tía Rosa ( hermana de la mama de mi esposa ) . Tia Rosa, es una mujer de unos 58 años de edad, trigueña, delgada, de ojos chinitos, usa lentes, su cuerpo bastante singular, no tiene mucha cola, como les dije es delgada, pero con cinturita, tiene unos pechos bastante grandes para su complexión física (Herencia de su madre), está separada desde hace muchos años y solo vive con su hija, Carmencita, de 21 años, quien también ha heredado esos grandes y Ricos pechos. Hacia unos días que habíamos regresado a nuestra casa, después de una estancia más que agradable en la casa de mis suegros Les cuento, esta experiencia sucedió cierto día a raíz de unos dolores abdominales que sufrió Carmencita, los cuales la llevaron al hospital. Fui precisamente yo, quien las llevó al nosocomio, la ingresaron rápidamente a emergencias, mientras nos quedamos esperando noticias junto a tía Rosa en la sala de espera. Ya entrada la noche, salió un Doctor para avisarnos que quedaría ingresada, pues a pesar de que había desaparecido el dolor, Carmencita tendría que ser operada al día siguiente. Era ya muy tarde, por lo que decidí regresar a casa, con mucho pesar, pero no sin antes comprometerme con tía Rosita a cuidar a su hija la noche siguiente para que ella pudiese ir a descansar. Así regrese a la casa, rendido y con mucho sueño, por lo que se me hizo corto el resto de la noche, al igual que el día siguiente, sentí que el tiempo transcurrió muy rápido, por supuesto estuve al tanto de la salud de Carmencita, dándome cuenta que la habían operado por la tarde y que todo había salido bien, ya estaba en su habitación, recuperándose. Al llegar la noche, regrese a la casa a cenar, y ya mi esposa me tenía preparada la maleta para que pudiera irme al hospital a cuidar a la enfermita, mientras su mama se iba a descansar, ya que llevaba 2 días prácticamente sin dormir, y no contábamos en ese momento con más ayuda, ya que mi suegra y su familia estaban fuera del país. Así, termine de cenar, me duché y salí rumbo al hospital solo con pants, tenis y camiseta. Al llegar, me dirigí con prisa hacia la habitación, al entrar pude ver que era bastante acogedora, tenia 2 camas, la de la paciente y una para el familiar que la acompañara, y ahí estaba Carmencita todavía sedada y su mama a la orilla de su cama, la saludé con un beso en la mejilla y comenzamos a platicar del diagnostico y de la operación, me dijo que probablemente no despertaría sino hasta el día siguiente, se le veía cansada, por lo cual le pedí que se fuera a su casa a descansar, que yo cuidaría de Carmencita toda la noche, y que llegara por la mañana, pero no quiso, fue imposible convencerla, dijo que no se movería de ahí, pero que me agradecía si me quedaba para poder descansar ella en la cama de al lado, mientras yo veía a su hija, pero que por ningún motivo se iría, quería estar ahí cuando despertara. Entendiendo su sentir acepte con gusto, por lo que me acomode en la silla al lado de la cama, mientras ella bajaba a cenar. Cuando me quede solo con Carmencita, la vi detenidamente, su rostro estaba algo pálido y su boca reseca, no pude evitar bajar mi mirada hasta sus enormes y ricos cocos cubiertos solo por su bata y una frazada. Quise en ese momento ver más, pero me contuve, no era el lugar, ni el momento, así que me senté y esperé hasta que llegara tía Rosa, quien por cierto no tardo mucho. Cuando entró me dijo que se iba a duchar para cambiarse de ropa y descansar mucho mejor. Mientras ella estaba en el baño, los pensamientos de ver un poco mas bajo la ropa de Carmen me seguían atacando, pero no podía, mejor dicho no debía. Estaba desesperado, no sabía qué hacer, cuando de repente tocan a la puerta, era la enfermera que llegaba a suministrar más suero a la paciente. Se tardo lo suficiente para que tía Rosa saliera del baño. Llevaba puesta una bata de esas que usan en el hospital que son solo de amarrar, le quedaba bastante corta, diría 6 o 7 dedos arriba de la rodilla, me imagino que la usaba porque no había llevado ropa para cambiarse. El verla con esa bata hizo que me olvidara de su hija y comenzara a admirar sus atributos, esos grandes pechos que ya en ese momento lucia sin sostén, y que se veían deliciosos pegándose a la tela, y queriendo escapar por ese amplio escote, así mismo esas piernas algo delgadas, no tan firmes, pero si muy atractivas que mostraba al caminar. Ella platicaba con la enfermera, mientras yo veía sus nalgas, que también se pegaban a la bata me imagino que porque no traía calzón.