Denunciante Leyenda
| Debuts buenos y malos de grandes jugadores
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5,00 | Como reza el viejo refrán, la primera impresión es la que queda. Y en ningún sitio es tan cierto eso como en el fútbol, donde los debuts casi nunca se olvidan y pueden servir de trampolín hacia el éxito o, por el contrario, de primer paso en el camino hacia el fracaso. De todas formas, aunque pocos jugadores olvidan su primer partido con su club o su selección, hay algunos más memorables que otros, como se refleja a continuación Inolvidables... ¡para bien! En primer lugar, están los más afortunados, los estrenos de esos jugadores que dejaron el listón tan alto que se antoja casi imposible mejorarlos. Un ejemplo famoso es el de Zinedine Zidane. El gran "Zizou" era apenas un joven centrocampista que empezaba a despuntar con el Girondins de Burdeos cuando hizo su debut con la selección de Francia en agosto de 1994. Sin embargo, tras saltar al césped cuando los Bleus iban perdiendo 0-2 ante la República Checa, sus primeras aportaciones no fueron muy prometedoras. “Empecé muy mal”, recordaba Zidane más tarde, “con un lanzamiento de falta que pifié por completo, ¡y luego fallé dos o tres pases que hasta un abuelo habría hecho bien!”. Aun así, si decimos que luego mejoró la cosa nos quedaríamos cortos. El chaval de 22 años acabó salvando un empate con el primer doblete goleador de su carrera, tras marcar el primero con un demoledor zurdazo lejano después de deshacerse de dos contrarios, y el segundo con un bonito testarazo en suspensión. De la misma forma que el debut internacional de Zidane ya dejó entrever sus hazañas posteriores, los seguidores del Real Madrid también vislumbraron una leyenda en ciernes cuando Emilio Butragueño se estrenó con el primer equipo merengue en febrero de 1984. El padrino del "Buitre" no pudo ser más apropiado: un Alfredo Di Stéfano que lo hizo debutar ante el Cádiz con 20 años. Y la confianza de la Saeta Rubia en sus posibilidades se vio recompensada con creces, ya que el joven suplente le dio la vuelta a un 2-0 con un par de tantos y el pase del gol de la victoria (2-3). Wayne Rooney es otro de los que dejaron poco margen de mejora, al rubricar su debut con el Manchester United con tres goles al Fenerbahçe (6-2) en 2004, convirtiéndose en el jugador más joven que lograba un hat trick en la Liga de Campeones de la UEFA. Con todo, a sus 18 años, Rooney era casi un veterano en comparación con el aniñado Javier Saviola, que se estrenó con la camiseta de River Plate en octubre de 1998. Con sólo 16 años y apenas un par de entrenamientos realizados con el plantel profesional, "El Pibito"todavía estaba impresionado por el mero hecho de verse entre los suplentes, por lo que su reacción tras causar sensación con su gol fue una previsible mezcla de alegría e incredulidad. “Ya solo con ver mi nombre para estar en el banquillo me pareció increíble”, recordaba luego Saviola. “Tuve que mirar como tres veces el pizarrón del vestuario para ver si era verdad. En mi casa estaban preocupados porque eran las ocho y media de la noche y no había llegado, pero en cuanto le di la noticia a mi papá, nos dimos un abrazo y festejamos”. Amores inmediatos Mientras que el caso de Saviolita debió de resultar en un principio una curiosidad novedosa para la mayoría de espectadores, hay otros jugadores que afrontan su debut soportando el peso de las expectativas (y a menudo, de un cuantioso traspaso). Un ejemplo es el de Tony Cottee, quien, en 1988, saltó al césped bastante presionado en su primer partido como jugador del Everton, al tener que justificar su alto precio (2 millones de libras) y su condición de futbolista británico más caro. Quiso la historia que el joven londinense tardase solo 34 segundos en hacerlo, tras meter el primero de sus tres goles en el 4-0 que se llevó el Newcastle United. Más recientemente, el italiano Giampaolo Pazzini tampoco perdió el tiempo a la hora de empezar a corresponder a los 12 millones de euros desembolsados por el Inter de Milán. Solo dos días después de su fichaje, el delantero logró dos dianas y forzó una pena máxima al final para sellar una remontada mítica ante el Palermo (3-2). “No podría haber soñado con un mejor debut”, reconoció más adelante. De todas formas, en lo que respecta a causar sensación de inmediato, seguramente no haya nadie que pueda competir con el español Isidro Lángara. El delantero vasco, que había jugado en la Copa Mundial de la FIFA 1934, emigró a Argentina en 1939 tras concluir la Guerra Civil española, y puso rumbo a su nuevo país mediante un largo e incómodo viaje en barco desde México.  |