Respuesta: Las “varas mágicas” de los dioses
El cayado de Viracocha
El Dios de los Báculos, Puerta del Sol, Tiahuanaco.
Viracocha fue siempre recordado por los incas como un dios benevolente, portador de cultura y muy poderoso. En una de las muchas leyendas que aluden a él se menciona un arma en forma de cayado, cuyo poder es ostensible. Al parecer, los acontecimientos habrían tenido lugar en la actual localidad de Caxha, cuando sus habitantes decidieron matar a Viracocha, molestos por su “vestimenta y su porte tan extraño”. Pero, dejemos que el relato corra por cuenta del historiador Pedro Sarmiento de Gamboa:
“Ya habían empuñado las armas contra él, cuando, enterado Viracocha de sus perversas intenciones, se arrodilló en un lugar llano, y elevó las manos plegadas y la mirada al cielo; y de lo alto llovió fuego sobre quienes estaban sobre la montaña y quemó todo el paraje; tierra y piedras ardieron como paja. El terror se apoderó de los malvados perseguidores ante aquel espantoso fuego, y corriendo se abalanzaron a donde estaba Viracocha, arrojándose a sus pies en demanda de gracia.”
“Viracocha —continúa narrando Sarmiento de Gamboa— , ganado por la compasión, fue al fuego y lo apagó con su cayado. Pero el monte quedó calcinado y las mismas piedras se habían quedado tan ligeras como consecuencia del enorme calor del fuego, que un hombre podía llevar ahora fácilmente alguna que habitualmente no podría haber transportado un carro, lo cual se puede hoy constatar. Y es cosa prodigiosa de este paraje y monte, que todo haya quedado arrasado en un cuarto de legua; se encuentra en la provincia de Collao.”
Supondremos aquí que las comparaciones con los acontecimientos de Sodoma y Gomorra son “odiosas” y en cualquier caso innecesarias, pero es seguramente cierto que la conflagración que menciona la leyenda no salió de una “fogata de campamento”…Y como sea, es bien evidente que el cayado utilizado por Viracocha encerraba un altísimo poder con el cual pudo desencadenar de inmediato un pavoroso infierno así como sofocar el fuego al momento.
No es por lo tanto, según parece, simplemente antojadizo el motivo que bellamente adorna el friso de la magnífica Puerta del Sol en la enigmática ciudad de Tiwanaku —“que construyeron en una noche”— , con sus raros seres provistos de alas y con cabeza de gavilán, presididos por el gran dios que sostiene dos cetros que simbolizan su supremacía y cualidad celestial.
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