Ver Mensaje Individual
Antiguo 21-09-2011 , 18:26:17   #125
esquimala
Denunciante Novato
 
Avatar de esquimala
Me Gusta
Estadisticas
Mensajes: 249
Me Gusta Recibidos: 1
Me Gustas Dados: 0
Ingreso: 03 ago 2011

Temas Nominados a TDM
Temas Nominados Temas Nominados 0
Nominated Temas Ganadores: 0
Reputacion Poder de Credibilidad: 15
Puntos: 674
esquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacular
  
Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Aquí se estaba tranquilo. No oía otra cosa que el sonido de mis pies so bre los
adoquines y el ligero chasquido de las botas de mi amo a mi espalda. Caminaba muy
cerca de mí, tanto que casi notaba su roce contra las nal gas. y luego, con un sobresalto,
noté el fuerte im pacto de una gruesa correa y su voz baja cerca de mi oído: Levantad
esas rodillas y mantened la cabeza bien alta y echada hacia atrás. Me estiré
inmediatamente, alarmado ante la posibilidad de haber perdido parte de mi digni dad.
Mi miembro se irguió, pese a la fatiga que sentía en las pantorrillas.
Incomprensiblemente, volví a representarlo en mi mente, aquel joven rostro lampiño,
con el reluciente cabello blanco y la túnica de terciopelo de exquisita hechura.
La calle torcía, se estrechaba, se hacía un poco más oscura a medida que los
encumbrados tejados se proyectaban sobre nuestras cabezas. Me sonrojé al ver aun
joven con una mujer que venían hacia nosotros, resplandecientes, con sus ropas limpias
y almidonadas, y que me miraron de arriba abajo. Oí el eco de mi respiración fatigada
reverberando en los muros. Un hombre sentado en una banque ta a la puerta de una casa
levantó la vista. El cinto me golpeó de nuevo justo cuando la pareja pasaba a nuestra
altura y oí reírse al hombre para sus adentros y murmurar: Un esclavo hermoso y fuerte,
señor. Pero, ¿por qué intentaba marchar deprisa y mantener la cabeza alta? ¿Por qué me
encontraba otra vez atrapado en la misma angustia de siem pre? Bella parecía tan
rebelde cuando me hacía aquellas preguntas. Pensé en su sexo ardiente aferrándose a mi
verga con audacia. Aquellas imáge nes y la voz de mi amo instándome de nuevo a se
guir adelante me estaban haciendo enloquecer. Alto dijo de pronto y me agarró brusca
mente del brazo para que me volviera y le viera de cara. Contemplé de nuevo aquellos
grandes y ló bregos ojos azules con las pupilas negras, la larga y delicada boca sin señal
alguna de burla o severidad. Calle arriba aparecieron varias formas indefi nidas y sentí
una pavorosa sensación punzante al darme cuenta de que se detenían para observarnos
detenidamente.
No os habían enseñado a marchar anterior mente, ¿verdad? me preguntó levantándome
tanto la barbilla que gemí y tuve que aplicar toda mi voluntad para no forcejear. No me
atrevía a responder. Pues vais a aprender a marchar ante mí dijo y me obligó a ponerme
de rodillas de lante de él en medio de la calle. Tomó mi cara entre ambas manos, aunque
continuaba sosteniendo el cinto con la derecha, y luego la empujó hacia arriba.
Me sentí impotente y lleno de vergüenza al verme obligado a levantar la vista. Muy
cerca, oí los cuchicheos y risas de unos jóvenes. Mi amo me obligó a adelantarme hasta
tocar el bulto de su pene encerrado dentro de los pantalones. Enton ces mi boca se abrió
y ofrecí mis besos con fervor.
El miembro cobró vida bajo mis labios. Me daba cuenta de que mis propias caderas se
movían, aunque intentaba mantenerlas quietas. Todo mi cuer po temblaba y su verga
palpitaba como un cora zónn latente contra la prenda de seda. Entretanto, los tres
observadores se acercaban cada vez más. ¿Por qué obedecemos? ¿No es más fácil
obedecer? Estas preguntas me atormentaban. Y ahora, arriba, y avanzad deprisa cuando
os lo ordene. Levantad esas rodillas exigió. Yo me levanté y me di la vuelta, al tiempo
que el cin turón estallaba contra mis muslos. Los tres jóve nes se apartaron a un lado en
cuanto me puse en marcha pero su atención era evidente y me percaté de que eran
ordinarios porque llevaban burdas vestimentas. El cinto me alcanzó con golpes sor dos.
Yo era un príncipe desobediente humillado ante los patanes del pueblo, alguien a quien
podían castigar y divertirse.
Estaba empapado por el calor y la confusión, pero aun así dediqué todas mis fuerzas a
hacer lo que se me ordenaba, mientras la correa alcanzaba mis pantorrillas y la parte
posterior de mis rodi llas antes de pasar a zurrar con fuerza la curva inferior de mi
trasero.

esquimala no está en línea   Responder Citando
 
Page generated in 0,04825 seconds with 11 queries