“A veces no puedo con la soledad”. GC.
Para Carolina María.
Y cuando no quieras caminar sobre senderos empedrados, no llores, habré de cargarte, pisaré sobre piedras filosas, sangraré por ti, sudaré por ti.
Y cuando desfallezcas y al suelo caigas, te levantaré y seré la fortaleza que necesitas para que veas la llegada del amanecer.
Y si el hastió de todo lo que te rodea te hace no desear nada, solo mírame a los ojos que allí se encuentra el fuego que nos une y nos hace uno frente a tantas vicisitudes.
Y si la mañana se demora en llegar, construiré todo un día con mis palabras para vos, el sol será el resultado de tus sueños que no están muertos, solo duermen mientras cruzas el ancho rio por tan angosto puente.
Y si sentís que el aire te falta, ahí he de estar para respirar por vos, seré tu oxigeno y tu vitalidad, el alma no podría existir sino hubiese un motivo de sentir, igual, se necesita del aire para continuar en este trasegar constante por la vida.
Y si algún día crees que soy yo quien no puede más, no te preocupes, es que tomo fuerzas pues debemos continuar así la lluvia golpee nuestros cuerpos, así el sol se pose en nuestros hombros.
Y, al final, cuando hayamos llegado al lugar donde habitan tus sueños, donde tu pequeña princesa alcanzas la plenitud y el cielo se abre en pos de vos, te pido que en ese instante me permitas dormir en tu regazo y que me pierda siempre dentro de tu piel y por ende tu ser.
Samuel Salazar Blandón.