Denunciante Constante
| Las vampiras de San Vicente
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5,00 | La niña Carmencita Mendivil, de siete años de edad, fue invitada a entrar en la lúgbre y antigua casa de San Vicente del Raspeig (Alicante), engañada para ver unos "conejitos" y saborear algunos dulces. Una vez dentro, cerraron las puerta y Francisca, una vieja hechicera, la agarró de un brazo mientras Benita, su criada y cómplice, le ayudaba con el otro brazo. Le arrancaron las ropas y asestándole golpes, dispusieron a la niña para que la violase el viejo Bartolomé, un anciano impotente y medio paralítico que pretendía así recuperar su "hombría" y virilidad.
Tras el espantoso tormento, la niña fue arrojada a un pozo donde esperaron la muerte. Creo que de todos los "macabros" rituales y horrendos crímenes de la historia negra de España, éste se lleva "la palma". Quizá me afecte tanto por ser yo mismo oriundo de esta bonita y tradicional población, aunque cualquier lector se percatara de la brutalidad de este crimen,premio a la locura y a la depravación amparada por creencias nigrománticas.
He de agradecer a mis queridos amigos y periodistas Antonio García Sancho y Elena Merino la información prestada reflejada en las crónicas de los periódicos de la época, la que me he servido para recopilar la historia y revivir este crimen ritual. Y del mismo modo a mi, tambiénamigo, y policía local de San Vicente, Serafín Serrano, quien escribió hace ya tiempo sobre el asunto, aportando incluso datos que fueron silenciados por la prensa de la época. • Los terribles hechos Todo comenzó el 7 de octubre de 1924, cuando la edición vespertina del Diario de Alicante -antecesor del actual Diario Información- publicaba la noticia dé la desaparición de la niña Carmen Mendivil Borja, en extrañas circunstancias: "La niña Carmen Mendivil de siete años de edad, se ha acicalado esta mañana y después del desayuno ha salido de su casa marchando al colegio. Salió a las nueve y media. Vive con sus padres que poseen un establecimiento de comestibles en la calle Salamanca, cercana al colegio". Desde esa hora nada se ha vuelto a saber de la niña, ni de ella hay rastro ni huella." Así nos describía el periódico alicantino la desaparición de la niña, que causó un gran impacto en la población de San Vicente del Raspeig, cuyos vecinos comenzaban a sospechar que algo iba mal a eso de las cinco de la tarde: "No falta quien asegure que esta mañana a las diez, ha sido visto un forastero de unos 30 años, que llamaba sigilosamente a un niño de corta edad, que receloso, no acudió al llamamiento".
La niña marchó al colegio de Doña Luisa García, situado en la calle Mayor de la población, vistiendo la "bata" de colegiala a cuadritos color marrón, calzaba sandalias y en el cabello llevaba un lazo blanco; en el corsé un imperdible con cinco "medallitas" y un bolso con libros y costura.
Durante la mañana del 8 de octubre un vecino de la calle Mayor, alertó a la Guardia Civil de que había visto a la niña cruzar desde ésta a la del Pozo. También otra joven de su edad ratificó tres veces la declaración. La Guardia Civil efectuó registros durante la mañana del 8 de octubre en domicilios de las calles Mayor, Hornos y del Pozo, así como en las casas campesinas cercanas. También se efectuaron sondeos en cisternas, aljibes y pozos, así como registros en las casas más alejadas de la población y aldeas vecinas, sin obtener resultado positivo alguno.
El desconcierto era absoluto. La madre de la niña Carmen Borja üllo, de 38 años de edad, que regentaba un establecimiento de comestibles en la calle Salamanca, era viuda desde 1918 y estaba "enloquecida" con la pérdida de la niña. A falta de noticias de los cuerpos deseguridad, durante la tarde y la noche del 7 de octubre y la mañana del día siguiente en San Vicente se organizaron batidas de vecinos en busca de la niña, a caballo en bicicleta y a pie, circundando las pedanías y barrios de la zona. Incluso se llegó a crear un cordón alrededor del pueblo que no dejaba salir a nadie. Una de estas batidas fue encabezada por el entonces alcalde Vicente Antón, y le acompañaban el juez de paz, señor Guerrero, y el médico del pueblo, Vicente Alós, así como varios miembros de la Guardia Civil. Esta batida fue dirigida hacia los barrancos y las cuevas cercanas a la población. • Encuentran el cuerpo de Carmencita Cuando por enésima vez, durante la mañana del día 8, la Guardia Civil registraba casas y pozos de la calle donde fue vista por última vez, en el número 32 de la calle Mayor aparecía el cuerpo sin vida de la pequeña flotando en un pozo. Andrés Huesca -apodado "el Barbudo"- fue quien alertó a los guardias de que "había algo flotando en el pozo".
El pueblo de San Vicente, conmociona-do, buscaba culpables. La madre desconsolada por la pérdida de la niña, decía que no conocía enemigos de ella ni de su difunto esposo,descartando la venganza.
Al poco de encontrar el cuerpo, llegó a San Vicente el Juzgado de Instrucción, constituido por el juez municipal del distrito norte Ramón Alberola, con el teniente fiscal Leopoldo Castro, el señor Platón -oficial- y el médico forense.
Tras el levantamiento del cadáver se produjeron las primeras detenciones en el pueblo. A las dos de la madrugada ingresaban en prisión preventiva cinco detenidos: Benita Carbonell Huesca, Francisca
Jover Ferrándiz, Bartolomé Marhuenda Paya, Andrés Huesca Jover y Juan Bevia Barbera, quedando al cargo de los oficiales de guardia Pedro Cenan Chacón y Joaquín Martínez escudero. • Declaraciones de los detenidos Francisca Jover Ferrándiz, de 60 años de edad, declaró a la prensa que era inocente. Argumentando que se llevaba muy mal con un sobrino suyo -José Jover, sastre que vivía en el 30 de la calle Mayor - a causa de una disputa económica en una compra de telas enBarcelona, que seguro habían hecho por inculparla y procurar su desgracia.
Cuando entró en prisión tenía el rostro compungido, estaba desgreñada, vistiendo una toca negra de lana, una raída falda del mismo color, ya "parda" de tanto uso, saliéndole las mangas de la "chambra" por debajo de la blusa que se ocultaba bajo la toca. Su pelo era blanco, casi amarillento, caía en mechones sobre su frente y ojos claros, que lacrimosos ysucios se atisbaban pequeños y legañosos.
Ésta era natural de San Vicente, pero vivió en la población de Monóvar -donde tenía una sastren'a-mercena- con su marido Bartolomé -que era de allí-, hasta que siete meses antes del crimen llegaron a San Vicente con el fin de atender mejor el grave estado de salud de su marido parapléjico.Todo esto fue a instancias de Ramón Jover, que era el hermano de Francisca.
Posteriormente se pudo saber por los vecinos de Monóvar de la plaza de Canalejas -donde residía en esta población-, que ésta era una mujer muy mala, misteriosa, usurera y que practicaba el curanderismo y las artes de la hechicenra.
Por otro lado Benita Carbonell Huesca, de 50 de años de edad, desempeñaba sus servicios para Francisca, su ama. Ésta tenía antecedentes, pues había arrojado a un niño de corta edad a una acequia, por lo que fue ingresada en el psiquiátrico por demencia. Posteriormente se sabe que trabajaría en dicho hospital de enfermera. Después estuvo prestando sus servicios como sirvienta en una casa de Alicante cuyos dueños pronto tuvieron miedo de ella pues decían que "no estaba en sus cabales". Confesara posteriormente que ayudó a cometer el horrendo y macabro crimen. En un principio, la declaración de Benita fue clara y concisa, narrando cómo la infeliz Carmencita pasó por delante de la casa y la señora Francisca la llamó, ofreciéndole dos peladillas. Luego ella tuvo que ir a hacer unos recados e ignoraba lo que ocurrió, pero al regreso vio a Francisca y a la niña salir de un "cuarto" y la llevó al "patio" de la casa con el fin de enseñarle unos "conejitos" blancos que tenía. Luego escuchó gritos y al ir a ver qué ocurría, encontró a Francisca sujetando a la pequeña. Ésta le ordenó que le ayudase a tirarla al pozo, cosa que Benita hizo.
Los diarios tacharon de "imbécil" a Benita, basándose en la trayectoria de esta mujer, que terminó su entrevista diciendo: "Luego Francisca me amenazó de muerte si decía a alguien lo que allí había ocurrido".
Las declaraciones de Andrés Huesca también fueron interesantes. La gente sospechaba de él, pese a ser quien alertó a los guardias de que había encontrado a la niña, cosa que desde un principio le excusaría. Era sobrino de Francisca, albañil de profesión y el día del crimen estaba trabajando en la casa de "Tona la Llobeta".
Esa jornada había salido a las siete y media de la mañana hacia su trabajo y regresó a las doce, yendo directamente hacia el patio, pues tenía que ponerles agua a unas palomas que poseía. Entonces, cuando arrojó el cubo al pozo algo tropezó con éste; así encontró el cadáver. Se dispuso de inmediato a dar parte del hallazgo pero Francisca y Benita se lo impidieron con excusas. Al final, al día siguiente y ante el desconcierto, lo comunicaría.
Bartolomé Marhuenda Paya era el marido de Francisca, estaba casi ciego y medio paralítico. A éste se le atribuyó en Monóvar un crimen del que nunca se pudo demostrar su culpabilidad.También era conocida su "tacañería" y los negocios sucios que mantenía con los campesinos.
Y por otro lado Juan Beviá Barbera, que era mudo y compartía vivienda con Andrés Huesca. Por ello fue detenido, pero como nada tuvo que ver fue puesto en libertad de inmediato. 
__________________ mejor tres años de aventura que treinta años cavando mi sepultura |