Ver Mensaje Individual
Antiguo 25-08-2011 , 08:59:45   #52
esquimala
Denunciante Novato
 
Avatar de esquimala
Me Gusta
Estadisticas
Mensajes: 249
Me Gusta Recibidos: 1
Me Gustas Dados: 0
Ingreso: 03 ago 2011

Temas Nominados a TDM
Temas Nominados Temas Nominados 0
Nominated Temas Ganadores: 0
Reputacion Poder de Credibilidad: 15
Puntos: 674
esquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacularesquimala el Usuariox tiene un aura espectacular
  
Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

EL SENDERO PARA CABALLOS



En cuanto Bella abrió los ojos al despertarse percibió una nueva excitación en el castillo.
La sala de esclavos estaba brillantemente iluminada por antorchas colocadas en todos los rincones, y en ella tanto los príncipes como princesas eran objeto de elaborados preparativos. Los criados peinaban y adornaban con flores el cabello de las princesas, y a los príncipes les aplicaban aceites y les peinaban los rizos rebeldes con idéntico esmero que a las muchachas.
Sin embargo, León sacó a Bella atropelladamente fuera de la cama. Parecía preso de una excitación excepcional.
—Es noche de fiesta, Bella —le dijo—, y os he dejado dormir mucho rato. Debemos apresurarnos.
—Noche de fiesta —susurró ella.
Al instante ya estaba colocada sobre la mesa para ser preparada.
León le dividió la melena y empezó a trenzar su cabello. Bella sintió el aire en el cuello, una sensación que le pareció odiosa. León había empezado a trenzar el pelo en lo alto de la cabeza, lo que la haría parecer más aniñada incluso que lady Juliana. A ambos lados de su cabellera le trenzaba una larga tirilla de cuero negro y en los extremos anudaba una pequeña campanilla de cobre. Cuando León las soltó, ambas trenzas cayeron pesadamente sobre los pechos de Bella, dejando su cuello y su cara al descubierto.
—Fascinante, fascinante —reflexionó León con su habitual aire de satisfacción—. Ahora, vuestras botas.
Le introdujo los pies suavemente en un par de altas botas de cuero negro. Le dijo que permaneciera de pie con las botas puestas mientras él se inclinaba para anudar los cordones sobre la rodilla. A continuación el criado alisó el cuero de la zona de los tobillos dejándolo pegado como un guante.
Hasta que Bella no levantó el pie no se dio cuenta de que cada bota lleva adherida una herradura al talón y a la punta. Los remates eran fuertes y resistentes para que nada pudiera dañar las punteras.
—Pero ¿qué sucede, qué es el sendero para caballos? —preguntó Bella con gran nerviosismo.
—¡Chsss!... —exclamó León, pellizcándole y pinchándole los pechos para darles «algo de color», según dijo él.
Luego le embadurnó los párpados y las pestañas con aceite, y extendió un poco de carmín por los labios y en los pezones. Bella retrocedió instintivamente pero los movimientos de León eran rápidos y seguros, apenas la tenían en cuenta.
Sin embargo, lo que más preocupaba a Bella era que sentía su cuerpo destemplado y vulnerable. Notaba el forro de cuero pegado a sus pantorrillas, y el resto de ella se sentía peor que desnuda. Esto todavía era más terrible que cualquiera de los pequeños adornos.
—¿Qué es lo que va a suceder? —preguntó otra vez. Pero León la había obligado a inclinarse sobre el extremo de la mesa y en aquel momento untaba sus nalgas con movimientos vigorosos.
—Están bien curadas —dijo—. Anoche, el príncipe debió adivinar que correríais hoy y decidió perdonaros.
Bella sintió los fuertes dedos de León que se empleaban a fondo en su carne y un indefinido terror la invadió. Así que iban a azotarla... pero eso siempre lo hacían. Sólo que, ¿lo harían en presencia de mucha gente?
Cada azote humillante recibido ante la mirada de otros le había supuesto a Bella un enorme sacrificio, aunque ahora sabía que podría soportar tantos golpes como fuera preciso si venían del príncipe.
Realmente no había recibido una zurra fuerte de verdad para complacer a otros desde la que sufrió en la fonda del camino, cuando la hija del mesonero la azotó para diversión de los soldados y de los lugareños que miraban por las ventanas.
«Pero llegará», pensó. La idea de que la corte la observara como si se tratara de un ritual hizo que sintiera una gran curiosidad, que al cabo de un instante dio paso al pánico.
—Milord, por favor, explicadme...
Entre el gentío que la rodeaba, vio a más muchachas que también llevaban el cabello trenzado y sus botas puestas. Así que no estaba sola. Además había príncipes, a los que asimismo les estaban calzando las botas.
Por toda la estancia se movía un grupo de jóvenes príncipes apoyados a cuatro patas que se encargaban de abrillantar el calzado todo lo rápido que podían, con las nalgas en carne viva y un pequeño cordón de cuero alrededor del cuello que llevaba sujeto un letrero que Bella no alcanzó a leer.
Mientras León la obligaba a ponerse en pie y daba unos toques finales a los labios y las pestañas, uno de estos príncipes empezó a sacar brillo a sus botas sin dejar de lloriquear. Sus nalgas no podían estar más rojas, y Bella vio que el letrero que colgaba del cuello rezaba: «Estoy en desgracia» en letras pequeñas.
Un paje se acercó y propinó al príncipe un sonoro y fuerte golpe con un cinturón para que se diera prisa en atender a otra persona.
Sin embargo, Bella no tuvo tiempo para prestarles atención. León ya le había sujetado las detestables campanitas de cobre en los pezones.
La princesa se estremeció casi instintivamente pero estaban firmemente adheridas. León le dijo que doblara los brazos y que los estrechara correctamente contra la espalda.
—Y ahora, adelante, sólo tenéis que doblar ligeramente las rodillas y marchar, levantando bien alto las rodillas —le dijo.
Bella se puso en movimiento, torpemente, reacia a obedecer, pero luego vio por todas partes princesas que marchaban casi animadamente, con sus pechos vibrando graciosamente a medida que salían al pasillo.
La princesa se dio prisa. Era difícil levantar las pesadas botas con cierto decoro, pero no tardó en coger el ritmo junto a León, que caminaba a su lado.
—Ahora, querida —dijo—, he de deciros que la primera vez siempre resulta difícil. La noche de fiesta provoca miedos. Yo había pensado que os asignarían alguna labor más sencilla para ser la primera vez, pero la reina ha ordenado especialmente que participéis en el sendero para caballos, y lady Juliana será la encargada de guiaros.
—Ah, pero qué...
—¡Chsss!, o tendré que amordazaros, y eso aría mucho a la reina, además de afear terriblemente vuestra boca.

esquimala no está en línea   Responder Citando
 
Page generated in 0,06403 seconds with 11 queries