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Antiguo 03-10-2011 , 12:15:48   #159
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Oh, qué ciertas eran sus palabras, pensé. El rostro me escocía. Aquella temible e
inevitable sensación de desnudez descendió de nuevo sobre mí. Aún podía ver la tierra
revuelta ante las tien das del campamento, sentir las correas y oír los pasos y la
conversación de los soldados que avanzaban conmigo. «Sólo una tienda más, Tristán.»
O aquel saludo de todos los atardeceres, «Vamos, Tristán, es hora de nuestra pequeña
excursión por el campamento; así, así, mirad esto Gareth, qué pronto aprende este
jovencito. ¿Qué os dije yo, Geoffrey? Que en tres días podría prescindir de las
manillas.» y la forma en que a continuación me daban de comer de sus manos, me
limpiaban la boca casi con cariño, me daban palmaditas y me daban a beber cantidades
excesivas de vino, antes de llevarme al bosque a la hora en que oscurecía. Recordaba
sus penes, las discusiones sobre quién empezaba, y si era mejor por la boca o por el ano.
A veces uno de ellos se ponía delante y el otro detrás, y por lo visto el capitán nunca
estaba muy le jos, siempre observando sonriente. Así que me habían tomado cariño. No
había sido cosa de mi imaginación, como tampoco lo era el afecto que yo sentía por
ellos. Caí en la cuenta con una lenta e innegable comprensión.
Era uno de los príncipes más espléndidos, de modales más exquisitos de todos murmuró
el capitán con aquella voz que parecía surgir de su pecho, no de su boca. De repente
quise volver la cabeza y mirarlo, comprobar si seguía tan apuesto como entonces. La
breve ojeada que le eché mo mentos antes había sido demasiado rápida. Se lo
entregaron a lord Stefan como esclavo personal, con la bendición de la reina. Me
sorprende verlo aquí. En ese momento su voz insinuaba cierto enfado. Le dije a la reina
que yo personalmente había vencido toda su resistencia, hasta domarlo. Me levantó la
cabeza y la empujó a uno y otro lado. Comprendí, cada vez con más tensión, que
durante todo este rato yo había guardado un si lencio casi absoluto, esforzándome por
no emitir ningún sonido en su presencia; pero entonces estaba a punto de rendirme,
hasta que finalmente no pude controlarme. Solté un gemido grave, que al menos era
mejor que llorar.
¿Qué hicisteis? ¡Miradme! inquirió ¿Dis gustasteis a la reina? Yo respondí
negativamente con la cabeza pero sin mirarle a los ojos, todo mi cuerpo parecía hin
charse bajo las guarniciones.
¿Fue Stefan quien se ó?
Hice un gesto de asentimiento. Eché una rápi da mirada a sus ojos y aparté al instante la
vista, incapaz de soportarlo. Entre este hombre y yo existía un extraño vínculo. En
cambio esto era lo horrible de todo aquello, no existía ningún vínculo entre Stefan y yo.
Y había sido vuestro amante anteriormente, ¿no es cierto? insistió el capitán, que se
había acercado a hablarme al oído, aunque sabía que mi amo podía oírle a la perfección.
Años antes de que él viniera a vivir al reino.
Yo volví a asentir.
¿Y esa humillación era más de lo que po díais soportar? inquirió ¿Vos, que habíais
aprendido a abrir el culo a los soldados rasos?
¡No! grité desde detrás de la mordaza sacudiendo la cabeza con violencia. Sentía
martilla zos en las sienes. La lenta e ineludible comprensión que se había iniciado
momentos antes se tornaba cada vez más evidente.
La total frustración que sentía me hizo llorar.
Si al menos pudiera explicarme...
Pero el capitán agarró la pequeña anilla de plata del falo que me habían metido en la
boca y em pujó mi cabeza hacia atrás.
¿O tal vez preguntó el problema era que vuestro antiguo amante no tenía suficiente ca
rácter para dominaros?
Yo volví la vista y entonces lo miré directa mente a los ojos. Si se puede decir que
alguien era capaz de sonreír con aquella mordaza en la boca, yo sonreí. Me oí lanzar
lentamente un suspiro. y luego, a pesar de que él empujaba el falo con la mano, asentí
con la cabeza.
Su rostro era claro y hermoso, tal y como lo recordaba. Vi su figura corpulenta y
robusta al sol cuando cogió la fusta de la mano de mi amo.

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