Pero, poco a poco, cayó en la cuenta de que no había nadie rondando por los
alrededores. Estaba a solas con los esclavos que dormían, y frente a ella vio tumbado a
un apuesto príncipe pelirrojo que la miraba con la mano en la mejilla.
Era el príncipe que había visto la noche anterior sentado sobre el regazo del soldado,
besándolo. Él le sonrió y le lanzó un beso con la mano de recha.
¿Qué os ha hecho la señora Lockley esta mañana susurró el esclavo.
Bella se sonrojó.
El príncipe estiró el brazo para cubrirle la mano.
Tranquila, no pasa nada le susurró.
Nos encanta ir al establecimiento de castigos le comentó, riéndose entre dientes.
¿Cuánto tiempo lleváis aquí? preguntó Bella. Era más guapo incluso que el príncipe Ro
ger. En el castillo no había visto a ningún esclavo tan aristocrático. Los rasgos de su
rostro eran fuertes, como los de Tristán, aunque su constitu ción era más menuda y
juvenil.
Me mandaron del castillo hace un año. Soy el príncipe Richard. Estuve allí seis meses,
hasta que me declararon incorregible.
Pero ¿por qué erais tan malo? preguntó Bella. ¿Lo hacíais intencionadamente?
En absoluto respondió. Intentaba obedecer pero el pánico se apoderaba de mí y me es
capaba corriendo a un rincón. A veces no podía realizar las tareas, debido a la
vergüenza y la humillación que sentía. Era incapaz de dominarme, y apasionado, como
vos. Cada vez que me tocaba una pala, un pene o la mano de alguna dama en cantadora,
se desataba en mí una exhibición mor tificante de incontrolable placer. Pero no era
capaz de obedecer, así que me vendieron en la subasta para que mi estancia durante todo
un año aquí, en el pueblo, lograra disciplinarme.
¿Y ahora? preguntó Bella.
He avanzado mucho respondió él. He aprendido. y se lo debo a la señora Lockley. Si no
hubiera sido por ella, no sé qué hubiera sido de mí. La señora Lockley me maniató y
castigó, me enjaezó y sometió a una docena de trabajos forza dos antes de esperar algo
de mi voluntad. Una no che sí, otra no era azotado con la pala en el lugar de castigo
publico o me hacian correr en circulo alrededor del mayo. Me llevaban a alguna de las
tiendas públicas, donde me ataban y tenía que chupar todas las vergas que venían. Las
jovencitas se burlaban de mí y me perseguían. Normalmente pasaba el día colgado
debajo del signo del mesón y luego me ataban de pies y manos para recibir la tanda de
azotes diarios. Sólo después de cuatro semanas completas, me desataron y me ordenaron
encender el fuego y poner la mesa. Os aseguro que cubrí de besos las botas de la señora.
Comía
de la palma de su mano y lamía literalmente la co mida de sus dedos.
Bella asintió lentamente. Le sorprendió que el príncipe hubiera tardado tanto tiempo.
La adoro continuó él. Me estremece pen sar qué hubiera sido de mí si me hubiera
compra do alguien más indulgente.
Sí admitió Bella. La sangre afluyó de nue vo a su rostro, y la notaba también en las
nalgas.
Nunca pensé que podría permanecer quieto sobre de la barra del bar para recibir mis
azotes matinales explicaba él. Nunca creí que llegaría a ir desatado por las calles del
pueblo hasta el lugar de castigo público, o que ascendería los peldaños y me arrodillaría
sobre la plataforma gira toria sin necesidad de llevar grilletes. O que podrían enviarme
solo al cercano local de castigos al que hemos acudido esta mañana. Tampoco pensa ba
que sería capaz de dar placer a los soldados de la guarnición sin acobardarme o sin
demostrar pá nico al ser amarrado. Pero ahora puedo hacer todas esas cosas. Ya no hay
nada que no pueda so brellevar.
Hizo una pausa.
Vos también habéis aprendido todas estas cosas dijo a continuación. Me di cuenta
anoche y me he percatado hoy mismo. La señora Lockley os adora.
¿De veras? Bella experimentó un fuerte deseo que recorrió toda su pelvis. Oh, debéis
estar equivocado.
No, no me equivoco. No es fácil que un es clavo llame la atención de la señora Lockley.
Sin
embargo, rara vez aparta la vista de vos cuando es táis cerca.
El corazón de Bella se aceleraba silenciosamente en su pecho.
Escuchad, tengo algo terrible que deciros anunció el príncipe.
No hace falta que me lo expliquéis. Ya lo sé respondió Bella con voz susurrante. Ahora
que vuestro año en el pueblo llega a su fin, no podéis soportar la idea de regresar al
castillo.