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Antiguo 21-09-2011 , 18:29:03   #130
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

La mano de la mujer abrió un frasco de vidrio rojo que había sobre el escritorio, el cual
pareció iluminarse por primera vez en el mismo momento en que yo advertí el objeto.
Los largos dedos de la dama recogieron una buena cantidad de crema del frasco y
seguidamente la mujer desapareció detrás de mí.
Sentí la frialdad de la masa de crema en con tacto con mi ano y experimenté la
sobrecogedora indefension que siempre me invadia cuando me tocaban y abrían aquella
parte. Con suavidad, no exenta de rapidez y destreza, me aplicó la húmeda sustancia que
extendió concienzudamente en el interior de la hendidura, y luego por el interior del ano
mientras yo hacía un gran esfuerzo por permanecer en silencio. Sentía la fría mirada
observadora de mi señor sobre mí; notaba las faldas de la señora contra mi piel.
La mujer cogió el más pequeño de los dos fa los del escritorio y lo deslizó con
brusquedad y firmeza dentro de mi cavidad. Yo me estremecí lleno de inquietud.
Chist... no os pongáis tan tenso me di jo. Haced fuerza hacia fuera con las caderas y
abríos a mí cuanto podáis. Sí, mucho mejor. No me digáis que nunca os midieron ni os
montaron sobre un falo en el castillo
Me saltaron las lágrimas. Unos violentos temblores se apoderaron de mis piernas al
sentir cómo se deslizaba el falo hacia dentro, con un tamaño y fuerza insoportables, y
mi ano se contraía con espasmos. Era como si para mí no hubiera existido otro tiempo,
no obstante cada época an terior había sido tan extenuante y mortificadora como ésta.
Es casi virginaldijo, casi un niño. A ver qué os parece esto y con la mano izquierda me
levantó el pecho hasta que me quedé otra vez de pie con las manos en la nuca, las
piernas temblo rosas y el falo impelido hacia arriba dentro de mi ano, con su mano
sujetándolo.
Mi señor fue a colocarse detrás de mí y percibí cómo meneaba el falo hacia delante y
atrás. Sentí cómo se agitaba en mí aun cuando él ya lo había dejado. Me sentía
atiborrado, empalado. y mi ano parecía una temblorosa boca excitada alrededor de aquel
artilugio.
¿A qué vienen todas estas dulces lágrimas? la señora se acercó más a mi cara y la
levantó con su mano izquierda. ¿Nunca antes os habían tomado las medidas? preguntó.
Hoy mismo encargaremos toda una colección para vos, con gran variedad de adornos y
arneses. Serán raras las ocasiones en las que dejemos vuestro ano desta ponado. y ahora,
mantened las piernas separadas.
Ya mi amo le dijo: Nicolás, pasadme el otro.
Con un repentino grito sofocado protesté lo mejor que podía en aquella situación. No
sopor taba la visión de aquella espesa masa negra de la cola de caballo. No obstante, la
miré fijamente mientras la levantaban. La mujer se limitó a reírse suavemente y
acariciarme otra vez la cara.
Calma, calma dijo con sinceridad. El falo más pequeño salió suavemente y con una
rapidez asombrosa, dejando mi ano sin nada a lo que afe rrarse, con una peculiar
sensación que me provo có nuevos escalofríos.
La señora me estaba aplicando más cantidad de aquella crema estremecedora, la
extendía fro tándola. esta vez más profundamente, obligándo me con sus dedos a
abrirme, mientras con la mano izquierda seguía manteniendo mi cara levantada.
En mi visión, la habitación se reducía a una combinación de luz y color. No distinguía a
mi amo, que estaba a mi espalda. y entonces sentí el falo de mayor tamaño que me abría
a la fuerza provocan do un quejido. Pero, una vez más, ella me dijo:
Empujad hacia atrás las caderas, abríos más. Abríos...

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