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Antiguo 19-09-2011 , 22:40:42   #2
ROCKYOU♫♪
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Predeterminado Respuesta: de soldado a mujer


Foto: Kienyke
"Me violaron, pero después pagaron todos los que me hicieron daño"



-Me violaron, pero después pagaron todos los que me hicieron daño. Después de esa noche en que el soldado me cogió a la fuerza, un año después de la toma a Miraflores llegaron otros pidiendo lo mismo: sexo, y como yo no accedía me cogían a golpes, me mostraban el miembro y me obligaban hacer aquello...Pero yo no fui la única que me voltee en el monte, muchos se voltearon y ahora andan diciendo que yo era la única. Cómo no va a saber una que tenía que ver todas las faenas. Es que yo sí puse la cara y afronté mi vida.
Los diez primeros meses después de la violación, los compañeros le gritaban en el día que era una loca, una degenerada, un travesti o un marica. Los mismos que lo insultaban llegaban en las noches a buscar su cuerpo. Una docena de veces tuvo que recurrir a los puños para defenderse de los agresores. Le partieron una ceja. Desesperado por el acoso, llegó a suplicarle a los guerrilleros que lo encadenaran a un árbol lejos de todos. Inclusive pensó en suicidarse, pero no fue capaz porque sabía que no podía hacer eso por su hija.
-Allá vendí mi cuerpo por protección. Tenía un amiguito que me quería en la intimidad. Era de los pocos que me trataban bonito. Pero durante el día leía la Biblia, no me ponía cuidado y no me defendía de las groserías. Si me pegaban se quedaba tranquilo. Luego llegó un 'mancito' que todo el mundo respetaba y me pidió que estuviera con él. Yo sabía que si todo el mundo se daba cuenta de que yo estaba respaldada por el duro, me iban a tratar mejor. Así fue hasta que este tipo me vio hablando con otro soldado y me pegó un bofetón en la cara.
Ciro Velasco se acostumbró a ser la mujer de los secuestrados. Andaba con el pelo suelto, empezó a caminar contoneando las caderas y cada vez que la guerrilla le daba ropa al grupo, él cortaba las prendas con una cuchilla de afeitar para angostar las camisas y entubar los pantalones. Todos lo empezaron a llamar Sandra y a tratarla como mujer. Ella no sabe de dónde salió el nombre, pero lo sigue manteniendo como una forma de recordar para siempre su cambio de vida.

Foto: Kienyke
Las paredes están cubiertas de fotos de su hija Nancy, de dos hombres que fueron sus amantes, y de ella vestida con minifaldas en la época en que le tocó trabajar como prostituta en Yopal.



Medio año antes de su liberación, los soldados se disputaban el amor y la exclusividad de Sandra. Más de diez hombres, entre policías y soldados, le escribieron cartas, se le arrodillaron y lloraron reclamándole fidelidad. La ahora 'Ella' se convirtió en un trofeo para los hombres.
-Se enamoraron de mí. Por Dios Santísimo que rompí varios corazones. Ellos se me arrodillaban, me besaban con amor, me decían que me amaban con locura. Para ese momento ya no me importaban. Ellos no saben el daño que me hicieron pero logré vengarme. Bien merecido todo lo que los hice sufrir.
En 2001 salió en libertad con otros once soldados en un acuerdo humanitario efectuado en el gobierno de Andrés Pastrana. Ciro Velasco y los demás soldados salieron con el pelo corto. Sandra recuerda que días antes de la liberación le pidió a un guerrillero que lo peluqueara. No quería que su familia se enterara del cambió que había sufrido en el cautiverio. Lloró sobre su cabello arrancado y pensó que sin el pelo las cosas cambiarían. Intentó dejar atrás su vida como Sandra: enterrarla en el monte y regresar como el hombre que se fue.
Un beso le señaló que todo era diferente. Que quien estaba enterrado en el monte no era Sandra sino Ciro. Al sentir el contacto de los labios de la novia que lo esperó durante tres años, no sintió nada. Pensó que el amor se había acabado e intentó probar con otras mujeres. Ninguna lograba excitarlo. Terminó con la madre de su hija y se fue a vivir a la casa paterna.
Mientras vivía con su familia notó que sus gestos eran diferentes. En el comedor cruzaba las piernas como una señorita y medía cada bocado que se echaba a la boca. Sus tres hermanos, por el contrario, comían de cualquier manera, con las piernas abiertas y sendos cucharones. Su madre empezó a pensar que había algo extraño en el hijo liberado.

Foto: Kienyke
En esta foto se aprecia a Sandra antes de convertirse en un transexual y cuando era conocida como el soldado Ciro Velasco



Para no seguir levantando sospechas en la familia, Ciro se tatuó un nombre de mujer en el antebrazo, 'Luzmery'. Siempre andaba con el tatuaje descubierto para contar que estaba enamorado de una novia que nadie conoció. Viendo que los temores sobre su sexualidad se agudizaban en el hogar, resolvió marcharse y dejar salir de su interior a la mujer que clamaba por salir.
Se fue a vivir a una habitación arrendada en la localidad de Bosa. Sin el menor recato empezó a maquillarse. Le gustaba quedarse frente al espejo aplicándose labiales, lápices, sombras. Eso primeros días de Sandra en la ciudad fueron como los de una preadolescente que está empezando a vivir. Iba a las tiendas de ropa de Chapinero para medirse pantalones, blusas, chaquetas. Cuando empezó a ganar dinero trabajando como 'dama de compañía' en un local de Teusaquillo, lo primero que compró fue un juego de ropa interior color rojo. Para dar una apariencia femenina, rellenaba los sostenes con medias. En más de una ocasión los clientes se quedaron con el relleno en la mano
Para no seguir perdiendo medias en sus salidas nocturnas, Sandra recurrió a una amiga travesti para que le consiguiera tres litros de un líquido que reemplaza los implantes de silicona. Pagó 400.000 por cada litro. Se inyectó dos en los senos y uno en el trasero. Gracias a estos cambios, los clientes empezaron a pagar mejor. Se convirtió en una de las divas del lugar, en una de las mejor pagas. Más adelante trabajó en un club nocturno en Chapinero y luego viajó a Yopal, Casanare, para seguir explotando sus atributos.
Hace cuatro años, mientras descansaba de la rumba, recibió una llamada a su celular. Era la mamá de Nancy, la hija de los dos. Su voz era apagada y lejana. Le dijo que se estaba muriendo. Sandra le quería preguntar detalles de la enfermedad, pero la mujer solo le dijo que no tenía tiempo para hablar de eso. La llamada era para suplicarle que a su muerte, Sandra se hiciera cargo de la niña, porque a pesar de la decepción que le causó enterarse que su novio era travesti, podía ser una buena madre para Nancy. Le recomendó que luchara por la niña, que la sacara adelante y que viviera con ella. Sandra se puso a llorar.
El entierro fue en La Belleza, Santander. No alcanzó a llegar a despedirse de la única mujer de la que se enamoró. Días más tarde visitó el pueblo. Mientras caminaba por las calles, la seguía una procesión de más de medio centenar de personas que apostaban por adivinar su identidad. No le importó lo que murmuraban .Fue directo a la casa de su exsuegra y golpeó tres veces a la puerta. Estaba cansada de las aventuras nocturnas, el licor y el baile. Su prioridad era su hija, con quien regresó a Bogotá. Llevan cuatro años viviendo juntas sin que el recuerdo de las infernales noches de secuestro la abandonen.

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