijo, hay de sobras.
Gracias, señor murmuré yo, con la vista fija en la copa.
¡Eso está un poco mejor! dijo tomando nota de mi respuesta. Ahora, volvamos a em
pezar. Cuando visteis por primera vez el tiro de corceles y os disteis cuenta de que ibais
a formar parte de él, ¿qué se cruzó por vuestra mente? Per mitidme que os recuerde:
llevabais un grueso falo en el trasero con una buena cola de caballo sujeta a él. Luego
estaban las botas y el arnés. Os estáis sonrojando. ¿Qué pensasteis?
Que no podría soportarlo expliqué, sin atreverme a hacer una pausa, con voz trémula.
Que no podían obligarme a aquello. Que no lo conseguiría, que fallaría de algún modo.
Que no podían enjaezarme a un carruaje y obligarme a ti rar de él como un animal. y la
cola, parecía un adorno espantoso, un estigma. Me ardía el ros tro. Sorbí el vino pero él
continuaba en silencio, lo cual quería decir que yo tenía que seguir con la respuesta.
Creo que fue mejor cuando apreta ron los arneses y no pude escapar. Pero no hicisteis
ningún movimiento para escaparos antes de esto. Cuando os llevé a casa azotándoos por
la calle con la correa, estaba yo solo con vos, y entonces tampoco intentasteis sa lir
corriendo, ni siquiera cuando los rufianes del pueblo os fustigaron.
Oh, ¿de qué hubiera servido correr? pregunté consternado. ¡Me han enseñado ano
echarme a correr! Sólo hubiera servido para atar me con cuerdas a cualquier sitio y
golpearme, tal vez para azotarme la verga me detuve al oír mis propias palabras. O
quizá, sólo me hubieran atrapado para enjaezarme de nuevo y volver a trotar arrastrado
por los otros caballos. La mortifica ción hubiera sido mayor porque todos estarían al
corriente de mi miedo, sabrían que había perdido el control y que me encontraba allí a la
fuerza bebí de la copa y me aparté el pelo de los ojos.
No, ya que había que hacerlo, era mejor someterse; era algo ineludible, o sea que tenía
que aceptarlo.
Durante un segundo cerré los ojos con fuerza.
La vehemencia y el torrente de mis palabras me tenían asombrado.
Pero también os habían enseñado a somete ros a lord Stefan y sin embargo no lo
hicisteis replicó mi dueño.
¡Lo intenté! exploté. Pero lord Stefan...
¿Sí...?
El capitán lo describió correctamente balbucí. Mi voz sonaba frágil entonces. Las
palabras brotaban con demasiada precipitación. Antes había sido mi amante y en vez de
usar nuestra re lación íntima a su favor, como amo, permitió que ésta lo debilitara.
Qué exposición tan interesante. ¿Habló él con vos como estoy haciendo yo ahora
mismo?
¡No! ¡Nadie lo ha hecho nunca! me reí breve y secamente. Es decir, nunca me han per
mitido responder. Él me daba órdenes como cual quier noble del castillo. Me mandaba
ceremo niosamente pero no podía disimular su terrible estado de turbación. No se puede
expresar con palabras la excitación que le provocaba verme con una erección y
sometiéndome a sus deseos, pero aun así no era capaz de aguantarlo. Creo, bueno, a
veces creo que si el destino hubiera invertido nuestras posiciones, tal vez yo le hubiera
enseñado a hacerlo.

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