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Antiguo 18-08-2011 , 15:22:15   #36
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Él ya había empezado a bañarla, y el agua caliente que se escurría hacia abajo le sentaba sumamente bien. Le enjabonó el cuello y los brazos.
—¿Acabáis de despertaros?
—Sí, mi señor —dijo.
—Ya veo, pero seguro que estáis cansada del largo viaje. Los primeros días los esclavos siempre están sobreexcitados. No sienten su agotamiento. Luego, cuando se les pasa, duermen muchas horas. Pronto lo experimentaréis y notaréis también las agujetas en los brazos y las piernas. No me refiero a los castigos, sólo a la fatiga. Cuando esto suceda, os masajearé para calmaros el dolor.
Su voz era tan dulce que Bella simpatizó con él de inmediato. Llevaba las mangas subidas hasta los codos y un vello dorado le cubría los brazos; los dedos trabajaban con precisión mientras le lavaba las orejas y la cara, procurando que el jabón no le entrara en los ojos.
—Os habrán castigado con mucha severidad, ¿no es cierto?
Bella se sonrojó.
Él se rió tranquilamente.
—Muy bien, querida mía, estáis aprendiendo. Nunca respondáis a una pregunta así; podría interpretarse como una queja. Cuando os pregunten si os han castigado demasiado, si habéis sufrido mucho, u otra cosa por el estilo, lo más inteligente que podéis hacer es sonrojaros.
Mientras seguía hablando casi con cariño, empezó a lavarle los pechos, y Bella se ruborizó aún más. Notó que se endurecían sus pezones y, pese a que ella no veía nada más que el agua jabonosa que tenía delante, estaba segura de que él se daba cuenta, mientras sus manos se ralentizaban poco a poco para luego hacer una suave presión en la parte interior del muslo:
—Separad las piernas, queridísima—dijo él.
Bella obedeció y separó más las piernas, y luego aún más al ser empujada por León. Él se había quedado quieto y se secaba la mano en la toalla que llevaba en la cintura. Entonces procedió a tocarle el sexo, lo que provocó que Bella se estremeciera.
Tenía el sexo húmedo e hinchado de deseo y, para su horror, aquella mano le tocó una pequeña y dura protuberancia en la que se acumulaba buena parte de su anhelo. Bella retrocedió involuntariamente.
—Ah —él retiró los dedos y, dándose la vuelta, llamó a lord Gregory.
—Aquí tenemos una flor sumamente preciosa —dijo—. ¿Habéis observado?
Bella se puso como la grana. Los ojos se le inundaron de lágrimas, y necesitó todo su control para no bajar las manos y cubrirse el sexo mientras sentía que León le separaba aún más las piernas y le tocaba con delicadeza aquella protuberancia.
Lord Gregory soltó una risita.
—Sí, es un princesa verdaderamente destacable —dijo—. Debería haberla observado más minuciosamente.
Bella emitió un apagado sollozo de vergüenza pero el violento deseo que experimentaba entre sus piernas no cesaba.
Cuando lord Gregory le habló, Bella sintió que el rostro le quemaba:
—Los primeros días, la mayoría de nuestras princesitas están demasiado asustadas para demostrar tal voluntariedad por servir, Bella —dijo con el mismo tono frío—. Suele ser necesario despertarlas y educarlas, pero ya veo que vos sois muy apasionada y estáis sumamente encantada con vuestros nuevos señores y con todo lo que os quieren enseñar.
Bella se esforzó por contener las lágrimas. Ciertamente esto era más humillante que cualquier otra cosa que le hubiera sucedido antes.
Lord Gregory la cogió por la barbilla del mismo modo en que el príncipe levantó el mentón del príncipe Alexi, para forzarla a mirarle a la cara.
—Bella, poseéis una gran virtud. No es motivo de vergüenza, sólo significa que deberéis aprenderotra forma más de disciplina. Estáis convenientemente despierta a los deseos de vuestro amo, pero debéis aprender a controlar ese deseo igual que veis que los esclavos varones lo controlan.
—Sí, milord —susurró Bella.
León se retiró y volvió al cabo de un momento con una pequeña bandeja blanca en la que había varios pequeños objetos que Bella no podía ver.
A continuación, lord Gregory le separó las piernas y aplicó a aquella pequeña pepita dura de carne atormentada una especie de emplasto que la cubría y que quedó adherido a ella. Lo modeló hábilmente con los dedos como si no quisiera que Bella disfrutara de esto.
Después de superar el horror inicial, Bella sintió un gran alivio. De haber alcanzado el placer final, se hubiera estremecido y ruborizado con la liberación total de ese tormento, y esto le hubiera supuesto sufrir la mayor de las vejaciones.
Sin embargo, el pequeño emplasto le produjo un tormento añadido. ¿Qué podría significar?
Lord Gregory pareció leer sus pensamientos.
—Esto evitará que os resulte demasiado fácil satisfacer vuestro indisciplinado y recién descubierto deseo, Bella. No lo aliviará, sino que simplemente evitará, digamos, el alivio accidental, hasta que adquiráis el debido control de vuestro cuerpo. No había previsto comenzar esta instrucción detallada tan pronto, pero ahora me veo en la obligación de deciros que nunca se os permitirá experimentar el pleno placer, salvo por capricho de vuestro amo o ama. Nunca, jamás, debéis tocaros vuestras partes íntimas con vuestras manos, ni tampoco debéis intentar aliviar vuestro obvio padecimiento de otro modo.
«Unas palabras muy bien escogidas —pensó Bella—, pese a toda su indiferencia para conmigo».
Lord Gregory desapareció de inmediato y León continuó bañándola.

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