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Denunciante Leyenda
| La censura más extraña del mundo
Calificación: de
5,00 | Hoy nos adentramos en terrenos más bien sórdidos para echar un vistazo al fenómeno más ridículo, aburdo, extraño y finalmente fascinante de la pornografía japonesa: la censura genital. En efecto, el Artículo 175 del Código Criminal japonés, apenas remodelado desde principios de siglo, castiga con multas y cárcel la distribución de “material obsceno”. Para decidir qué es o no obsceno, la ley se basa aparentemente en la aparición directa de vello púbico y genitales masculinos o femeninos. Evitar lo primero resulta fácil con la ayuda de una navaja y espuma de afeitar, y resulta una agradable sorpresa añadida para los fans de los genitales lampiños. Evitar lo segundo ya es más complicado, y para evitarse problemas con la ley, los productores de porno japonés se vieron obligados a pixelar, ocultar o ensombrecer cualquier pene o vagina, así como las imágenes de coito directo. Verbigracia: señoras y señores, he aquí un coño nipón: Así pues, si ves cualquier imagen o vídeo japonés en el que aparezcan genitales no pixelados puedes afirmar tranquilamente que es (a) ilegal o (b) pensada directamente para la exportación a occidente. A este tipo de pornografía se le llama urabon, y antes de la llegada de Internet iba buscadísima en las ciudades japonesas. Adivinanza: ¿qué se yergue amenazador sobre la cara de esta sumisa atada? La otra única opción que tenía el nipón pre-Internet era comprar un aparatito como los de la foto inferior, que mediante una serie de manipulaciones de imagen, filtros y suaves movimientos de joystick para centrar la imagen, permitía despixelizar los genitales en toda su gloria y esplendor. Desgraciadamente para los japoneses, es un proceso lento, pesado y que obliga a estar pendiente de un joystick metálico en lugar del que es habitual manipular relajadamente en estos casos. No, no es una unidad TENS. Aquellos de ustedes que se estén riendo ahora mismo: piensen en aquella época en que recién desembarcado el Canal Venus en Latinoamérica, muchos se quedaban medio ciegos buscando trucos para decodificarlo… Lo curioso es que en la antigüedad japonesa no existía un tabú especialmente fuerte hacia la desnudez: esta especie de pacatería exagerada nipona hacia la piel, el pelo y la carne es relativamente reciente, aunque por desgracia bastante persistente. Y sin embargo, esta censura tiene un curioso lado positivo: obligó a los productores de pornografía, tanto directores de cine como dibujantes, a esmerar su imaginación para presentar escenas sensuales y excitantes sin poder recurrir a enseñar directamente cuerpos desnudos. Con el paso del tiempo, sumado a que este país es la patria del shibari/kinbaku, y con el añadido de la tradicional represión nipona que sirve de olla a presión para que aparezcan las más variadas parafilias sexuales, la pornografía japonesa se ha ido convirtiendo en una de las más bizarras, inquietantes, originales y fascinantes del mundo. Adivinanza 2: ¿Cuántos japoneses caben en una orgía? La pornografía occidental puede permitirse ser vaga y perezosa: si todo lo demás falla, pueden tirar de primeros planos coitales y arreando. La pornografía japonesa tiene por narices que ofrecer algo más: una atmósfera erótica, una fantasía diferente…  |
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