
Esta carta es realmente “diver”. Tenemos al ecologista abrazado a un árbol, y parece que algo se esconde en ese arbol. No se exactamente cuando empezó el rollito climatico-ecolojeta de este personaje, pero seguro que en los 90, Al Gore solo era un político que aspiraba a ser candidato a la presidencia. Tal vez ya se distinguia por su “conciencia ecológica” pero no deja de ser curiosa la carta.