Los aplausos con los que la afición despidió al Once Caldas, a pesar de la derrota de local ante Santos, el miércoles en la noche, en Palogrande, sólo prueban que a los aficionados, que son los que tienen la última palabra, el equipo les gustó y, más allá del resultado, reconocieron que se luchó con todo hasta el últimos segundo. Fútbol, lo tuvo, ganas, también, entrega y verguenza deportiva, amor por la camiseta y por lo que representa, ni que decir.
A nadie le quedó duda de que Santos no es más que el Once Caldas. Lo de ayer, sin duda, fue un accidente del fútbol, un resultado de los que se dan en este maravisollo deporte, en el que, en ocasiones, no gana el mejor. A veces, se tiene mejor suerte y los brasileños, sin hacer gran cosa, sin brindar mucho espectáculo, se encontraron con la victoria, ayudados por la falta de definición blanca y por un árbitro indeciso y sin personalidad que se equivocó en la expulsión de Calle y que dejó de sancionar un penalti claro sobre Rentería cuando el juego terminaba.
No queda duda que el Once Caldas es un gran equipo, que con 10 hombres acorraló a los brasileños, los puso contra los palos y los hizo ver inferiores. Digno de resaltar también el apoyo permanente de la hinchada y el aliento constante, los más de 26 mil hinchas en Palogrande y los millones de colombianos, siguiendo la transmisión por televisión.
Pero nada esta perdido, van 90 minutos de una serie, en la que los blancos van por debajo en el marcador, por la mínima diferencia, en esta Copa Libertadores, en la que el equipo colombiano ha logrado sus mejores resultados jugando como visitante, por eso, el gran equipo y su gran hinchada no se dan por vencidos y ahora lo apuestan todo al compromiso de vuelta en Brasil.
Con la grandeza que lo ha caracterizado, ¿Podrá el Once Caldas nuevamente unir a todo el país en una nueva gesta deportiva?
El tiempo dirá, en esa última instancia, quien es el mejor.