Respuesta: Las aventuras de Bella León seguía cerca, pegado a su oreja, y Bella estaba a punto de murmurar alguna pregunta referente al tiempo que permanecería allí cuando distinguió claramente, delante de ella, al príncipe Alexi. Estaba tan hermoso como lo recordaba. Su cabello caoba descendía ondulante sobre las cavidades de su bello rostro, y sus cálidos ojos marrones estaban fijos en ella. Los labios dibujaron una sonrisa mientras se acercaba a la mesa y tendía su jarra para que la llenara una de las personas que servía. Bella lo observó furtivamente por el rabillo del ojo. Vio su sexo grueso y duro, y el exuberante vello que lo rodeaba. La visión del paje Félix chupándolo la invadió con repentina pasión. Bella debió de gemir o agitarse porque el príncipe Alexi, tras echar una ojeada al distante pabellón antes de inclinarse sobre la mesa para recoger unos dulces, se acercó y la besó en la oreja, haciendo caso omiso de León, como si éste no existiera. —Comportaos, príncipe revoltoso —le dijo León, y no bromeaba. —Os veré mañana por la noche, querida mía —susurró Alexi con una sonrisa—, y no temáis a la reina porque yo estaré con vos. La boca de Bella tembló. Estuvo a punto de echarse a llorar, pero él ya se había ido. En aquel instante León se aproximaba otra vez a su oreja y ahuecando la mano le susurró: —Mañana por la noche veréis a la reina durante unas horas en sus aposentos. —Oh, no, no... —se lamentó Bella, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. —No seáis tonta. Esto es muy favorable. No podríais desear nada mejor. —Mientras hablaba, León deslizó la mano entre sus piernas y le pellizcó delicadamente los labios del pubis. Bella sintió cómo se acaloraba. —He estado en el pabellón mientras corríais. La reina ha quedado realmente impresionada sin pretenderlo —continuó—, y el príncipe dijo que siempre habéis exhibido la misma forma y brío. Una vez más pidió clemencia para vos, y rogó a la reina que no censurara su pasión. Accedió a no veros esta noche a cambio de disponer de una docena más o menos de nuevas princesas que desfilaran ante él... —¡No me expliquéis más! —se quejó Bella en voz baja. —Pero ¿no os dais cuenta? La reina se quedó prendada de vos, y él lo sabe. Os observó con suma atención mientras corríais, y estaba impaciente porque llegarais al pabellón. Fue ella quien sugirió que quizá debería probar vuestros encantos personalmente para comprobar si era cierto que no erais tan consentida y engreída como había supuesto. Os recibirá en sus aposentos mañana por la noche después de la cena. Bella lloró suavemente. Se sentía demasiado apocada para contestar. —Pero, princesa, esto es un gran privilegio. Hay esclavos que sirven durante años sin que la reina jamás se fije en ellos. Disfrutaréis de una verdadera oportunidad para hechizarla. Y lo conseguiréis, querida mía, lo lograréis, es imposible que falléis en esto. El príncipe ha sido inteligente por una vez. Lo ha comprendido y ha sabido contener sus sentimientos. —Pero ¿qué me hará? —gimoteó Bella—. Y el príncipe Alexi, ¿lo verá todo? Oh, ¿qué me hará ella? —Vamos, vos seréis un juguete para ella, por supuesto. Sólo deberéis complacerla. |