| Denunciante Ultra
| Respuesta: ★Textos Gore -Rotten ★ buenas noches la gente por aca actualizando uno de los mejores topics de la zona  KILL BILL: La dulce sorpresa
Categoría(s): gore, peliculas, morbo, kill bill Eran las 2 de la tarde. Después de matar a Bill y definitivamente crecer con su hija el resto de su vida. Beatrix sufrió un duro golpe. Uno más grande que la supuesta “violación” el día de su boda… Su hija, fue asesinada. Cómo pensar que no hubiera venganza para Beatrix, y más si se trataba de su pequeña hija. En efecto, el asesino de la pequeña, era una joven de 18 años, Violett. Gorda y pálida, aunque dulce al mismo tiempo. Su maneje con los cuchillos era increíble. Se la conocía como pastelito de fresa. Beatrix estaba acostumbrada a luchas de élite, pero Violett era una de esas jefas de élite en el arte de matar. Nadie podía imaginar que con ese sobre peso pudiera ser tan ágil. Antes de salir de casa, cogió su Khatana. Y en efecto sabía la dirección de la vivienda de Violett. La dulce y joven asesina, se encontraba cómodamente en su casa saboreando un suculento pastel de nata y fresa de pie, junto a la vitrocerámica de su sencilla cocina. Hacía algo de calor, y se encontraba en ropa interior. Beatrix observaba el interior de la casa desde la cristalera del salón, intentando encontrar a la asesina de su hija. En un momento determinado, Violett agarró un trozo del pastel, y se dirigió al salón en un andar coqueto y risueño. Pero, su sonrisa se borró al ver la cara vengativa de Beatrix, que la miraba fijamente al mostrarse su silueta. – Ahí estás… Hija de puta. – Dijo Beatrix entre dientes al verla. Violett pudo leer sus labios, y dejó caer el trozo de pastel al suelo al quedarse totalmente impresionada. Sin pensarlo más, Beatrix destrozó la cristalera de una patada, y una vez en el salón, desenvainó su kathana mirando a los ojos verdes de Violett. – Tú…– Dijo Violett al mirarla también. – Sí. No era de extrañar encontrarte comiendo, pastelito de fresa. – Cómo… Sabes mi apodo. – He estado estudiando todo sobre ti. ¿Cómo crees que he llegado a encontrar tu domicilio? Violett no respondió, y en su lugar, sonrió placentera mirándola. Con total naturalidad, se sentó en el sofá y cruzó las piernas llenándose un vaso de zumo. – ¿Es una casa bonita, no crees? – Dijo mirando su vaso – Si eres sicaria, te permites todos los lujos. – Dijo mirándola sin perder la compostura. – Así es. Un trabajo divertido, matar. Y rodeada de lujos y comodidades. Beatrix la miraba con odio. Veía como bebía el baso de zumo. De todas maneras, estaba desarmada. La extrañaba su tranquilidad frene a una kathana. – Cómo no puedes cansarte de engordar… – No importa. Adoro mi lindo cuerpo. ¿Sabías que… Gracias a tu hija, he podido contruir una piscina en el jardín? – Dijo coqueta. Beatrix no podía soportar ese comentario, y con los ojos humedecidos, y una fuerte respiración, corrió hacia ella con un grito y la kathana alzada. Pero Violett sacó sus cuchillos de debajo de la mesa y a tiempo pudo bloquear el filo de la kathana. Ambas se encontraban bloqueadas con sus armas. Violett sonreía dulce y Beatrix la miraba con ira haciendo fuerza. La joven asesina desbloqueó el forzamiento con un deslice de ambos cuchillos que rajaron en forma de X la ropa de Beatrix, haciendo ligeros cortes en su piel. Beatrix los observó y después a ella. – Así que es cierto, eres rival de élite a pesar de su obesidad. – ¿Dudabas de mí? Al terminar de preguntar con una dulce sonrisa en la cara, se levantó del sofá, caminando linda hacia ella con ambos cuchillos de combate en las manos. – Tus padres… ¿Vives sola? – Están muertos… Me ofrecían gran cantidad por su muerte. – Respondió dulce. Beatrix se aproximó y descargó una patada horizontal hacia su cara, pero ella pudo esquivarlo, y en mitad de la maniobra, cortó rápidamente por detrás de las rodillas de Beatrix, haciéndola caer al suelo con inmenso dolor agudo. Sus rótulas sangraban, la sangre manchaba el suelo, y apretaba los dientes con dolor. Violett caminaba con tranquilidad alrededor de ella. – Será fácil eliminarte. – Dijo la joven con seguridad y frialdad. – No lo creo. *– Respondió Beatrix girando su cabeza a ella. Apretando el mango de la kathana, realizó un giro de 180º intentando cortar sus pies, pero ella pudo saltar evitándolo. Beatrix se percató de ello y se puso en píe consiguiendo darla un codazo en la boca haciéndola sangrar y tirándola al suelo. Sus rodillas poco podían mantenerse temblorosamente. Ahora era ella la que permanecía en el suelo, llevándose la mano a la boca, y mirando su propia sangre en sus dedos. – Tu cuerpo es vulnerable a los cortes. Eres blanda y redondeada. Será fácil destriparte. Violett la miraba desde el suelo con algo de preocupación. La posición era estratégica, pero podía levantarse ágilmente. Dejándose de sonrisas, fijó seriedad en su mirada, e intentó levantarse con algo de torpeza. Para su mala suerte, era demasiado lenta al recuperar su compostura y Beatrix la tumbó de nuevo con una patada en la garganta. – Así que eres ágil en combate, pero una vez que te derriban te pesa el cuerpo. – ¡Cállate! La respondió después de toser sangre y agarrarse el cuello con dolor. Al parecer esa patada fue fulminadora en la garganta de la dulce asesina. Beatrix la miraba con una sonrisa vengativa. Y colocó la pierna encima del vientre de Violett. Esta miró impresionada al sentir el tacto de la suela en su descubierta panza. Sabía que eso significaba algo. Sus cuchillos se encontraban lejos. Y sólola quedó agarrar la pierna de Beatrix con sus dos manos, mirándola a los ojos y jadenado. Beatrix sentía el tacto de sus blandos dedos en su pierna, algo que no podía sentir por odio y repulsión, y de este modo, cortó sus brazos con un rápido movimiento de kathana. La sangre comenzó a brotar de sus brazos seguido de unos chillidos agudos pero dulces al mismo tiempo. Violett no dejaba de gritar y estremecerse en el suelo. Cerrando los ojos fuertemente y llorando. – Aun eres muy niña – Dijo Beatrix mirándola desde arriba. – ¡Pero mi hija era más inocente aun! – Dijo acabando con su vida, decapitándola en el mismo escenario. Un silencio reinaba en la sala… Sólo podía escucharse las respiraciones de Beatrix, llena de cansancio, y dejó caerse de rodillas. Descansando en cuerpo y mente… Su venganza había sido completada. Pero lo cierto es que siempre se encontró sola ante su único hábito de vida; los sacrificios interminables.
__________________ Io sonno il capone della mafia |