| Denunciante Platino
| Respuesta: “Estamos a merced de la verdad de los verdugos” ¿Por qué tanta lentitud en establecer ciertas participaciones y hechos que fueron determinadores de ese proceso? Uno de los juicios que hicimos en el estudio es que la justicia no puede depender de la buena voluntad de los verdugos. El estudio muestra las dificultades de basar la verdad en lo que los verdugos digan sobre lo que pasó, porque la justicia misma carece de otra herramienta para hurgar en la verdad y los hechos. Estamos a merced de la verdad de los verdugos.
Según el estudio, el paramilitarismo llega al Valle en 1999. Sin embargo, es un fenómeno más antiguo en Colombia. ¿Qué diferencias hay entre el Bloque Calima de las AUC y otros bloques que ya existían en el país?
Sobre las diferencias hay una fundamental. No se ha podido documentar en el Valle del Cauca que la entrada y el accionar de las AUC haya tenido relación con un trabajo sistemático de despojo de tierras. Por lo menos no hay evidencia hasta ahora. Hubo mucho desplazamiento y es posible que en ese desplazamiento haya habido despojo como consecuencia, pero no es como en otras partes donde se evidencia que un grupo paramilitar entró solo a despojar tierras para que después entraran a ser productivas para una multinacional o para un gran emporio económico.
¿En Colombia hay o habrá verdad, justicia y reparación?
Si se sigue dependiendo sólo de los verdugos, no. Si la justicia no asume su responsabilidad en investigar los hechos y no limitarse a las declaraciones de los verdugos, no creo que la haya. Además, como escribo en el informe, el primer paso para la verdadera justicia es el justo castigo de los victimarios. No basta sólo con exponer la verdad, hay víctimas que saben quién asesinó a sus familias pero no se castiga al victimario. Es un compromiso del Estado y estamos muy lejos de eso. Soy pesimista en cuanto a la realidad, pero creo que el Estado puede hacer mucho si asume eso como su objetivo, si redefine su papel ante la violencia de los ilegales.
¿Antes de 1999 se habían registrado otros grupos paramilitares en el Valle?
También debo hacer una aclaración que me parece pertinente. Nosotros preferimos llamar la llegada de las AUC y no del paramilitarismo, porque a nuestro juicio ya había paramilitarismo en el Valle y esas redes no se habían acabado. La masacre de Trujillo (entre 1988 y 1994) significa que ya había paramilitarismo en el Valle y esa vinculación entre el poder emergente del narcotráfico, los intereses de esos terratenientes y la inteligencia del Batallón Palacé, todavía subsistían.
Que sean el coronel Amor y el coronel Hani Jimeno, responsables del Batallón Palacé durante los tiempos de ciertas masacres entre 1999 y 2001, nos indica que la relación existía. Que nosotros hayamos marcado el inicio de las AUC al Valle con los hechos de La Moralia el 31 de julio de 1999, obedece al ejercicio propagandístico de las propias AUC, es decir, fue el primer momento en que hicieron una acción militar de envergadura y se definieron a sí mismas como AUC públicamente, llamaron prensa e hicieron todo el jolgorio del caso. Es por eso nada más.
¿Cómo se modificaron las dinámicas del narcotráfico en el Valle con la llegada de las AUC?
Esa fue una pregunta de mucha discusión dentro del grupo de investigación porque tratábamos de explicarnos cómo es posible que una fuerza del tamaño de los paramilitares de las AUC entraran a un terreno de tanto poder económico y militar sin que hubiera un solo conflicto. Aquí estaba Chupeta, el clan de los ‘Herrera’, Varela, ‘Don Diego’, ‘Rasguño’.
Eso lo reconoce ‘HH’ en una declaración que dio en agosto de 2008 a Semana y a Verdadabierta.com, que llegaron a un sitio que era muy complicado entrar, a no ser que la entrada haya sido consentida. Es lo único que lo explica. Ahora, cómo me voy a meter como fuerza paramilitar en un sitio donde el Ejército y la guerrilla tienen una confrontación tremenda. Pelear con los dos no es estratégico. Cómo fue posible que un contingente paramilitar llegase a ese terreno donde había presencia narcotraficante armada hasta los dientes, el Ejército del Palacé de Buga y la guerrilla y haber podido entrar como Pedro por su casa desde el norte. A 15 minutos de Tuluá en el centro del Valle realizaron una operación sin que nadie interpusiera ningún obstáculo. Eso es difícil de creer.
La muerte de ‘Román’ se da por un susto de los otros clanes narcotraficantes de que ‘Don Diego’ tenga todo el poder de los paramilitares. Eso podría generar una guerra, porque los otros también son poderosos y si dicen que las AUC sólo están de parte de ‘Don Diego’. ¿Se imagina qué hubiera pasado en la guerra entre Varela y ‘Don Diego’ en 2003 y 2004 en el Valle? ¿Quién solucionó ese conflicto? Lo solucionó Macaco que era un paramilitar con muchos intereses en toda la región pacífica.
¿Cómo piensa que será la restitución de tierras con la Ley de Víctimas?
En un informe del 2010 con el recién posesionado ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, había posiciones encontradas sobre las reales cifras de tierras despojadas a campesinos en el Valle, sobre todo en el norte, donde hay tanta influencia narcotraficante. Es muy difícil cuando el Estado no tiene certeza de quién posee las tierras y a quién se las quitaron. Para restituir algo hay que conocer las dimensiones del problema. Primero hay que saber qué pasó, cómo y cuáles son las cifras, que no las tenemos. Una vez hecho eso habría que ver cómo se hace una restitución. Lo principal es que el Estado haga una enmendación de ese primer error que es no saber quién posee la tierra, quién se la robó a quién, cuáles son las cifras reales de ese despojo.
¿Cuál sería entonces el balance de Justicia y Paz?
Yo soy menos optimista que las personas de la Comisión (CNRR). Primero, aplaudo la iniciativa de la Ley de Víctimas, donde hay un espíritu de favorecer a la víctima antes que al victimario. Pero a mí no me ha gustado el espíritu de la Ley de Justicia y paz, porque me parece que premia al verdugo y lo pone como centro de la verdad y de la reparación. Inclusive en los procesos de reintegración vemos premiación de los verdugos en detrimento de la víctima.
Ninguna víctima o persona del campo tiene garantizado un sueldo, trabajo, vivienda o ningún otro beneficio y el que ha empuñado el arma sí. Nos preguntamos por qué. Porque detrás de ese modelo hay un chantaje soterrado. Como el conflicto sigue, está allí como fuente, entonces el verdugo puede decir: o me cumples con esto o yo vuelvo a la guerra. Planteado el asunto así, termina perdiendo el Estado, es mi opinión personal. La guerra sigue y hemos diseñado un modelo para el fin de una guerra, para un postconflicto, cuando estamos todavía en un conflicto que se demora en tener solución.
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