Respuesta: Los olvidados de la patria. Se declaran a sí mismos “olvidados” por la sociedad y el Estado y dicen que no es justo que, en un país en el que no solo cientos de miles de víctimas, sino hasta guerrilleros desmovilizados reciben toda clase de ayudas y reparaciones, a ellos no se les reconozca ningún beneficio. “El 24 de agosto fuimos con un compañero a Acción Social a ver en qué iba nuestro proceso (para reclamar reparación administrativa) –cuenta uno de ellos– y nos encontramos con uno de los guerrilleros que nos cuidaba, que estaba recibiendo un cheque de 15 millones de pesos, y a nosotros hasta hoy no nos han entregado nada”.
El caso del asesinato del soldado Domínguez volvió a poner en primer plano el drama de su situación. Igual sucedió hace unos años con Tito Velásquez, que vivía como indigente. Tito sigue en las mismas. Y Gabriel Emiro Aponte, otro liberado, pasa también sus días como indigente, en el centro de Bogotá. “Me lo encontré una vez, llevado. Tenía la mano deforme, porque le cortaron los tendones en una pelea”, cuenta uno de sus compañeros. Estos casos extremos, que despiertan la inmediata atención de los medios, son la excepción, pero hacen recordar de golpe al país la lamentable situación que vive un grupo de hombres que puso el pecho, por voluntad o por obligación, en el conflicto armado del lado de las instituciones y que, después de padecer el infierno del secuestro, regresó a la libertad para ser recibido por un Estado que no le ofreció mucho más que un discurso presidencial.
Como dijo Yobany Ardila al término de una larga conversación con SEMANA: “Uno sale con ganas de comerse al mundo y el mundo se lo come a uno”.
Fuente: Semana.com
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