Autorretrato con pipa y sombrero de paja
Óleo sobre lienzo sobre cartón
42,0 x 30,0 cm.
Arles: Agosto de 1888
Amsterdam, el Museo Van Gogh
Autorretrato (Dedicado a Paul Gauguin)
Óleo sobre lienzo
62,0 x 52,0 cm.
Arles: Septiembre de 1888
Cambridge (Massachusetts), Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard
Auto-Retrato
Óleo sobre lienzo
46,0 x 38,0 cm.
Arles: noviembre-diciembre de 1888
Colección privada
Autorretrato con la oreja vendada
Óleo sobre lienzo
60,0 x 49,0 cm.
Arles: Enero de 1889
Londres, Galerías de Arte Courtauld Institute
Autorretrato con la oreja vendada y pipa
Óleo sobre lienzo
51,0 x 45,0 cm.
Arles: Enero de 1889
Colección Niarchos
Auto-Retrato
Óleo sobre lienzo
40,0 x 31,0 cm.
Saint-Rémy: Septiembre de 1889
Colección privada
Auto-Retrato
Óleo sobre lienzo
57,0 x 43,5 cm.
Saint-Rémy: a finales de agosto de 1889
Washington, National Gallery of Art
Auto-Retrato
Óleo sobre lienzo
65,0 x 54,0 cm.
Saint-Rémy: Septiembre de 1889
París, Musée d'Orsay
Autorretrato con gorra
Negro tiza
20,0 x 11,0 cm.
París: Primavera de 1886
Amsterdam, Van Gogh Museum
Auto-Retrato
Lápiz
19,0 x 21,0 cm.
París: de enero a junio de 1887
Amsterdam, Van Gogh Museum
Autorretratos
Lápiz, pluma
31,5 x 24,5 cm.
París: de enero a junio de 1887
Amsterdam, Van Gogh Museum
Diferencias Fisonómicas
El gran número de autorretratos pintados por Van Gogh, que aparentemente facilitarían obtener un retrato claro de su verdadero rostro, también han contribuido a desdibujarlo a causa de la diversidad y cambiante fisonomía que presentan. En cierto modo se puede decir que mentalmente cada uno ha colocado un rostro a su figura, un estereotipo que en cualquier caso, siempre será una abstracción más o menos compleja o simplificada pero siempre alejada de la realidad.
Enjuiciando en estos autorretrato sólo solo su carácter figurativo, su valor como captación de una realidad física reflejada por un espejo, hemos de convenir que tras una visión comparativa, estos rostros presentan tan claras y notables diferencias que podrían hacernos llegar a la conclusión de que no pertenecen al mismo sujeto. Su transformaciones y diferencias morfológicas, son a veces tan grandes que diluyen la posibilidad de reconstruir en nuestra mente una efigie concreta del personaje.
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Baste como ejemplo de lo que decimos las diferencias que se advierten a simple vista entre los autorretratos (1 y 2) realizados con diferencias de meses y datados en 1886, ante los que cabría preguntarse si verdaderamente son retratos de la misma persona.
Cuestión que queda mucho más acentuada cuando como en este caso, la distancia temporal entre los dos autorretratos (3 y 4) es de dos años. Y si comparamos el primero (1) con el último (6), pues incluso hasta nos puede parecer que el personaje pintado en 1889, no sólo no es el mismo sino que además éste parece mucho más joven que el de 1886.
Así podríamos seguir sumando ejemplos de diferencias fisonómicas entre autorretratos hasta la máxima acentuación que acusan los autorretratos 5 y 6, sin ninguna semejaza de parecido y con un personaje absolutamente rejuvenecido si igualmente los comparamos con los autorretratos 1, 2 y 3.
Si además comparamos los anteriores con los siguientes, igualmente distintos entre sí, mucho más sería imposible determinar cual de ellos atendería a un mayor parecido con la realidad o cual entre todos sería el verdadero rostro de Van Gogh. La respuesta mas acertada seguramente sería: todos y ninguno; por eso nos parece el pintor de las mil caras.