La noticia no es tan agradable como uno esperaría: sabemos que en estos tiempos de velocidad en la comunicación de la información cada minuto vale oro, y que hay que estar al tanto de todo con el objetivo de tener siempre para ofrecer ese producto que de una manera u otra reluce detrás de cada cosa que compramos.
La novedad. Al parecer, el actor Javier Bardem estaría en la lista de los candidatos a protagonizar una película que dramatice el accidente de los 33 mineros chilenos que, en estas horas, parece alcanzar por fin un desenlace satisfactorio.
33 mineros chilenos encerrados en una mina a más de 600 metros bajo tierra: lo que constituye una obvia tragedia que habría que tener en cuenta en la medida en que muestra nuevamente las terribles condiciones laborales en las que se encuentran las personas dedicadas a este rubro, al mismo tiempo que ha funcionado como noticia que alimenta el ansia de novedad de la opinión pública.
Ahora, este tipo de noticias tiene que invitarnos a una reflexión: ¿cómo puede ser que, sin tener todavía el rescate de todos los mineros atrapados, no sólo tengamos la noticias de que se va a realizar una película, sino que también hay un actor como protagonista en la lista de espera? ¿Se debe tomar esta nota como un acto cínico de un mercado que ya poco le importa la tragedia, salvo a título de material de blockbuster?