Continuamente hay personas que después de haber pasado por varias decepciones amorosas comentan: “estoy cansado/a de jugar jueguitos”, “no creo en hacerme el/la difícil para conquistar a alguien”, “lo siento, no voy a pretender ser lo que no soy”.
La psicología del amor nos obliga a participar en muchos juegos, y cuando te niegas a participar, de todos modos estarás jugando, ¡sólo que en tu contra!
Uno de estos juegos se llama “La Ausencia”, consiste en saber ausentarse o alejarse en el momento preciso para obtener un objetivo. Este juego, además de ser muy popular en las relaciones amorosas, también se practica en las relaciones comerciales, laborales y hasta en el mundo artístico.
Por ejemplo, la actriz de cine, Greta Garbo se retiró de la actuación cuando estaba en la cúspide de su carrera y tenía apenas 35 años. Su repentina ausencia hizo que su público la extrañara y su fama aumentara. Ella sabía que cuando algo se vuelve muy accesible pierde su valor. Así mismo sucede en el comercio. Cuando hay abundancia de un producto, su precio disminuye, y si hay escasez aumenta. En el amor ocurre lo mismo, deseamos ardientemente lo que es difícil de obtener, y damos poca importancia a aquello de lo que estamos saturados.
Cuando quieras enamorar a alguien, al principio es necesario que compartas mucho tiempo con esa persona. Pero una vez se establece la relación, hay que conceder un espacio para crear un balance entre estar ausente y estar presente. Si te comportas como un gemelo siamés, que no puede separarse, te conviertes en costumbre y desaparece la emoción por verte y terminas como un intenso.
Muy bien lo explican estas famosas palabras: “La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las llamas”.
De vez en cuando, hazte ausente. No llames, no contestes llamadas en los posible ni tengas mucha actividad en redes sociales, es fácil y simple. Deja pasar el tiempo. A la larga no sólo serás más deseable, sino que te darás el gusto de escuchar el dulce sonido de las frases: “te extraño”, “me haces falta” y “¡estoy feliz de verte!”.