Yo había levantado la cabeza y observaba aquellos ojos azules. Seguro que ella podía
detectar mi perplejidad. ¿Era posible que nos hicieran quedarnos aquí?
Oh, él puede buscar alguna buena excusa para conservaros explicó. Que necesitáis la
disciplina del pueblo, o quizá sólo baste con decir que por fin ha encontrado al esclavo
que deseaba. No es un lord pero es el cronista de la reina. Yo sentía un ardor creciente
en mi pecho, que palpitaba con la misma intensidad que el fuego que ardía lentamente
en mi verga. Pero Stefan nunca... ¡Aunque quizá Nicolás gozara de más apoyo que
Stefan!
«Por fin ha encontrado al esclavo que deseaba.» Las palabras se estrellaban en el
interior de mi cabeza.
Mi señora me dejó a solas en la pequeña estan cia con mis vertiginosos y sugestivos
pensamien tos y salió al estrecho y sombrío corredor. De sapareció escaleras arriba, con
la falda borgoña reluciente que pude atisbar entre las sombras tan sólo por un instante.