Ver Mensaje Individual
Antiguo 12-09-2011 , 09:50:28   #99
esquimala
Denunciante Novato
 
Avatar de esquimala
Me Gusta
Estadisticas
Mensajes: 249
Me Gusta Recibidos: 1
Me Gustas Dados: 0
Ingreso: 03 ago 2011

Temas Nominados a TDM
Temas Nominados Temas Nominados 0
Nominated Temas Ganadores: 0
Reputacion Poder de Credibilidad: 15
Puntos: 674
esquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacular
  
Predeterminado El castigo de la Bella Durmiente

Es la segunda parte de "Las aventuras de bella".

RESUMEN DE LO ACONTECIDO
Tras cien años de sueño profundo, la Bella Durmiente abrió los ojos al recibir el beso
del príncipe. Se despertó completamente desnuda y sometida en cuerpo y alma a la
voluntad de su libertador, el príncipe, quien la reclamó de inme diato como esclava y la
llevó a su reino.
De este modo, con el consentimiento de sus agradecidos padres y ofuscada por el deseo
que le inspiraba el joven heredero, Bella fue llevada a la corte de la reina Eleanor, la
madre del príncipe, para prestar vasallaje como una más entre los cientos de princesas y
príncipes desnudos que servían de juguetes en la corte hasta el momento en que eran
premiados con el regreso a sus reinos de origen.
Deslumbrada por los rigores de las salas de adiestramiento y de castigos, la severa
prueba del sendero para caballos y también gracias a su creciente voluntad de
complacer, Bella se convirtió en la favorita del príncipe y, ocasionalmente, también
servía a su ama, lady Juliana.
No obstante, no podía cerrar los ojos al deseo secreto y prohibido que le suscitaba el
exquisito esclavo de la reina, el príncipe Alexi, y más tarde el esclavo desobediente, el
príncipe Tristán.
Tras vislumbrar por un instante al príncipe
Tristán entre los proscritos del castillo, Bella, en un momento de sublevación
aparentemente inex plicable, se condenó al mismo castigo destinado para Tristán: la
expulsión de la voluptuosa corte y la humillación de los arduos trabajos en el pueblo
cercano.
En el momento de retomar nuestra historia, acaban de subir a Bella en el mismo
carretón don de van a trasladar al príncipe Tristán y a los otros esclavos condenados por
el largo camino hasta la tarima de subastas del mercado del pueblo.
LOS PENADOS
El lucero del alba se desvanecía en el cielo violeta cuando la gran carreta de madera,
abarrota da de esclavos desnudos, cruzaba lentamente el puente levadizo del castillo.
Los blancos caballos de tiro avanzaron pesadamente hasta tomar la ser penteante
calzada que conducía al pueblo, mien tras los soldados mantenían sus monturas muy
cerca de las altas ruedas de madera, para así alcanzar más fácilmente con sus correas las
piernas y nalgas desnudas de los sollozantes príncipes y princesas.
El grupo de cautivos se apiñaba frenéticamen te sobre las ásperas maderas de la carreta,
con las manos atadas detrás de la nuca, las bocas amordazadas y estiradas por las
pequeñas embocaduras de cuero y las enrojecidas nalgas y generosos pechos
temblorosos por el movimiento.
Algunos de ellos, movidos por la desespera ción, dirigían sus miradas hacia las altas
torres del castillo ensombrecido. Pero al parecer no había nadie despierto que pudiera
oír su llanto. En el interior de los muros permanecía un millar de escla vos obedientes
que dormían sobre los cómodos lechos de la sala de esclavos o en las suntuosas alcobas
de sus amos y señoras, indiferentes a la suerte de sus díscolos compañeros que en aquel
mismo instante se alejaban en la carreta bambo leante, de altas barandas, en dirección a
la subasta del pueblo.
El jefe de la patrulla sonrió para sus adentros cuando vio que la princesa Bella, la
esclava más querida del príncipe de la Corona, se arrimaba a la alta y musculosa figura
del príncipe Tristán. Bella había sido la última incorporación a la carreta, y qué
preciosidad, se dijo él al observar aquel largo y liso cabello dorado y suelto sobre la
espalda, y la boquita que se esforzaba por besar a Tristán pese a la embocadura de cuero
que la amordazaba. Se preguntaba cómo podría consolarla el desobe diente Tristán, que
tenía las manos atadas a la nuca tan firmemente como todos los demás esclavos
penados.
El jefe no sabía si impedir este contacto ilícito. Bastaría simplemente con apartar a Bella
del grupo, doblarla con las piernas separadas sobre la va lla de la carreta y azotar su
mórbido y desobe diente sexo con el cinto. Quizá debiera hacer bajar a Tristán y Bella
de la carreta y azotarlos con el lá tigo mientras andaban detrás del carro. Sería una
buena lección para castigar aquella insolencia. Pero lo cierto era que el jefe sentía cierta
compasión por los esclavos condenados, incluso por los traviesos Bella y Tristán, pese a
lo consentidos que eran. Además, al mediodía todos habrían sido vendidos en la subasta
del mercado. Tendrían tiempo de sobra para aprender a someterse duran te los largos
meses de verano en los que prestarían vasallaje en el pueblo.
El jefe de patrulla, que cabalgaba en ese mo mento a la altura del carretón, alcanzó con
su cinto a otra apetecible princesita castigando los rosados labios púbicos que asomaban
entre el nido de satinados rizos negros. A continuación empleó la correa lanzándola con
toda su fuerza contra un príncipe de largas extremidades que, galantemen te, intentó
cubrirla.
Nobleza incluso en la adversidad, se rió el jefe de la patrulla para sus adentros y, con la
correa, le dio al príncipe esclavo justo lo que se merecía, dis frutando aún más al
descubrir el miembro endu recido del príncipe que se contorsionaba de dolor.
Tuvo que admitir que se trataba de un grupo bien adiestrado. Las encantadoras princesas
mos traban sus pezones erectos y rostros sonrojados, y los príncipes se esforzaban por
cubrir sus penes tumefactos. Por mucha lástima que le inspiraran, no pudo evitar pensar
en cuánto iban a disfrutar los del pueblo.
Durante todo el año, los lugareños ahorraban cuanto podían para el día en que, por unas
cuantas monedas, podían adquirir un esclavo altivo, un príncipe elegido para servir,
adiestrado y preparado para la corte, que entonces durante todo el verano debía
obedecer a cualquier humilde sirvienta
o mozo de cuadra que pujara lo suficiente en la su basta pública. y esta vez formaban un
grupo realmente ten tador. Sus cuerpos bien formados aún exudaban fragancias de
exquisitos perfumes, el vello púbico aún peinado e impregnado de aceites, como si fue
ran a ser presentados a la propia reina en vez de ante un millar de aldeanos impacientes
que los de vorarían con sus miradas lascivas. En el mercado les esperaban remendones,
posaderos y comer ciantes que a cambio de su dinero estaban decidi dos a exigir
trabajos forzados además de atractivo físico y la humildad más abyecta.
El carromato sacudía su carga de esclavos sollozantes, que se desplomaban unos sobre
otros.

esquimala no está en línea   Responder Citando
 
Page generated in 0,06889 seconds with 11 queries