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Antiguo 01-09-2011 , 11:00:24   #94
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

—¡Una más! —gritó lord Gregory al capitán de la guardia. Bella oyó cómo los gritos de los esclavos subían de volumen.
Unas manos fuertes la levantaron y sus piernas se quedaron colgadas en el aire.
—De acuerdo, princesita —rió el capitán mientras la situaba en el carro. Bella sintió la áspera madera debajo de los pies mientras forcejeaba por mantener el equilibrio. Por un instante, echó una ojeada hacia atrás y vio el rostro surcado de lágrimas de lady Juliana. «Vaya, está llorando de verdad», pensó Bella llena de asombro.
Mucho más arriba, de repente, descubrió al príncipe y a lord Stefan en la única ventana del castillo que estaba iluminada por una antorcha. Le pareció que el príncipe vio cómo levantaba la vista.
Los esclavos que estaban a su alrededor, al descubrir también la ventana, alzaron un coro de vanas súplicas. El príncipe se dio la vuelta patéticamente, al igual que lord Stefan había vuelto la espalda a los cautivos poco antes.
Bella sintió que el carro empezaba a moverse. Las grandes ruedas crujieron y los cascos de los caballos repicaron en las piedras. A su alrededor, los frenéticos esclavos daban tumbos unos contra otros.
Miró ante ella y casi de inmediato vio los serenos ojos azules del príncipe Tristán, que iba hacia ella.
Bella también avanzaba hacia él, abriéndose paso entre los esclavos que se encogían y se retorcían para evitar la vigorosa paliza de los guardianes que cabalgaban junto a ellos. Bella sintió el corte profundo de una correa que la alcanzó en la pantorrilla, pero el príncipe Tristán ya había conseguido atraerla hacia sí.
La princesa apretó fuertemente sus senos contra aquel cálido pecho y apoyó la mejilla en su hombro. El grueso y rígido órgano de Tristán se movía entre sus muslos húmedos y le frotaba el sexo con brusquedad. Bella, luchando por no caerse, se montó sobre el miembro erecto y sintió cómo se introducía suavemente en ella. Pensó en el pueblo, en la subasta que pronto iba a empezar, y en todos los terrores que la esperaban. Pero cuando pensó en su querido y frustrado príncipe y en la pobre y afligida lady Juliana volvió a sonreír.
El príncipe Tristán irrumpió en su mente. Parecía que se esforzaba con todo su cuerpo por penetrarla y estrecharla hacia él.
Incluso entre los gritos de los otros, y a pesar de la mordaza, oyó su susurro:
—Bella, ¿estáis asustada?
—¡No! —sacudió la cabeza. Bella apretó su boca torturada contra la de él y, mientras la levantaba con sus embestidas, sintió el corazón de Tristán que palpitaba violentamente pegado al suyo.

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