| Denunciante Novato
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Al parecer hay un símil entre el hombre promiscuo en su carne y aquel promiscuo en su pensamiento, pues ninguno es capaz de dar amor y lujuria a una mujer sin estar pensando en dónde hallará a la siguiente. El hombre que lo es de manera material por regla obtiene gran goce, pero que se ve ensombrecido alguna vez por aquella vieja costumbre humana del amar de verdad, cosa que a este personaje puede dejar muchas heridas. El otro, el que lo hace en la imaginación, apenas goza de sus fantasías, pero con la ventaja de no encontrarse tan contaminado frente a la posibilidad de un amor real. Unos son lo primero por la física inhabilidad de no serlo, mientras que otros son lo segundo por la física habilidad de no saber dejar de serlo. Aún así, ninguno de los dos casos es tan trágico, pues siempre existe en el hombre la facilidad de cambiar de acto casi al instante. La pregunta surge entonces: ¿Qué sentido tiene este escrito, si este asunto que al principio se describe como tan complejo, resulta no serlo?. En realidad el asunto, que es el deseo de cambiar, de dejar de ser o simplemente de alternar entre los bandos carnal e ideal, es algo más que espinoso. El sentido si es simple: asomarse a la realidad.
Es algo muy cierto que en el papel y en la saliva todos somos magos, todo lo podemos y todo lo sabemos. Y todo es bello hasta que miramos nuestro reflejo en el charco de la vida y decimos ¡Vaya!. Es cuando nos damos cuenta de lo absurdo de nuestro proceder con nosotros mismos. ¿No sería mejor actuar según deseamos realmente, sin importarnos cómo hayamos actuado antes?. Es obvio que una máquina de café express nunca hará helado, pero... se puede componer ¿No?, sólo es necesario cambiar algunas partes y ya. El único inconveniente es que tenemos que aprender a ser mecánicos de nuestra propia psiquis, hacer un curso intensivo que compite en horario con nuestras múltiples ocupaciones, entre las cuales está, por supuesto, ejercer la promiscuidad de forma cabal (No se puede incumplir con las obligaciones, ¿Cierto?).
Es mi interés que el lector entienda que no estoy en contra de la promiscuidad, pues soy uno de sus más fieles practicantes. Sólo deseo abogar por el derecho de todos los ciudadanos varones de tomar las riendas de su vida, sea para donde sea que éstas dirijan (sin hacer daño a nadie, claro). Y en este caso es necesario elevar la queja hasta la más alta de las instituciones terrenales: Cada uno de nosotros.
No hay que ser un psicólogo reconocido ó un médico competente para decir con certeza que la manera cómo hoy actuamos no es caprichosa, sino que está condicionada desde tiempo, tal vez mucho tiempo atrás. Y esto puede ser positivo, a menos que nuestras experiencias pasadas no hayan sido muy constructivas o que actualmente nos veamos tan agobiados y esclavizados por hechos alguna vez preponderantes, que no podemos dar la cara al presente y al futuro. Manifiesto aquí mismo que es mi caso y el de muchos otros el que no podemos cambiar de manera de actuar simplemente por falta de ejercicio mental. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir con lo que ya tenemos que nos da pereza, o hasta miedo, adquirir nuevas cosas para nuestra vida. Y es lógico que algún día nos hallaremos en la difícil situación de tropezar con la mujer de nuestros sueños, y simplemente no sabremos cómo proceder, ya que nunca antes habíamos conocido a alguien así. En este punto entonces las posibilidades pueden ser varias, dependiendo de quien lea este texto:
- Soy promiscuo en la carne y ahora necesito limitarme a mi pensamiento, pues esta mujer se enteraría rápidamente de cualquier infidelidad que yo cometiera.
- Soy promiscuo en mi mente y debo dejar de serlo, pues la mujer que he conocido es la más pura entre todo mi universo de mujeres.
- Soy promiscuo en la carne y estoy interesado en dejar la promiscuidad a un lado, pues me he chocado con una mujer que no pensé que podría cambiaría mi vida de tal forma.
- Soy promiscuo en la mente y deseo serlo carnalmente, pues he conocido a una mujer que lo es y quiero estar con ella, y con otra, y con otra...
- No soy promiscuo y deseo serlo, pues he llegado a un punto de mi vida donde no me siento lleno con lo que he conseguido para mí.
Esta es una encrucijada terrible, como sabemos muchos. Lastimosamente, hemos dejado pasar y, posiblemente, seguiremos dejando pasar las oportunidades de cambiar que se nos presentan. Yo sólo pienso, ¿Por qué no hacerlo?. Pueden parecer pocas las probabilidades de éxito, pero hay que arriesgarse a ver que pasa. Y lo digo no sólamente para los que me leen, sino para mí mismo, pues unos días antes de escribir lo presente, conocí a la mujer de mis sueños. (Ahora me encuentro reuniendo fuerzas para dar el gran salto)
Espero este pasaje sea del agrado de quienes lo lean y sirva para mi humilde propósito de reflexionar un poco. Gracias.
27 de Agosto 1996 Ya pasaron varios meses desde mí ultimo encuentro con la gente de Mayestick, y no los he vuelto a ver aunque sigo inquieto por lo ocurrido, aparte quisiera saber más sobre ellos. Por ahora estuve investigando el caso del asesinato de la Familia Herrera en Isidro Casanova, en la misma los investigadores citaron al caso como un acto de vandalismo entre familias mafiosas, aunque las inscripciones en las paredes no eran casuales, y para mí tenían un sentido personal. Aunque también podrían llegar a ser solo una mala coincidencia. Lamentablemente no pude acceder a los expedientes del caso, y a través de los sistemas informáticos fue muy poco lo que pude averiguar, por lo cual decidí desplazarme a la zona e intentar averiguar que ocurrió, o al menos aproximarme a algún detalle.
El echo delictivo había ocurrido sobre la Calle Carlos Casares (ruta numero 17), pasando la ruta 3, a lo cual empece a caminar por la zona preguntando a la gente si conocían a la familia Herrera. Para mi sorpresa nadie los conocía, excepto 2 hombres grandes y un comerciante que me indico donde era la vivienda.
A lo cual me dirigí inmediatamente a la locación, para mi sorpresa la casa se encontraba en venta, y tenia un aspecto desolador, y se sentía en el ambiente una especie de escalofrío continuo. Tal ves era mi imaginación que siempre me juega malas pasadas, o tal ves mis recuerdos con mi encuentro con estos agentes.
Mientras observaba la casa, note que tenia 2 entradas, una puerta grande y ancha de madera, y otra de hierro que daba hacia una especie de galería, y que se veía que continuaba hacia un fondo lleno de vegetación y muy descuidado. El frente de la casa aparte se encontraba muy descuidado y carecía de una entrada de garaje, y la misma era de una sola planta, con un techo chato supongo que tendría algún tipo de membrana impermializadora.
Aunque me llamo la atención algo que vi en el techo, no podía divisar bien que era pero tenia forma de una antena, aunque parpadeaba. Intente verla mejor pero me era imposible, solo distinguía una forma pseudo redonda que parpadeaba una luz roja, eso me hizo recordar un texto que había leído sobre antenas satelital con sistemas infrarrojos, aunque me resulta extraño que tuvieran eso en esta casa y sobre todo después de tanto tiempo continúe en funcionamiento, aparte del echo que nadie la habita, y que la policía no la haya encautado. Aunque no creo que fuera una prueba real para usarse.
En ese momento yo seguía observando y pensando, anotando lo que veía en mi cuaderno, hasta que escucho a alguien que me llama.
- ¿Hey chico que haces? Yo me doy vuelta y miro hacia donde viene la voz, y veo a un hombre mayor, que era el mismo que me había dicho que conocía a la familia pero no me había dado información, ni tampoco como encontrarlos.
Y nuevamente vuelve a preguntarme aunque esta ves con más fuerza.
- ¡¿Hey chico eres sordo o que?! En ese momento no sabia que contestarle, ya que esa misma persona antes no me había querido hablar y ahora me interrogaba a mí, aunque esta claro que yo soy un extraño para él y encima estoy enfrente de una casa donde hubo un asesinato haciendo preguntas y observando. Realmente se entiende porque este hombre esta impaciente por saber quien soy...
A lo cual decido contestarle tras dudar unos segundos.
- Disculpe, soy estudiante de secundaria, y voy al Colegio San José, y estoy haciendo un reportaje sobre los decesos ocurridos en esta casa, ya que tenemos como tarea hacer pequeñas investigaciones.
El hombre me mira a la cara extrañado, yo me pongo muy nervioso, sobre todo porque invente esa excusa y ni siquiera voy a ese colegio que dije, espero que lo crea de lo contrario voy a tener algunos problemas.
Ahora empieza a caminar y riéndose me empieza a contar sobre sus tiempos pasados y que fue estudiante de secundaria en ese colegio, me hace preguntas sobre maestros y personas a lo cual no se bien que contestar y mis contestaciones son meramente falsas, aunque me voy ganando su confianza. Logrando que me cuente algunas cosas sobre la familia.
Al pasar algunos minutos, empezamos a hablar sobre la familia Herrera y sobre lo extraños que eran, según esta persona él decía que había tenido contacto con ellos en el supermercado, y durante el día como vecinos. Pero que siempre habían sido muy reservados, sobre todo el padre de la familia era el más reservado.
Y lo que siempre le había llamado la atención, era que él siempre lo cruzaba durante las mañanas cuando iba a su trabajo, y lo veía que vestía de negro, traje negro, corbata negra, camisa blanca y anteojos negros, y que siempre había sido así su vestimenta.
- Jorge, siempre fue un hombre muy reservado, pero esa ultima semana fue totalmente diferente, hablaba con todos, se relaciono con todas las personas, era como si sabia que algo le iba a pasar y se despedía de todos.
- Nunca pense que iba a terminar así no era una mala persona, y su familia no se lo merecía, realmente no lo merecían terminar así.
Entonces yo le pregunte.
Una ves en la parada miro hacia todos lados y no veo nada extraño, estoy solo. Por un momento me siento tranquilo, llega el colectivo, subo y solo pienso en que todo esto no tiene sentido y que tal ves esa persona era un agente de Mayestick o tal ves no.
Pero por lo menos ya sé donde vivían, sé que el padre de la familia se llamaba Jorge Herrera, tenia alrededor de 39 años, vestía de negro era muy discreto, excepto la ultima semana. Pero aún son muy pocos datos, no sé si algún día lograre saber más.
Mientras estoy viajando en el colectivo recuerdo que el viernes salgo de campamento, y que aún no hice los preparativos, sobre todo porque no me gusta ir, pero es obligatorio. La escuela nos induce a ir de campamento para realizar una especie de retiro espiritual que termina en una especie de fiesta alcoholizada por parte de mis compañeros, y la verdad no tengo ganas. fin
Última edición por MOMO; 05-10-2006 a las 18:47:54 |