buenas tardes por aca actualizando el topic, un relato largo pero interesante (Y)
Klaus «El Carnicero de Hannover»
Hace una semana…
Tengo un garaje debajo de mi casa, de paredes negras, y cadenas y grilletes repartidos por todos los rincones, este es mi pequeño trozo de cielo, mi lupanar de la inmundicia, aquí tengo mis cortos momentos de alegría.
Ya van treinta y una, rubias, delgadas y con ojos angelicales, toda la culpa la tuvo mi madre, la degeneración encubierta, desde los cinco años dándome palizas y caricias al anochecer en el cuarto oscuro de la casa de un vecindario obrero en Hannover.
Reconozco que siento placer desde el primer momento, desde que las secuestro, hasta que las desangro, a veces incluso con mis propias uñas, deseo satisfacer todos mis sueños, mis locuras y pensamientos morbosos.
La última, Elke, despierta de su profundo sueño inducido por las drogas que la suministré en contra de su voluntad, atada de pies y manos con mis nuevas cadenas refulgentes. No sabe donde esta y mira hacia todos los lados y yo, escondido en las sombras de un rincón, deleitándome con su iniciado miedo y tocándome sin pudor la entrepierna.
Salgo despacio de mi escondite y la chica grita, inútil, las paredes están insonorizadas con la mejor tecnología que pueda existir, me acerco a ella y la propino un puñetazo en el estómago, que la deja sin aliento y hace que su cabeza caiga casi inconsciente en su pecho, intentando exhalar el necesario oxigeno para poder seguir viviendo. Sin mas dilación me desnudo y le muestro mi cuerpo de dos metros de altura y ciento ochenta kilos, estoy gordo, y sobre todo fofo, no he hecho ejercicio en mi vida, pero con extremo frenesí arranco sus ropas como si fueran de papel, y allí queda, desnuda, indefensa, que placer mas sutil, que genialidad la mía al engañarla para que me ayudara a subir a mi casa, haciéndome pasar por tullido, cada día lo hago mejor, claro, entreno para ello.
La violo así, de pie, sin importarme sus gritos y lloros, es lo que mas me enerva, lo que mas inflama mi corazón, la violo sin piedad varias veces, hasta que la sangre empieza a manar.
Creo que ha llegado el momento de sacar mis instrumentos, sierra, bisturí, tijeras y grapadoras de clavos son mis favoritos, pero poco a poco, no quiero perderme ni un segundo de su sufrimiento, por que todo su dolor es lo que me da la vida. Sudando de esfuerzo y sin limpiarme la sangre que corre por mis piernas, la corto una oreja y la mastico sin pudor, no me gusta su sabor, pero su expresión de tremendo horror hace que tenga de nuevo una erección palpitante y monstruosa, escupo los restos de su oreja y empiezo a cortar despacio entre sus costillas, sublimes cortes delicados y sugerentes, me gusta pensar que es arte, arte de la carne…
Se desmaya con un suspiro, así que voy a por la botella de agua y se la echo por la cabeza, tarda unos segundos en despertar de nuevo, dispuesta a seguir deleitándome, finos hilos de sangre corren hacia abajo y pequeños charquitos de sangre aparecen a sus pies.
Cojo las tijeras de sastre y con un diestro movimiento le corto un pezón y lo recojo del suelo, después le pego una patada y sale disparado hacia una de las paredes del fondo, gime y llora como nunca lo ha hecho, su vida ha sido siempre un triunfo de la belleza y ahora descubre cuan frágil es el cuerpo humano, cuan frágil es la piel y la carne tersa.
Durante unos minutos que parecen horas dejo que descanse, quiero que dure, quiero que sufra, quiero que piense unos momentos que hace allí, quien soy y por que estoy haciéndole todo esto, la experiencia me dice que todas imploran por su vida, todas prometen cosas inimaginables a un gordo cabrón y sucio como yo, pero no me creo nada, la primera puta fue mi madre, las demás son solo copias irredentas del original, no hay perdón, tampoco lo conozco, solo el momento de las súplicas y devaneos absurdos es real.
Cojo la grapadora y la examino detenidamente, esta completamente cargada, cincuenta clavos, me pregunto cuantos aguantará esta sin desmayarse de nuevo, hubo una mujer que aguantó dos cargadores y por ello la amé.
Sin pensarlo le meto cuatro clavos en los brazos, nada de venas, se me moriría en unos minutos, calculo la trayectoria y solo atravieso carne, aun así ella estira su cuello todo lo que puede hacia el techo, eso duele, la digo.
Cuatro clavos mas en los muslos, con el mismo cuidado de antes, es una buena zona para volver a clavar otros tantos, así que descargo mi violencia allí hasta que cae sin sentido de nuevo, treinta y dos clavos, si, me ha gustado.
La despierto de nuevo pasada media hora y después de haber cerrado con sutura las heridas mas complicadas, eso me dará un par de horas más. Estas sesiones no tienen sentido si por lo menos no me duelen los brazos de esfuerzo.
Después de detenerme un buen rato en sus nalgas, con unos cuantos cortes mas de bisturí, creo que ha llegado el momento y voy a por la sierra, no sin antes hacerle un torniquete a la altura del codo, ella ya sabe lo que va a pasar y de nuevo grita, por fin, otra vez ese sonido celestial, sus ojos están hundidos y sus labios después de unas bofetadas con la mano abierta ya no son los mismos, son simples caricaturas de lo que llegaron a ser.
Cuando empiezo a serrar su brazo, siento el crujir de la carne, no es un sonido estridente, sino delicado y muy sensual, por supuesto la sangre hace de lubricante, llego hasta el hueso y continúo más y más fuerte, ahora es cuando pongo toda mi fuerza y voluntad en ello. Consigo dejar el brazo medio colgando sin que se desmaye, estoy convirtiéndome en un prodigio de la técnica de la amputación, de nuevo tengo una erección de caballo y decido descargarme allí, en el corte sanguinolento, y con un toque de maestría acabo en su cara cuando estiro de su cabeza hacia abajo con violencia, creo que me quiero cada día mas.
De un tirón le arranco el brazo con mis propias manos y se lo enseño, su cara es una caricatura de pavor, ahora es cuando empiezan a perder la esperanza, así que tiro el brazo al suelo y voy a por unas vendas, que lentamente le aplico a su medio brazo, la doy de beber agua y la lavo con unas toallitas perfumadas la cara de mocos, lagrimas y rimel.
Me pregunta si ya he terminado y si la voy a dejar escapar, la digo que si, que ya he acabado con ella y me he divertido mucho, me promete que no me denunciará a la policía y la respondo que la creo, mero trámite camino del fin.
Es el mejor momento de la noche, ella recobra su confianza, recobra la esperanza, no puedo dejar de reírme y noto como un fino hilo de baba me cae por la comisura de los labios, no hago nada por limpiármelo, forma parte de mí.
Le regalo los oídos con lo que quiere oír, me acerco a recoger de nuevo el bisturí, mientras hablo y hablo, me voy acercando a su cara y la beso en los labios, ella llora, no se si de alegría, ¿de verdad piensa que puedo dejarla ir sin mas?
Empujo el bisturí en su ojo derecho, pero no hasta el fondo, solo lo suficiente para hacer palanca y sacarlo como si descorchara una botella, por desgracia todo el humor vítreo corre por su mejilla y llega a sus labios, sin querer prueba el sabor de su propio ojo, ¿le habrá gustado?
Con el que le queda sano, una mirada de desesperación me acuchilla y me llega hasta lo mas hondo, eso no hace mas que alegrarme la noche y creo que ha llegado el momento de terminar la diversión, así que vuelvo a clavar el bisturí, pero esta vez hasta el fondo con las dos manos y después escarbo con fuerza hacia dentro y hacia los lados, un chorro de sangre me empapa la cara y la bebo con fruición, unos segundos mas tarde Elka muere entre mis manos, por lo menos no ha visto mis lagrimas de pena, al saber que todo ha acabado, y después y como siempre, llega lentamente el silencio…