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Antiguo 23-08-2011 , 09:08:59   #44
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Al cabo de un instante apareció con un pequeño cántaro y un pincel y, mientras la dama retrocedía unos pasos, el lord cogió el pincel y empapó el sexo desnudo de la princesa Lizetta de un almíbar espeso. Unas pocas gotas cayeron al suelo. La princesa, a pesar de la mordaza, comunicó una vez más toda su miseria con sus sollozos apagados, pero la dama se limitó a sonreír inocentemente y a sacudir la cabeza.
—Atraerá cualquier mosca que tengamos por aquí —dijo lord Gregory—, y si no hay ninguna provocará la inevitable comezón cuando se seque. Es de lo más molesto.
La dama no parecía satisfecha. De todas formas su lindo e inocente rostro estaba sereno y suspiró:
—Supongo que por el momento servirá, pero preferiría que estuviera atada a una estaca en el jardín, con las piernas separadas, y dejar que las moscas y los pequeños insectos voladores encontraran su boca melosa. Se lo merece.
Volvió a expresar su agradecimiento a lord Gregory y Bella se asombró una vez más al ver su brillante cara rubicunda. Llevaba las trenzas peinadas con pequeñas perlas y finas cintas de banda azul.
Bella, perdida casi en su contemplación de todo esto, de repente se asustó al darse cuenta de que la dama la miraba.
—¡Oooooh, pero si es la preciosidad del príncipe! —Exclamó, y entonces avanzó hacia Bella que sintió que la mano de la dama le alzaba la cara—. Y qué dulce y hermosa es, ¿verdad?
Bella cerró los ojos e intentó refrenar el temblor de sus pechos cimbreantes. Creyó que no podría soportar el trato autoritario de esta joven dama, pero aun así no había nada que pudiera hacer.
—Oh, cuánto me gustaría que hubiera ocupado el lugar de Lizetta. Hubiera sido un reto para todo el mundo —dijo la dama.
—Eso es imposible, milady —dijo lord Gregory—. El príncipe es sumamente posesivo con ella. No puedo permitir que participe en semejante espectáculo.
—Pero, con toda seguridad, podremos volver a verla. ¿Le harán correr el sendero para caballos?
—Estoy seguro, en su momento —dijo lord Gregory—. Hasta ahí no llegan los caprichos del príncipe. Pero, aquí, sí podéis examinarla si así lo deseáis. No hay normas que lo prohíban.
Lord Gregory levantó a Bella por las muñecas y, con el mango de la pala, la obligó a adelantar las caderas.
—Abrid los ojos y mantenedlos bajos —susurró. Bella no podía soportar ver las manos de esta delicada dama que se movían hacia ella. Lady Juliana le tocó los pechos y a continuación le pasó la mano por su liso estómago.
—Pues sí, es deslumbrante y está tan llena de ternura.
Lord Gregory se rió tranquilamente:
—Cierto, y vos sois muy perspicaz al apreciarlo.
—Luego, gracias a esa ternura, resultan las mejores —dijo lady Juliana ciertamente admirada. Pellizcó la mejilla de Bella como lo había hecho con los labios ocultos de la princesa Lizetta—. ¡Vaya!, lo que daría por pasar una hora tranquila a solas con ella en mis aposentos.
—En su momento, en su momento —repitió lord Gregory.
—Sí, y apuesto a que rechaza la pala, con su espíritu tan tierno.
—Sólo con su espíritu —dijo lord Gregory—. Es obediente.
—Ya veo. Bien, mi niña. Ahora tengo que irme. Podéis creer que sois exquisita. Me encantaría teneros sobre mis rodillas. Os azotaría con la pala hasta el amanecer. Participarías en un montón de juegos escapando de mí en el jardín, seguro. —Entonces besó afectuosamente a Bella en la boca y se fue tan deprisa como había llegado, entre un revuelo de terciopelo borgoña y trenzas voladoras.


Justo antes de que Bella tomara la pócima para dormir que le tendía León, le rogó que le ayudara a entender el significado de lo que había oído.
—¿Qué es el sendero para caballos? —preguntó en un susurro—. Y el pueblo, milord, ¿qué significa ser enviado allí?
—No mencionéis nunca el pueblo —le advirtió León con calma—. Ese castigo es para los incorregibles, y vos sois la esclava del mismísimo príncipe de la corona. En cuanto al sendero para caballos, lo descubriréis muy pronto.
La tendió sobre la cama y ató sus tobillos y muñecas con correas, apartándolos del resto del cuerpo para que ni siquiera durmiendo pudiera tocarse.
—Soñad —le dijo—, porque esta noche el príncipe os requerirá.

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