Respuesta: Los niños con precio
Los niños prostitutos existen. Están en las calles. Toca buscar su rastro en las instituciones. Allá, donde está la gente seria con sus papeles y sus estadísticas. Allá, donde, se supone, se encuentra el plan mágico de las autoridades para acabar con este delito. Los números son muy pocos: la Unicef asegura que en Colombia 30.000 menores son explotados sexualmente. A la Fundación Renacer, con sede en la ciudad, se le atribuye que en Cartagena podrían ser de 2.000 a 3.000, aunque la institución no confirmó el dato y más bien aclaró que llegar a uno definitivo es complicado. En las entidades estatales la cifra es una hoja en blanco: ni la Alcaldía ni la Policía Metropolitana ni el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) ni la Fiscalía pudieron dar una. Pero hay algunos números para entender el fenómeno: la llamada ciudad Heroica tiene oficialmente 852.236 habitantes, aunque se habla de que éstos ya sumarían el millón. El 70% vive en condiciones de pobreza, algunos en las tristes invasiones que conforman un cordón de miseria que ha sido comparado con las zonas más infortunadas de África. De ahí, de entre los pobres, saldría gran parte de los muchachitos que terminan prostituidos.
Es la explicación de Quelis Rodríguez y Antoine Lissorgues, de la fundación suiza Tierra de Hombres, que trabaja desde hace 30 años en el país y es la única en Cartagena que, además de realizar acciones de prevención, representa jurídicamente a las víctimas sin ningún costo. El director regional del ICBF, Jorge Redondo, declara que si la pobreza fuera un condicionante, “el 75% de la población cartagenera estaría en esa situación”. Como sea, Rodríguez y Lissorgues describen el siguiente panorama: “Antes de 2005 era muy común ver a los menores en la calle. Ahora, con la tecnología que brindan las redes sociales y el celular, es menos evidente el contacto”.
Y describen las modalidades de los explotadores: prostitución infantil en el barrio, en la calle, en los establecimientos, en las redes sociales. El entramado del turismo sexual incluye en ocasiones a taxistas, cocheros, botones de los hoteles, vendedores ambulantes, como Julio, el hombre de la Plaza de los Coches.
Dayanas y Rafaeles andan por todas partes en este salón nacional de fiestas que es Cartagena de Indias sin que nadie repare mucho en ellos. Excepto, claro, los interesados en el negocio. Incluyendo a uno que otro extranjero.
Los extranjeros, mija… ay, ojalá un extranjero me sacara de pobre… pero yo no les creo… a veces me arman unos shows porque yo les prometo una hora y después apenas los dejo como 15 minutos… Un día uno me partió la cara, todo esto, mira… Me quería quitar la plata que él ya me había pagado y yo no me quería dejar… ¿Qué historia, verdá?
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