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Antiguo 15-08-2010 , 21:25:21   #158
Don Alcapone
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Predeterminado Respuesta: ★Textos Gore -Rotten ★

panitas por aca me lei un texto que muestra la realidad de muchas personas ... las cuales estan en la guerra

Cuando se despertó, no recordaba nada de lo sucedido. Miró a su alrededor y no vio más que muerte y desolación en cada esquina con la que chocaba. Intentó levantarse. Los brazos le temblaban, las piernas no respondían, y aquel naseabundo olor le recorría sus entrañas. ¿Cómo podía un olor penetrarla de aquella manera?
Sus ojos apenas eran un ligera cortina de pestañas, apenas una rendija le deja vista al exterior de sí misma, y no podía reconocer nada. ¿Dónde se encontraba?¿Cuál era aquel lugar?¿Cómo había llegado hasta allí? En su boca, el sabor a hierro de la sangre reseca, algún que otro diente se había roto, su sonrisa había dejado de ser perfecta. Bajo sus manos, se extendía un líquido viscoso. Se sentía muy débil, las fuerzas casi la habían abandonado por completo. Su pelo era una pasta que se pegaba con fuerza a su cara, dejando solo algunos resquicios de piel libre que descubrieran lo que había sido antes de llegar a aquel paraje cubierto de vómitos, que se esparcían por el suelo junto a las vísceras de otros que no corrieron su misma "suerte". Suerte. Buena o Mala. Dentro de la destrucción, el caso es que seguía viva. ¿Pero quién querría seguir viva rodeada de muertes? ¿Porqué seguía aferrándose a un mundo que solamente le devolvía cadáveres y desolación? Se sentía una superviviente, sin saber porqué, y algo le hacía mantenerse consciente a pesar de todo.Apenas podía moverse. Quieta, muy quieta, permanecía aislada en su rincón con los músculos agarrotados, atrapado en un cuerpo que no respondía a sus impulsos. El sofocante calor se introducía por cada uno de sus poros, las lágrimas brotaban de sus magullados ojos, un intento de grito a través de unas cuerdas vocales inertes. Silencio. Trozos de carne en descomposición a su alrededor, sola, nadie la escucha, nadie puede verla, ni siquiera ella misma puede hacerlo.
La primera reacción de su cuerpo, tras la descomposición de su estómago, fue vomitar, manchandose los pies con su propio vómito. Una y otra vez, intentaba levantarse, más una y otra vez caía tambaleándose sobre sí misma debido a sus débiles rodillas. Con las pocas fuerzas que le restaban, apoyaba sus manos sobre aquellos cuerpos inertes que le impedían el camino. Cuerpos incompletos que se derramaban por el suelo. Sintiendo como aquella pegajosa mezcla se incrustaba entre los huecos de sus dedos. No podía pensar en nada, tan solo en salir de allí, sin saber porqué, no quería correr la misma suerte que aquellas caras que ya se encontraban en descomposición, que aquellas muecas tristes de vacíos ojos dóde los gusanos hacían de las cuencas su alimento. Cuando consiguió ponerse de pie y mantener el equilibrio, sus lentos pasos iban unos al compás de los otros, los rasguños de su cuerpo le escocían, mareada y sin rumbo daba tumbos por la calle, en medio de una vorágine sin principio ni fin. Perdida, sucia, y con lágrimas en los ojos. Sin conocer su situación ni saber donde ir.
Mientras iba dejando atrás la devastación que a duras penas había atravesado, ante se ella se abrían campos desiertos, los perros caminaban famélicos, los árboles se habían secado y parecían simples juncos mecidos por el viento, manchas marrones que iban quedando atrás en el silencio, vacía, solitaria y olvidada. ¿En qué rincón de la memoria se haya escondido ese lugar que reconoce pero no recuerda? Sigue pensando que nunca estuvo allí mientras se sumerge dentro del reloj de arena movida, dunas donde crece la hierba seca, donde el abandono y la desolación van unidos de la mano, donde ayer hubo un lago, hoy grietas surcan. Hastiada, sigue caminando, acariciando la soledad que le ofrece el momento. Aún no puede recordar. El viento sigue soplando con fuerza, las espinas de la maleza arañan sus piernas
Silencio. Si no guardas silencio la noche no te contará sus secretos. ¿donde estás? perdida ¿importa? No. Esta no tiene la angustia de otras pérdidas.
De momento no. Solo observa, mira los áridos campos que tus pies pisan. Vacío. Solitario. Olvidado. ¿En qué rincón de la memoria te hayas escondida?No recuerda ese lugar.
Crees que nunca estuviste allí ¿nunca? Sigue recordando. Sumérgete dentro del reloj de arena.
Arena movida, dunas con hierba seca, abandono, desolación, juncos estriados saludan al lago que los abandonó a su antojadiza suerte, gruesas grietas hoy lo surcan.Donde antes hubo arbustos, ya solo quedan ramas secas, el invierno se ha instaurado en la fuente de la primavera. Las espinas de la maleza dejan clavada su ira al rozar sus piernas. Cae rodando por las escaleras de la conciencia. El suelo mella sus rodillas, brota la sangre formando pequeñas heridas que surcan un solo concepto. Mana despacio y cálida, derramando su tibieza sobre la ajada tela rota de la manchada falda. No queda camino, solo pasos. Y siente que es su corazón quien se marchita a través del intermedio de sus piernas. Y nota que hay algo que falta y mucho que sobra. Se siente hinchada y perpleja. Un solo latido, dos corazones. Se recuesta sobre sí misma sobre la arena seca, caen gotas de lluvia y con ellas recuerda la tormenta. La invasión de soldados que llegaron a su pueblo. Los disparon por doquier que ensordecieron sus oídos. Como entraron en su casa y se llevaron a su padre. Recordó la muerte de sus hermanos. Como habían rodado sus cabezas por el suelo, como habían sido machacadas bajo las botas de aquellos que iban marcando la destrucción a su paso.
Se vio a sí misma escondida en aquel rincón oscuro, temblando de pánico, rezando porque no pudieran encontrarla. Rodeada de dolor, angustia y miedo. Volvió a presenciar la brutal paliza que habían propinado a su madre, como había caído al suelo cuando sus fuerzas se agotaron, llena de moratones por todas partes, casi exhalando su último suspiro. Y volvió a revivir como la habían penetrado salvajamente una y otra vez ante sus ocultos e inocentes ojos. Cómo se desplomaban uno detrás de otro sobre ella, mientras la impotencia se apoderaba de su menudo cuerpo. Esperó a que todos se hubieran ido para salir de su escondite. Su instinto de supervivencia la habían hecho permanecer inmóvil. Cuando salió a las calles oscuras, tropezó con los muertos desvanecidos en las aceras. Caminó sigilosa y en silencio. Pero no tardaron en encontrarla. Aún se clava en sus oídos la carcajada de aquel que la hallara."¿Pero qué tenemos aquí?" preguntó con voz melosa. "Si no es más que un pobre y asustado conejito. Ven. Ven conmigo". Retrocedió sobre sus pasos, echó a correr lo más rápido que pudo, pero no llegó muy lejos antes de ser alcanzada. "¿Así que me tienes miedo eh?" preguntó una vez el mismo que le diera caza. "Has sido una niña mala ¿sabes? ¿Sabes que es lo que se le hace a las niñas como tú?" Ella guardó silencio. "¿No lo sabes? No te preocupes, muy pronto lo sabrás".La arrastró hasta el cuartel general. Una vez allí, entre todos aquellos monstruos, rajaron sus vestimentas y la montaron sin piedad. Tal como había visto hacer con su madre.
Ahora, recostada sobre la arena, sentía su vientre hinchado mientras recordaba como aquellas asquerosas manos se hundían en su cuerpo, como lenguas insipidas llenas de babas atravesaban su boca, recordó el sucio aliento que alimentara su cogote. Y la caída. Recordó de nuevo la explosión que la había llevado hasta donde desperté carente de recuerdos. Ahora se retuerce sobre su propio dolor. Posa sus manos sobre sus caderas, sabe que desea acabar con sangre inocente, con carne de su propia carne, pero lo que con odio se engendra, con odio se destruye. Lo engendrado con lágrimas acaba con dolor. Lo engendrado con dolor termina en lágrimas.
Y, al abrir de nuevo los ojos, ve un arma que, temblorosa, la apunta. Con un hilo de voz pide:- matame.
No observa reacción alguna en aquel que con curiosidad la observa.- vamos...matame.
Sigue parado. La apunta con aquella pistola manchada ya de más sangre inocente. Se siente confundido ante la primera vez que suplican por la muerte en lugar de la vida. Pero ella teme más a la segunda que a la primera.- por...favor...por...favor...matame.
Por primera vez en toda su vida, él siente que no puede hacerlo. Pese a la desesperación que observa en el rostro de la chiquilla, o quizás precisamente por ello. Sin el deseo de vivir en sus víctimas, robarles la vida carece de sentido. Poco a poco va bajando el arma.- No...por...favor...por favor...no lo hagas...no guardes el arma..
Preso de su estupor, pregunta:- ¿Porqué quieres morir?
- No preguntes, solo hazlo.Vuelve a levantar el arma, en un nuevo intento, pero las fuerzas le flaquean, no puede hacerlo. La pistola cae al suelo. Ella se arrastra como puede, la ase con sus débiles manos, y, con sus últimas fuerzas, aprieta el gatillo. Lanza al aire su último suspiro y a cenizas reduce su dolor.
Aquel que tantas muertes hubiera contemplado, de repente siente el horror de sus actos, aquel charco de sangre le nubla la vista. Por primera vez, llora ante una "caída". Se agacha, le da un beso en la frente, extrae el arma de sus manos, y, con un sonido sordo y seco, termina también con su vida.

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