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Antiguo 26-08-2011 , 09:18:38   #63
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

—Y bien, respondedme —requirió la reina con sus labios rojos, y llevó su dedo a la boca de Bella tirándole del labio inferior—. Contestadme.
—Con... fuerza... mucha fuerza... mi reina... —dijo Bella dócilmente.
—Bien, sí, quizá para unas nalguitas tan puras. Pero hicisteis sonreír al príncipe Alexi con vuestra inocencia.
Bella se volvió como si la hubieran invitado a hacerlo, pero cuando lo miró fijamente, éste no sonreía, más bien se limitaba a mirarla con la más extraña de las expresiones. Era al mismo tiempo remota y afectuosa. Entonces, él miró a la reina sin prisa ni temor y sus labios esbozaron una sonrisa, como si eso fuera lo que ella quería de él.
Pero la reina volvió a ladear la cabeza de Bella hacia atrás y la besó. El oscuro y perfumado cabello ondulado cayó a su alrededor, y, por primera vez, Bella sintió la blanca piel aterciopelada del rostro de la soberana, sus pechos apretados contra ella.
Las caderas de Bella se agitaban rítmicamente hacia delante, empezó a jadear, pero justo antes de que esta sacudida que penetraba su sexo húmedo y palpitante fuera demasiado para ella, la reina se retiró y se apartó sonriente.
Cogió los muslos de Bella, que tenía las piernas abiertas, aunque lo que el pequeño sexo hambriento deseaba más que nada en el mundo era que las piernas se comprimieran contra él.
El placer se calmó ligeramente tornándose de nuevo en el gran ritmo interminable del anhelo.
Bella gimió, sus cejas se fruncieron, y de repente la reina la apartó de nuevo, abofeteándola en la cara con tal fuerza que Bella no pudo impedir soltar un grito.
—Mi reina, es tan joven y tierna —dijo el príncipe Alexi.
—No pongáis a prueba mi paciencia —contestó la reina.
Bella permanecía tumbada boca abajo llorando sobre la cama.
—Será mejor que llaméis a Félix y que traiga a lady Juliana. Ya sé lo joven y tierna que es mi pequeña esclava, y cuánto tiene que aprender, pero hay que castigarla por su pequeña desobediencia. Sin embargo, eso no es lo que me preocupa. Debo conocerla más, entender su talante, sus esfuerzos por complacer y... bien, se lo he prometido a lady Juliana.
No importaba con cuánta fuerza llorara Bella, ellos seguirían adelante, y el príncipe Alexi no podría detenerlos. La princesa Bella oyó llegar a Félix, sintió el caminar de la reina por la habitación y, finalmente, cuando sus lágrimas se habían transformado en un flujo constante y silencioso, la reina dijo:
—Bajad de la cama y preparaos para recibir a lady Juliana.

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