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Una mala compra puede llevar a cualquiera a la bancarrota, también a los famosos. Kim Basinger ya había protagonizado varias películas de éxito como 'Nunca Digas Nunca Jamás', 'Nueve Semanas y Media' o 'Batman'; incluso había aparecido en la revista Playboy. Estaba en la cima de su carrera, pero en 1989 lamentaría haber hecho caso a varios familiares cuando recomendaron a la actriz comprar el pequeño pueblo de Braselton por 20 millones de dólares con el objetivo de convertirlo en una atracción turística con su festival de cine, sus estudios cinematográficos, etc. Sin embargo, el proyecto no salió como esperaba y lo vendió en 1993. Pero el golpe final se lo daría su negativa a protagonizar la película 'Boxing Helena' ('Mi obsesión por Helena') debido a las fuertes escenas de sexo del guión. Basinger ya se había comprometido, así que los estudios la demandaron por 8 millones de dólares... y ganaron. La actriz tuvo que declararse en bancarrota.
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Durante 8 años Gary Coleman participó en la serie 'Different Strokes' ('Arnold', en nuestro país) cobrando 70.000 dólares por episodio. Sufría una enfermedad del riñón que detuvo su crecimiento. Sin embargo, el declive de su enfermedad llegó cuando el actor comenzó a envejecer y la serie fue cancelada. En 1999 se declaró en bancarrota argumentando que sus padres habían realizado una pésima gestión de sus fondos. Les demandó por apropiarse de 8 millones de dólares.