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Antiguo 19-08-2011 , 18:06:30   #2
kakashi elric
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Predeterminado Respuesta: relatos. “Santiago”

Al poco rato se fue, pero Santiago estaba muy asustado de toparse con aquel lobo de nuevo. Por lo que, luego de serenarse, decidió seguir andando por el callejón. A ver adonde lo dejaba. Esperaba encontrarse con una salida, un pasaje seguro.
Mientras más se adentraba en el recoveco más estrecho se hacía, hasta el punto de rozar una pared con la espalda y la otra con el pecho. Dentro de él se albergaba cierta incertidumbre le hacía desear regresar por donde vino. Pero antes consiguió divisar la luz de un farol. Un poco más de esfuerzo y llegó a una calle bien alumbrada pero carente de gente.
O al menos eso parecía al principio. Apenas Santiago hubo dado un par de pasos se volvió a encontrar con el lobo, aunque en esta ocasión se limitaba a mirarle. Parecía calmado, como esperando a qué iba hacer Santiago.
En efecto, así era. Santiago sudaba frío, se hizo para atrás. Se preparaba para volver a salir corriendo pero se detuvo ante la silueta que se le acercaba. Un hombre bajo, pero robusto caminaba hacia Santiago con andar decidido. Bajo el alumbrado público parecía tener una piel hecha de cobre, vestía únicamente un largo y harapiento abrigo y unos pantalones cortos, iba descalzo.
Pero a Santiago todo eso le parecían detalles superfluos al notar los brillantes ojos dorados de aquel vagabundo. El terror lo embargó.
Santiago se estremeció de repente, un terrible dolor le invadió, era tan intenso que incluso el gritar le resultaba imposible. Se tumbó de rodillas y manos, el sudo ahora bañaba todo su cuerpo tenso de agonía.
El hombre desconocido se acercó a Santiago, le puso sus grandes manos en los hombros.
-Espero que puedas perdonarnos por esto –dijo este.
El dolor era insoportable, y ahora se le agregaba un intenso calor, una especie de fuego que parecía querer quemarle las entrañas. Se dejo caer en medio de sus retorcijones, casi parecían convulsiones epilépticas.
Las nubes se empezaban a despejar.
Santiago se arrancó la chaqueta y la camisa sin dificultad, le sofocaban. Inmensas líneas negras y retorcidas se tatuaban en su piel como par ate de magia, esparciéndose por todo su cuerpo desde su hombro derecho. Donde tenía los vendajes.
De un golpe se arrancó las vendas, las desgarró. La herida, una mordida de hace días, parecía hecha apenas hace unos minutos. De las grandes marcas de dientes y colmillos se destilaba una especie de fluido oscuro, parecía tinta, el cual era absorbido por su sangre. Era aquella ponzoña, llevada por su venas a cada recoveco de su ser, la causante de su sufrimiento.
Y entonces, como si todo fuera un mal sueño, todo se detuvo. No más dolor.
Respirando con dificultad, Santiago trató de incorporarse, pero no pudo. Miró al hombre desconocido desde abajo, quien le miraba con tristeza y, por alguna razón, remordimiento.
-¿Qué me está pasando? –preguntó Santiago entrecortadamente.
-Fuiste maldecido –contestó aquel hombre. A espaldas de Santiago el lobo se agazapó –. Si permitimos que esto continué te convertirás en un Hombre Lobo, un demonio que aparece con la luz de la luna llena.
Entonces el manto gris de las nubes se terminó de evaporar. Santiago miró al cielo, la luna plateada se encontraba bella y redonda. El efecto fue instantáneo. Santiago fue arrastrado al más profundo de los abismos mientras que su cuerpo se retorcía con aun más violencia.
Los huesos, carne y piel de Santiago se infundieron de aquella ponzoña oscura. Lo estaba transformando en algo monstruoso.
El hombre y el lobo no titubearon en actuar: Ambos se lanzaron contra el pobre Santiago.
Para cuando llamaron a Marta ya era cerca de las diez de la mañana. La noticia que recibió cambió su vida para siempre: Santiago, su Santiago, había muerto.

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