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Antiguo 05-10-2011 , 09:34:36   #169
†-KiNg-†
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Predeterminado Respuesta: hablemos rotten !

Bueno como mas de 40 se deleitaron leyendolo aunq solo 4 nos regalaron comentarios, seguimos con el relato de las chicas Kalashnikov, del 4 - 7

Chicas Kaláshnikov 4-7

a) Marta se pincha las venas y muchas voces brillantes le hablan todo el tiempo. En uno de esos delirios, escucha: en este país puedes matar a quien quieras, al cabo no pasa nada; anda, agarra el cuerno de chivo y escoge.

b) Marta lleva días en busca de una oportunidad. “Quiero ser sicaria”, les dice a sus jefes y uno de ellos le advierte: “En este jale sólo hay dos cosas seguras: no debes confiar en nadie y tú también serás asesinada”. Ella lo va a pensar mejor.

c) Marta se entera de que su padre ha muerto por un infarto y en vez de ir al funeral, va a la casa y le roba dinero a su mamá. Sabe que, tarde o temprano, cerrará la carpintería que forjaron sus padres, que se acabará la clase media y que ella no tendrá cómo comprar la droga. Chingue a su madre, qué tanto es tantito. “Jefe: le quiero jalar al fogón”. “Primero acompaña a la clica y luego vemos”. Marta ha estado esperando ese día, y ese día ha llegado.

d) Marta y un grupo de pistoleros levantan a una soplona en el centro de Ciudad Juárez. Quienes vieron cómo arrastraron a la vieja de las greñas y cómo la treparon a un camionetón bárbaro olvidarán pronto el crimen, porque Juárez, y todo México, no sólo se borra la vida, también la memoria, y quienes recuerdan no salen vivos de la historia.

e) Marta azuza a sus amigos con una voz cargada de entusiasmo: “¡Hay que quemarla!”. La soplona va amordazada y la música sale a chorros por la ventana.

f) Marta escucha al jefe del escuadrón de la muerte: “¿Quieres quebrarla, morra?”. “Simón, no hay pedo”, contesta e infla el pecho como un gallo. Ella sabe, como se lo dijo un chamán, que los asesinatos son meras compensaciones para equilibrar al universo.

g) Marta va a matar a la soplona, pero tiene un dilema: ¿martillo o la nueve milímetros?

h) Marta escoge el martillo y le rompe la cabeza a la vieja. Luego mira a su jefe como quien se quita un peso de encima.

i) Marta siente chingón, sabe lo que es la adrenalina.

j) Marta me explica: “Tu primera muerte es como tu primera cogida, no la olvidas. Y hasta ese momento es cuando sabes si sientes culpa o no, y como yo no sentí ni madres, le agradecí a la Santa Muerte haberme permitido matar a esa pinche soplona”.

k) Marta no tenía nada personal en contra de la narcomenudista. Ni siquiera la conocía. Tampoco le vio la cara. “Cuando matas no tienes que ver al difunto, porque se te queda y puedes volverte loco”.

l) Marta quiere recalcar algo antes de continuar: la Santa Muerte es su guía. Dice que esa calavera de dentadura maltrecha se lleva a ricos y pobres por igual, y que por eso cree en ella. Ahorita le tiene prendida una veladora negra porque necesita fuerza y poder. Después le pondrá una amarilla, para la buena suerte.

m) Marta me enseña a la Santa, tatuada en su espalda como una barda publicitaria.

n) Marta tiene que ir a la celda de enfrente. Está enganchada a la cocaína y necesita esnifar su dosis del almuerzo. Ese hábito se está llevando lo mejor de ella.

CINCO
Llegas a aquella pira de llantas y lo primero que ves incendiándose es la cabeza de tu hermano. Quienes lo asesinaron no se han conformado con decapitarlo. Entonces terminas empotrada a la tierra y lloras como si quisieras llorarle para siempre. Tú se lo advertiste: “No te metas, estás muy morro y las armas las maneja el Diablo”. “Pero tengo güevos”, te contestó. “Aquí no hay que tener güevos, sino odio por la gente”, le dijiste, y a él le importó un carajo tu consejo. Ahora está muerto, partido en dos, y tú acordándote, sabe por qué, de aquella narcomenudista, la que mataste para graduarte como sicaria. Fue cuando tenías veintiún años. Acuérdate, Yaretzi. Fue el mero día de las madres. Desde que la viste treparse a su carro la querías matar. Esa vieja fue la que anduvo diciendo en el barrio que tú eras una puta y todos, hasta tu marido, le creyeron. Ella, siempre lo dices, arruinó tu vida. Si un día hasta te aventó a la policía. Y mira lo que fueron las cosas: te ordenaron matarla. La vieja ya había sido advertida que no vendiera drogas del otro cártel, y aun así se arriesgó. Tú sólo cumpliste órdenes.
Yaretzi se anima de repente e imita el sonido del cuerno. Tatatatatatá. La narcomenudista vuelve a ser cosida a balazos esta tarde de diciembre, y Yaretzi me dice que todavía hoy sueña con la vieja.
—¿Y cómo la sueñas?

—Sin ojos, gritando que ojalá me muera. Pero otras veces me suplica la cabrona, me dice que la mate rápido, con el cuerno, así como la quebré.

Los siguientes minutos, Yaretzi hablará de sus alucinaciones. Ora alguien la jala del cuello. Ora la pavón negra que le regaló su hermano cobra vida y le ordena matar al padrastro. “Cuando estés disparándole le recuerdas al cabrón que la hija que tienes es suya”. Ora le mueven las cosas de su celda. Y ora una voz, que parece barritar, se le sube a los oídos. “Ésos han de ser los gritos del último hombre que maté a balazos”.

SEIS
En menos de una hora, la Güera habló de muchas cosas: de la camioneta 4×4 en la que anda por Juárez como si fuera un tiburón con el hocico abierto. De lo barata y pura que es la droga en Chihuahua. Que los desaparecidos son tantos y por eso todas las cifras son conjeturas. “50n un (h¡in60 105 mu3r705 qu3 y4 n0 (4b3n 3n 105 núm3r05″, dijo y casi se oyó cómo cambiaba las letras por números. Dio a entender que la violencia creció a la par de los gobernantes corruptos. Habló del día que su primo mató a la novia a golpes, de los sicarios que van al hospital a visitar pacientes heridos para terminar su trabajo, del tío que es cantante y de las ganas que tenía ella de ser actriz. También dijo que los mil dólares que el cártel le paga al mes los invierte en cosméticos, ropa y tangas.

—Poca plata para mucho riesgo —le dije cuando terminó su perorata didáctica.

—Sí, pero mi novio me compra todo.

—¿Es narco?

—Comandante, pero es lo mismo.

—¿Y qué es lo mejor que te ha comprado?

—Las chichis. Se miran bien, ¿no?

La Güera se tocó los senos. No pude contradecirla.

—¿Cuando te miras al espejo, a quién ves?

Ella se recogió el pelo, torció la boca y ya luego contestó:

—Haces preguntas bien raras.

Segundos después, el mesero trajo los cortes de carne y la Güera comió como si hubiera recién bajado de la luna. Se dio tiempo, eso sí, para enumerar a la clase de gente que ha seducido para luego entregarla a los sicarios que no perdonan nada. En su mayoría eran encargados de las plazas.

—No entiendo —le dije—, ¿cómo le haces para que no te identifiquen? Has de ser una mujer muy mencionada entre la malindranada.

—Siempre cae uno. Acuérdate que los hombres piensan con el pene.

Entonces la Güera agarró su bolso Ed Hardy y se marchó. Por eso no volverá a aparecer en esta historia.

Se fue caminando con la seguridad de las cabras en el monte.

SIETE
Chihuahua es una de las siete maravillas del mundo moderno. Y si no, debería serlo: es un bife bien cocido de casi 248 mil kilómetros cuadrados en el que no para de escurrir la sangre. Cada día, desde diciembre de 2006, siete personas son asesinadas; tres o cuatro de ellas, según el humor de los narcos, ocurren en Ciudad Juárez. La nota roja ha caído en frases sin sujeto por verbos y predicados muertos. El periodista Charles Bowden dice que en Chihuahua “la gente puede convivir con los asesinatos y saber que las personas desaparecen a plena luz del día y seguir tan campante diciendo: bueno, eran malas personas”. En Chihuahua la violencia arrecia. Tin Tan se debe estar revolcando en su tumba por ver a su tierra adoptiva convertida en una máquina de la muerte.

Pero ya me desvié. Yo vine aquí a contarles sobre las chicas Kaláshnikov.



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†-KiNg-†
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