Denunciante Leyenda
| Respuesta: La verdadera historia de Balian de Ibelin Su embajada no llega a tiempo: mientras iba a Trípoli, un destacamento de 7.000 jinetes de caballería mameluca –que tenía permiso de Raimundo para atravesar Galilea- ha destruido una expedición templaria en tierras galileas, desencadenando definitivamente la guerra. Templarios y hospitalarios se movilizan apresuradamente (los segundos a regañadientes y empujados por los primeros) y son derrotados en otra masacre. Raimundo, que se siente culpable de que haya sucedido en su territorio, usa a Balian para reconciliarse con el rey Guy y volver a unir filas con Jerusalén. Días después, llegará la desastrosa batalla de Hattin, provocada por impulso del gran maestre templario Gerardo, en la que las fuerzas cristianas fueron derrotadas abriendo el camino a Jerusalén. Allí los musulmanes capturaron la reliquia de la Vera Cruz, que llevaba el obispo de Acre (el cobarde Patriarca Heraclio no había querido ira la batalla) y a casi toda la nobleza contendiente. Contrariamente a lo que dice la película, Balian estuvo allí dirigiendo la retaguardia, lucho valerosamente y con Reinaldo de Sidón y Raimundo de Trípoli fue de los pocos que pudo escapar, cada uno por su lado. La película es bastante fiel al recoger el encuentro de Saladino con el rey Guy y Reinaldo: efectivamente Saladino ofrece agua fresca al rey, y según la hospitalidad oriental quien ofrece de beber a un huésped ya no puede hacerle daño. Éste ofrece agua a Reinaldo, pero Saladino hace matar a Reinaldo de Chatillon (“la perfidia de ese hombre y su insolencia habían ido demasiado lejos”, dice el líder musulmán) y a todos los caballeros templarios y hospitalarios, excepto al gran maestre Gerardo. A éste lo pondrá en libertad después de usarlo para ordenar a los templarios que entreguen su plaza en Gaza. La batalla de Jerusalén En la película vemos a Balian haciendo una arenga “laica” para defender la ciudad. Es una intrusión del siglo XXI que no encaja para nada con el siglo XII. Lo que en cambio sabemos es que Saladino convocó delegados de Jerusalén para negociar las condiciones de la rendición, pero estos se negaron a cualquier trato. No pensaban entregar la ciudad donde su Dios había muerto por ellos. Era cuestión de principios religiosos. La escena transcurrió durante un eclipse de sol y habría quedado bonita en la película. Sucede entonces otra escena digna de ser filmada pero que a Ridley Scott no le pega con su guión ni su personaje. Tras la derrota de Hattin, Balian se había refugiado con muchos más guerreros que huían en Tiro. Se entera de que su mujer la reina María y sus hijos están asediados en Jerusalén. Entonces pide permiso a Saladino para entrar en la ciudad sin armas, jurando que no luchará, y llevarse a su familia. Saladino, siempre cortés, se lo permite. Pero una vez dentro, los ciudadanos piden a Balian que se quede y los dirija en la defensa. Balian se ve moralmente obligado a quedarse y escribe a Saladino explicándole, apenado, que no puede cumplir su juramento de no luchar. El magnánimo Saladino le dispensa de su juramento e incluso envía una escolta que acompañe a la reina María, sus hijos, séquito y todos sus bienes hasta Tiro. Dicen los cronistas que Saladino lloró al ver pasar a los niños y jóvenes sobrinos e hijos de Balian, herederos en el destierro de una nobleza en declive. Como recoge la película, en la ciudad sólo había dos caballeros, así que Balian armó caballero a todo muchacho mayor de 16 años nacido de familia noble (repetimos, de familia noble, no a cualquier plebeyo como dice el film) y también a 30 miembros de la burguesía. Reunió tanto dinero como pudo, incluso la plata del tejado del Santo Sepulcro y entregó armas a cualquiera que pudiera esgrimirlas. Resistieron 10 días y, como recoge la película, en el último combate se mantuvieron firmes en una enorme brecha ya irreparable en las murallas. Finalmente, el mismo Balian acude al campamento de Saladino a negociar la rendición. Saladino al principio no quiere hablar de rendición: él ya dio esa oportunidad, y ahora sólo piensa en entrar a sangre y fuego. Mientras hablan, la batalla continua, y los cristianos rechazan una vez más a los asaltantes. Balian entonces negocia con firmeza: sí, la ciudad ya casi ha caído, pero si no se ofrecen condiciones dignas de rendición los defensores, desesperados, destruirán los edificios sagrados musulmanes y degollarán a todos los prisioneros islámicos. Saladino entonces acepta condiciones: liberará a todo hombre que pague 10 denarios, 5 por mujer y uno por niño. Es muy caro para los 20.000 pobres de la ciudad y Balian regatea: Saladino está dispuesto a dejar libres a los 20.000 por 100.000 denarios. Balian sabe que nadie podrá reunir tanto dinero. Consigue que se liberen a 7.000 ciudadanos por 30.000 denarios. La guarnición entonces, siguiendo a Balian, depone las armas: es el viernes 2 de octubre. Tras la conquista Los musulmanes entraron en la ciudad con orden y sin pillaje, al contrario que los francos 88 años antes. Patrullas especiales impedían cualquier ultraje a los cristianos. Balian consiguió reunir los 30.000 denarios en parte tras una dura presión a las órdenes militares, especialmente con un dinero que Enrique II de Inglaterra había hecho llegar a los Hospitalarios de Jerusalén como penitencia por el asesinato de Santo Tomás Beckett. Los cronistas musulmanes recogen la vergüenza de ver al indigno patriarca Heraclio pagando sus diez denarios y saliendo de la ciudad con carros llenos de riquezas, sin pagar nada por los pobres esclavizados. Dos hileras abandonaban la ciudad: los liberados hacia la costa, aún en manos cristianas. Los esclavos para ser vendidos y repartidos. Un hermano de Saladino, Al-Adil, viendo el espectáculo, le pide al vencedor mil esclavos de regalo. Éste se los entrega, y el entusiasta Al-Adil los libera inmediatamente como gesto de magnanimidad. El patriarca Heraclio lo ve y pide que le entreguen unos esclavos, que él los pondrá en libertad: se le conceden 700, que libera y así salva algo su conciencia. Balian consigue hacer que le regalen 500 y los libera. Saladino mismo, en racha generosa y entusiasta, libera él mismo a todas las ancianas y ancianos. También da donativos a viudas y huérfanos y libera algunos esposos cautivos conmovido por las lágrimas de damas francas que ya han pagado su rescate. Como se ve en la película, los cristianos no pueden marchar hasta que se desmonta la cruz de la Cúpula del Peñasco y se eliminan los signos del culto cristiano. En la mezquita de Al-Aqsa se quita todo vestigio de sus anteriores ocupantes, los templarios. Ambos edificios, rociados con agua de rosas, son dedicados al culto islámico. Los refugiados abandonan lentamente la ciudad en tres grupos, uno dirigido por los templarios, otro por los hospitalarios y otro por Balian y el patriarca. En Tiro, atestada, sólo aceptan combatientes. En Trípoli, también llena, les cierran las puertas. Sólo en Antioquía, y de mala gana, les dejan entrar. En la película vemos a Sibila, su cabello rasurado como una penitente, aliviando a los heridos del asedio. Según Ernoul, un cronista de la casa de Ibelin que fue testigo de la mayoría de los hechos que hemos explicado, Sibila dejó Jerusalén justo antes del asedio y se dirigió a Nablus, la sede que había sido de Balian. Otras fuentes dicen que sí estuvo en el asedio y que después fue a Nablus sólo en un viaje rápido. Saladino liberó al rey Guy en marzo (o en julio, depende de la fuente) de 1188 y Sibila se le unió. A los cristianos sólo les quedan los puertos de Tiro, Trípoli, Antioquía y tres fortalezas aisladas, pero la caída de Jerusalén ha causado sensación en Europa y decenas de miles de peregrinos armados desembarcan continuamente en Tiro. Aunque prometió a Saladino no volver a luchar contra él, Guy toma las armas una vez más y ataca el puerto de Acre. Será una batalla larga, a la que llegarán en una nueva cruzada Ricardo Corazón de León y el rey de Francia Felipe Augusto. En ella participará una vez más Balian. Durante este asedio morirá Sibila. Tras la victoria de Acre en 1191, Guy de Lusignon será nombrado por las nuevas potencias cruzadas rey de Chipre, en una especie de honroso exilio. Su dinastía, la del último rey de Jerusalén, reinará allí cuatro siglos. No era un buen estratega ni un gran caballero, y se dejaba llevar a desastres y aventuras por cualquiera que le hablase con suficiente entusiasmo, pero encaja mal con el personaje que han hecho de él en El reino de los cielos, y desde luego no fue desnudado y colocado en un burro como se ve en la película. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=3033 |