Su ano era angosto, escabroso e indeciblemente delicioso.
Dio un pequeño respingo pero yo aún estaba bien lubricado y mi verga se deslizaba con
facili dad adelante y atrás. Atenacé con ambas manos su órgano y tiré hacia arriba de él
para que se arrodillara un poco con la cara aún apretada contra las almohadas. Entonces
galopé con fuerza sobre él, golpeando con mi vientre sus suaves y limpias nalgas
mientras le oía gemir, estirando su polla, cada vez más erecta, hasta que le oí gritar a
pleno pulmón y entonces descargué en su interior, al tiempo que su semen se derramaba
sobre mis dedos.
Esta vez, cuando me tumbé supe que iba a dormir. Mis nalgas hervían bajo mi cuerpo y
las ronchas me escocían detrás de las rodillas, pero estaba satisfecho, Alcé la vista al
cielo de satén verde de la cama y perdí lentamente todo conoci miento, Noté que él nos
cubría a los dos con la colcha y apagaba las velas, Entonces supe que su brazo estaba
sobre mi pecho, y después ya no fui consciente de nada más, excepto de que me su
mergía profundamente mientras el escozor de mis músculos y toda mi carne se
convertían en una sensación exquisita.