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Ella ha partido a esconderse tras las montañas donde el sol todas las mañanas sale, allá en ese lejano tan cercano de mi ha ido mi amor a buscarla, no me importa la racionalidad, ella es dueña de lo que pienso y de lo que escribo, su ausencia es un hueco dentro de mi cerebro y mis sentimientos, todo es en vano, ella se ha escondido en el lugar donde empieza el amanecer.
Y sin embargo me encuentro revoleteando entre arboles, recuerdos y animales, gentes que se juntan con el campo, todos estos bosques me la hacen perder, siento su olor, estoy cerca, quiero verle y abrazarle, darle un beso tan ínfimo que ni las nubes podrán comprender la esencia de mi ser postrado ante la magnánime belleza de mi musa.
Pero, la tarde es traviesa y se lleva a través de las corrientes de aire el perfume de mi amada, me hace perseguirle por otros campos, otros caminos, y al caer el sol al ajeno lado de mi realidad, me siento sobre una roca, a extrañarla en demasía, a pensar que se me esconde porque de esa manera la noche será eterna, las palabras inconclusas y todo no tendrá sentido si ella no está aquí.
Es por eso que vuelvo al lugar donde habito y me sumo en un silencio que me alberga mientras la noche trascurre lentamente.
Samuel Salazar Blandon.