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Antiguo 05-10-2006 , 18:41:43   #16
MOMO
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MOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgullosoMOMO tiene mucho para estar orgulloso
  
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A nuestro corazon
A nuestro corazon
Observaciones


“Se va… y no queda más que llorarlo, que sufrirlo y, eventualmente, despedirlo. Ahora estoy diciendo adiós a la mitad de mi cama, que con sólo una visita guarda a la perfección su figura y posición exactas; a la parte de mi vida que se ha perdido en mi casa; a la parte de vida que se ha perdido en mi vida”.Pensando en estas palabras que escribí en mi anterior relato, pienso que lo que realmente duele, es esa pérdida DE AFINIDAD la cual sentimos que no vamos a recuperar. Esa extraña condición donde los gustos, opiniones y sabores coinciden con otras situaciones o con otras personas. Situaciones en las que no entendemos la vida que estamos llevando o el cómo la llevamos, situaciones absurdas del pasado que ahora que volteamos nos decimos que son cosas que nunca vamos a hacer otra vez.
Lo estoy despidiendo en la mala forma, en la triste, en la muy dolorosa; en la que me doy cuenta de que no volveré a jugar con él, en la que me desgarro al saber que no lo exploré por más de una vida, no por más de un año; que así lo decidí y que no vale amar y tomar decisiones”.Esa ilusión es la que nos hace ver simplemente, el sentir que venimos al mundo a compartir y cuando nuestros sueños se rompen es cuando todo pierde esa afinidad. Tomamos actitudes de reserva o de inmensa alegría, donde nos damos a la primera persona que pasa tal vez pensando o deseando sentir que esa afinidad la recuperaremos casi, casi de manera mágica, en la primera cita, en la primera copa o en la primera cogida. Ya no nos interesa conocer mas a fondo, entre miedo de perder otra vez y de ser heridos, simplemente deseamos creer en los milagros.
Que sigue después de esta pérdida, de llorar y de la melancolía, nuestro corazón será lo suficientemente fuerte otra vez para creer de nuevo? O será la soledad una mejor compañía, un mejor remedio para evitar otra herida, o el tiempo lo cura todo?
“Debo lanzar sus cosas al mar, pero ahora no tengo ese tipo de fuerza. Mejor será llevarlas a un lugar secreto y no verlas por un tiempo, hasta que el mar no se vea tan peligroso. Ya las lanzaré tiernamente y con una sonrisa, diciéndoles adiós, queriendo decir hasta mañana; no te olvides de abrazarme cuando te acuestes y nunca jamás olvides que te amo”. El poder del adiós dicen que es el más difícil de ejercer, ahora lo entiendo y si bien quise escribir todas estas acotaciones, es por la gente que sin conocerla, se ha visto identificada a mi relato y me han escrito compartiendo experiencias. Sigo triste pues creo que algo que podía crecer y florecer en algo hermoso ha sido cortado de raíz por razones bastante respetables, pero también mi resistencia se ha incrementado y el amor a los míos y de mi gente me recuerda cada día que tengo que seguir.
No seré la misma, ya no puedo serlo, pero volveré a construirme de nueva cuenta, de amarme y repetirme una y otra vez cuando pierda esa fe, que la única persona que realmente me va a querer como soy y que siempre estará a mi lado con todo lo bueno y malo, soy yo, empezaré ahora si a quererme , a respetarme y a defenderme, respiraré hondo y jamás me ocultaré nada otra vez, volveré a encontrar esa afinidad conmigo misma, con la vida.

Esta frase, dicha a manera de reproche a una niña, adolescente o mujer joven, desconozco la edad que tenía; la escuché de los labios de una mujer de ochenta y ocho años de edad, pronunciada con amargura, con algo de nostalgia y una entonación que quisiera le fuera explicado, al menos ahora, porqué su madre, a la que amó entrañablemente, se la dijo, sin existir mas razón para ello que tener un carácter tal vez demasiado fuerte para una mujer.

Temperamento, más que carácter, diría yo, propio de un hombre forjado en la lucha diaria por sobrevivir a situaciones extremas. Un temperamento propio de seres que se oponen a las adversidades de la naturaleza, así como las propias que impone la conciencia a los seres racionales, tendiendo a pasar por encima de todo lo que les rodea a fin de conseguir lo que anhelan. Temperamento propio de hombres acostumbrados a matar con el pretexto de la caza. Seres que no piensan cuanto dañó originan por su conducta personal a los demás seres que pueblan su región. Temperamento que impulsa al hombre a destruir para sobrevivir, pero que por su violencia no le permite sentarse a pensar como obtener lo mismo por otro procedimiento que no implique destrucción. En fin, temperamento, carácter y personalidad propios de seres inconformes, pero a la vez inflamados de un orgullo personal cuyo único soporte consiste en espetar a los cuatro vientos como ellos, y solo ellos, han sido capaces de pasar de un estado en el que un trozo de tierra, trabajado con amor por sus abuelos y padres, los alimentó cuando fueron niños, pero que hoy debe repartirse entre muchos hermanos y, desde luego, resulta escasa para alimentar a tantas bocas como han de surgir de tantas familias, logrando colocarse, casi siempre por la especulación, en una mejor posición económica que les permite vivir y alimentar a su compañera y descendientes. Temperamento, carácter y personalidad propios de ese hombre que se convulsionó dentro y se expandió fuera de Europa, porque en su territorio ya no había cabida para mas seres al ritmo de crecimiento poblacional que habían logrado, y, que, por falta de dirigentes sociales que pusieran sus esfuerzos al servicio de las masas de población en lugar de las masas de población a su servicio, aunada la escasa instrucción elemental y prácticamente nula cultura en el ámbito de esas grandes masas de población, acrecentado por la irracional explotación de selvas y tierras agrícolas así como la crianza de ganado para la alimentación humana. En ese hombre todo, o casi todo, es brusco, violento, pisotea cuanto se opone a su avance, exprime a todos los que de una u otra forma puede sojuzgar, casi siempre personas cercanas de la familia, a la vez que se muestra magnánimo en extremo descabellado con los ajenos e incluso desconocidos que se aproximan a él, y yendo más allá, incluso personas ajenas que él y sólo él considera sus amigos, sin que de ellos haya salido un solo gesto que así lo confirme. En conclusión, temperamento, carácter y personalidad propios de un pequeño señor feudal, dueño de honor, vidas y haciendas de todos aquellos que por diversas circunstancias han caído dentro de su feudo. Temperamento, carácter y personalidad no exclusivo, pero si frecuente dentro de algunos países de Europa o al menos de España en los albores del siglo veinte.
Hagamos un pequeño paréntesis y señalemos esta pregunta que yo algunas veces me he planteado: ¿la primera guerra mundial, se habría desarrollado si esos “dirigentes europeos”, que sentían la violencia de su explosión demográfica y no sabían como manejarla, pero que, al menos por los procedimientos utilizados, tampoco eran capaces de pensar como resolverla sin destruir, hubieran establecido alianzas estratégicas con las naciones recién independizadas de España y Portugal que conformaban una América Latina despoblada y que los Estados Unidos habían mostrado claramente al mundo al despojar a México de más de la mitad de sus territorios; creando la primera y mayor alianza socio_económica que hubiera conocido la humanidad hasta ese momento, solicitando territorios donde colocar a su población a cambio de aportaciones, pagables con el mismo oro arrancado a los pueblos de México y el Altiplano Andino durante la conquista, además de nuevas e ilimitadas posibilidades de comercio entre la antigua y cansada Europa y las Nuevas Naciones Norte, Centro y Sud Americanas, evitando así, entre otras cosas esa catástrofe que hoy nos abruma a todos los occidentales, proveniente del éxodo de italianos hacia los Estados Unidos y que dio origen, junto con la corrupción, primero al contrabando, después a la prostitución como negocio y finalmente al tráfico de substancias estupefacientes que hoy se ha entronizado a escala mundial, y fuera de las mafias italianas?
Pero dejemos el paréntesis y continuemos con la situación que nos ocupa. El temperamento de esa mujer de ochenta y ocho años, como dije, es más parecido al temperamento masculino que al femenino, sin embargo su carácter es dulce. Cuando ella se remonta a las altas regiones del espíritu, manifiesta una personalidad encantadora, pero desgraciadamente, cuando está completamente sola, su temperamento la lleva hacia pensamientos sombríos de pétrea dureza. ¿Porqué ella está sola?. Bueno, la vida le concedió un compañero con él convivió gran parte de su vida, pero falleció hace ya bastantes años; como no tuvieron hijos, ignoro la causa, el resultado es el mismo: Soledad. ¿Porqué no buscó un segundo compañero?; lo ignoro también, pero supongo que las mujeres de su generación fueron educadas para tener un solo compañero en las buenas y en las malas. El resultado sigue siendo el mismo: Soledad. Y, la soledad a esas alturas de la vida no es saludable, ya que conlleva a recordar en demasía. A recordar lo que sufrimos, a rumiar con los datos que nos aporta la memoria, las posibles causas y culpables de nuestros sufrimientos, tornando nuestra realidad actual en una existencia amargada por esos recuerdos muy lejanos que acuden a nuestra mente en substitución de una vida actual más rica espiritualmente.
Te pareces a tu padre, fue una frase esgrimida por una mujer que sufrió mucho la opresión de un hombre que a su vez sufrió mucho, porque no pudo ser feliz, porque hizo infelices a su compañera y a sus hijas e hijo, porque él mismo fue no feliz al no haber podido sentirse bien consigo mismo; al mismo tiempo es hoy una frase que hace sufrir, a quizá sesenta o setenta años de haber sido pronunciada, sigue dañando, por vía de la memoria, a una persona que no la comprendió, pero que tampoco ha sido capaz de perdonar. Por ahí vi una vez una hoja en que estaba escrito un sabio consejo que más o menos decía así: Todo lo que digamos debe reunir tres características, o bien, si lo preferís debe pasar tres bardas: Debe ser Verdadero; si no lo es, no lo digas.
Debe ser Bondadoso. Si es verdadero, pero no encierra bondad, no lo digas.
Debe ser Necesario. Si es verdadero y bondadoso, pero no es necesario, no lo digas Es un buen consejo de sabiduría para no hablar sino lo preciso.


Última edición por MOMO; 05-10-2006 a las 18:43:55
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