Ver Mensaje Individual
Antiguo 22-01-2011 , 21:03:46   #8
MiL0
Denunciante Platino
 
Avatar de MiL0
Me Gusta
Estadisticas
Mensajes: 26.365
Me Gusta Recibidos: 11286
Me Gustas Dados: 7792
Ingreso: 29 may 2007

Temas Nominados a TDM
Temas Nominados Temas Nominados 1
Nominated Temas Ganadores: 0
Reputacion Poder de Credibilidad: 208
Puntos: 351953
MiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputaciónMiL0 tiene reputación más allá de la reputación
Premios Recibidos

  
Predeterminado Respuesta: Informacion, Datos y Noticias Hip Hop



.......Continuacion!

Naturalmente, el siguiente paso fue cruzar a la costa Oeste, donde la industria del espectáculo tiene sede. Allí, el marketing convirtió en estereotipo cultural aquello que el hip hop político había denunciado: el crimen y la violencia en las comunidades afroamericanas y latinas. Surgió así el gangsta rap.

Dos de sus representantes emblemáticos fueron Tupac Shakur y Big (también conocido como The Notorious B.I.G.). Shakur y Big se enredaron en una pelea que se expresó en sus canciones. Shakur sugirió el motivo : “You claim to be a player/ but I fucked your wife” (“Dices que eres un jugador/ pero yo me cogí a tu esposa”). En 1996, luego de otras balaceras de las que había salido con vida, Shakur fue asesinado. Big negó haber participado en el primer intento, de 1994, pero acto seguido alardeó en la canción “Who Shot Ya” (Quién te disparó): “Fuckin with b.i.g. it aint safe/ I make your skin chafe, rashes on the masses/ Bumps and bruises, blunts and landcruisers/ Big poppa smash fools, bash fools/ Niggaz mad because I know that **** rules/ Everything around me, two glock nines” (“Chingar a b.i.g no es seguro/ Te irrito la piel, erupciones en las masas/ Hinchazón y moretones, bachas y todoterrenos/ Big poppa golpea a los tontos, noquea a los tontos/ Los negros enloquecen porque sé que el dinero rige/ Todo lo que me rodea, dos Glock nueve”).


Big fue asesinado seis meses más tarde (ninguno de los crímenes fue esclarecido). Enseguida salió a la venta su último disco, donde cantaba: “No eres nadie hasta que alguien te mata.” La celebridad era ahora, a cualquier costo, la meta del nuevo hip hop, un negocio billonario y global.


Según datos de 2006, Diddy (antes Puff Daddy, o P. Diddy, o Sean John, o Puff, o Puffy) es uno de los hombres más ricos de la industria del entretenimiento: tras invertir en televisión y cadenas de ropa, acumuló 346 millones de dólares. Uno de sus competidores, 50 Cent, que invirtió en la marca de aguas Vitamin Water, reportó una ganancia de 150 millones de dólares en 2008.


Para entonces, en palabras de Henry Louis Gates, Jr., director del Instituto W.E.B. Du Bois de Estudios Africanos y Afroamericanos de Harvard, el hip hop ya era “la lengua franca de la cultura americana”. Millones de jóvenes blancos de clase media y alta escuchaban hip hop, se vestían con ropa varias tallas demasiado grande, hablaban el slang de los afroamericanos e imitaban sus movimientos.


Surgió una industria del merchandising, y el hip hop se utilizó para vender camisetas, zapatillas, sodas, coches. Las estrellas del hip hop se unían a las estrellas Hollywood, como cuando Puff Daddy se convirtió en la pareja de Jennifer Lopez. MTV llevaba el hip hop a todos los rincones del mundo, y se alimentaba de lo que esa resonancia producía, un nuevo hip hop global.




Habiendo acumulado fortuna, al hip hop sólo le faltaba el prestigio.


Marcyliena Morgan, una joven profesora de antropología lingüística de la Universidad de California, Los Ángeles, encargó en 1992 a sus alumnos un estudio de campo entre comunidades lingüísticas urbanas de su elección. “Esperaba que eligieran surfers u otros grupos con jergas identificables”, me explicó Morgan la misma tarde en que Popmaster Fabel se fumaba su cigarrillo en la vereda.


Un grupo de veinte estudiantes se rebeló: querían hip hop. Morgan resistió todo lo que pudo –no entendía el interés antropológico–, pero acabó por ceder. Y luego por convencerse. Tanto que terminó sumergiéndose en el hip hop –de “una gran riqueza lingüística”, dice ahora– y montando sobre él su propia carrera académica.


En centenares de campus universitarios de Estados Unidos, miles de estudiantes sin conexión con las comunidades afroamericana o latina pero que habían crecido con MTV, exigieron que el hip hop se incorporara a los currículos académicos y se lanzaron a pedir y tomar clases abiertas.


Las universidades, tan imbuidas de la lógica del mercado que dan a sus estudiantes un periodo de “shopping” al comienzo de cada semestre para que estos “compren” las clases de su preferencia, cedieron pronto. Jóvenes académicos “interesados en estudios culturales, afrocentrismo y/o estudios afroamericanos” descubrieron el hip hop y “se fascinaron por el ascenso de artistas del rap como Public Enemy, N.W.A., Queen Latifah y otros que hablaban sobre la agitación social de la época, especialmente en temas raciales. Este fue el momento además en que el rap entraba a la cultura del mainstream e irrumpía en las estaciones de radio y video masivas”, me explicó Jeff Chang, autor de dos libros sobre hip hop.


En 2002, apuntó Chang, un estudio arrojó que se dictaban unas trescientas clases sobre hip hop en carreras como literatura, música, historia del arte, estudios americanos, sociología y estudios étnicos de distintas universidades norteamericanas. “Basado en mis observaciones personales yo diría que ese número se ha duplicado o tal vez triplicado.”


A fines de los noventa Morgan fue contratada para enseñar en Harvard. Llevó consigo el material que había reunido con la idea de convertirlo en el Archivo del Hip Hop (Chang señaló que hay otro archivo, más completo, en la Universidad de Cornell). Por entonces, dirigía Harvard el economista Larry Summers, de un estilo intransigente que le ganó muchos enemigos, según recuerdan profesores de la universidad, y lo documentara en su momento The Crimson, el diario de los estudiantes.


Harvard había contratado a dos de los mayores intelectuales afroamericanos del momento: Henry Louis Gates, Jr., y Cornel West. Gates, especialista en literatura y un hombre de gran talento para las relaciones personales, llenaba el papel del académico a la perfección. West, pastor y filósofo, era además activista del movimiento de derechos civiles; al entrar a Harvard no abandonó su trabajo político en la comunidad afroamericana.


Muy pronto, Summers quiso domar –según profesores que siguieron el conflicto– el activismo político de West; quería, al parecer, un departamento afroamericano intelectualmente prestigioso, socialmente progresista y políticamente ascéptico. Intentó indicar a West, según denunció este, cómo conducir su trabajo académico. En 2002 West presentó su renuncia y se mudó a Princeton. Con él se fue Morgan, a quien Summers había negado tenure (contrato vitalicio que se da a los profesores confirmados), y otros miembros del departamento descontentos con la política de Harvard hacia los afroamericanos.


Sólo cuatro años pasaron hasta la revancha. En 2006 Summers sugirió en un discurso público que las mujeres eran, por razones genéticas, menos capaces que los hombres en ciencia e ingeniería. En medio de un escándalo público, debió presentar su renuncia. Su sucesora, Drew Faust, trajo de regreso a Morgan, esta vez con tenure. Con ella, al fin, el Archivo del Hip Hop entró en Harvard.


El archivo quedó bajo el paraguas del Instituto W.E.B. Du Bois, que conduce Gates. No porque fuera su lugar natural –aunque es “un lugar lógico”, me explicó aquel– sino porque es su espacio de poder y sólo bajo su ala podía cobijar a Morgan. “En Stanford, Marcyliena tenía una bonita oficina. Pero en Harvard ¡le he dado un imperio! ¿Por qué lo hice? El hip hop es el fenómeno cultural más importante de los últimos treinta años. Imagínate si en 1925 alguien hubiera creado el Archivo del Jazz. Ochenta años más tarde esa persona sería considerada un genio.”


Durante la conferencia de Chuck D, Morgan comentó que todos los académicos del hip hop coinciden en que sólo el hip hop “global, de lugares como Australia”, tiene hoy un contenido político. En Estados Unidos “hace años que no se ve algo como Public Enemy”. Chuck D puso cara de fastidio, pero no la contradijo.


Cerca del final, Chuck D festejó que por primera vez gobierne el país un afroamericano, Barack Obama. Con Obama, egresado de la Escuela de Leyes de Harvard, trabaja ahora, como principal asesor económico, Larry Summers.







MiL0 no está en línea   Responder Citando
 
Page generated in 0,07875 seconds with 11 queries