Ver Mensaje Individual
Antiguo 29-08-2011 , 10:39:58   #66
esquimala
Denunciante Novato
 
Avatar de esquimala
Me Gusta
Estadisticas
Mensajes: 249
Me Gusta Recibidos: 1
Me Gustas Dados: 0
Ingreso: 03 ago 2011

Temas Nominados a TDM
Temas Nominados Temas Nominados 0
Nominated Temas Ganadores: 0
Reputacion Poder de Credibilidad: 15
Puntos: 674
esquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacular
  
Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

La reina empujó suavemente a Bella hacia los brazos de lady Juliana, quien se puso de pie levantándola en su abrazo, presionando con las manos sus nalgas inflamadas.
Los brazos de lady Juliana eran suaves y sus labios le hacían cosquillas, la acariciaban. Bella sintió sus propios senos contra el pecho voluminoso de lady Juliana y luego pareció perder toda conciencia de su propio peso y su sentido del equilibrio.
Flotaba en los brazos de lady Juliana. Notaba la delicada tela del vestido de la dama y, debajo de éste, sus pechos redondos.
—Oh, dulce y pequeña Bella, mi Bella. Sois tan buena, tan, tan buena —susurró. Los labios de lady Juliana abrieron los de Bella, y su lengua tocó el interior de la boca de la princesa mientras sus dedos estrujaban con más ahínco las nalgas de Bella, cuyo sexo húmedo estaba pegado al vestido de la dama. Entonces sintió el montículo duro del sexo de lady Juliana.
—Bendita Bella, oh, me amáis, ¿no es cierto? Yo os deseo apasionadamente.
Bella no pudo evitar abrazarse a lady Juliana. Sentía la picazón de aquellas trenzas rubias, pero la piel de la dama era tierna y blanda, y sus labios fuertes y sedosos. Relamían la boca de Bella, sus labios hinchados, mientras los dientes la mordisqueaban aquí y allí como si estuvieran degustándola.
Entonces Bella miró a los ojos de lady Juliana, tan grandes e inocentes y llenos de tierna inquietud. Bella gimió y apoyó su mejilla en la de su señora.
—Es suficiente —dijo la reina con tono cortante.


Lenta, muy lentamente, Bella sintió que la liberaban. Alguien la obligaba a agacharse, y se dejó caer lánguidamente, hasta quedarse sentada en el suelo, apoyada sobre sus talones, con las piernas ligeramente separadas; para ella su sexo no era más que anhelo y dolor.
Inclinó la cabeza. Por encima de todo temía que este placer creciente escapara a su control. Estaba a punto de avergonzarse, de resollar, de agitarse con él, pues se sentía incapaz de ocultarlo a los demás. Así que separó las piernas y sintió que su pubis se abría y cerraba como una pequeña boca hambrienta desesperada por obtener satisfacción.
No obstante, no le importaba. Sabía que no había alivio para ella.
Le bastaba sentir la áspera lana de la alfombra contra sus nalgas doloridas, escocidas. Toda la vida parecía reducirse únicamente a las degradaciones del placer y el dolor. Le parecía que sus pechos llevaban un peso en el extremo. Dejó caer su cabeza a un lado y le invadió una gran oleada de relajación. ¿Qué más podría hacerle con sus juegos? Había dejado de importarle. «Hacedlo», pensó, y sus ojos se fundieron en lágrimas convirtiendo la luz de la antorcha en un fulgor molesto.
Alzó la mirada.
Lady Juliana y la reina estaban de pie. El brazo de la reina rodeaba el hombro de lady Juliana, que estaba a su lado. Ambas la miraban mientras lady Juliana se deshacía las trenzas y los pequeños capullos de rosa caían libres a sus pies sin que les prestara atención.
Aquel momento pareció prolongarse eternamente.
Bella volvió a incorporarse sobre sus rodillas, se movió hacia delante silenciosamente, se inclinó con gran delicadeza, y recogió uno de los pequeños capullos con los dientes y levantó la cabeza para ofrecérselo a ambas.
Sintió que le cogían la rosa, y luego los tranquilos y fríos besos de ambas mujeres se posaron en ella.
—Muy bien, querida mía —la felicitó la reina dando la primera muestra de verdadero afecto hacia ella.
Bella posó sus labios contra las pantuflas de su majestad.
En medio de su somnolencia oyó que la reina ordenaba a los pajes que se la llevaran y la encadenaran hasta la mañana siguiente a la pared del vestidor que había allí al lado.
—Extendedla, mantenedla con los miembros bien estirados.
Bella supo entonces, con una dulce desesperación, que aquel ansia que sentía entre sus piernas tardaría mucho en abandonarla.

esquimala no está en línea   Responder Citando
 
Page generated in 0,04897 seconds with 11 queries