Respuesta: Una señora casada y muy fiel
Yo solo había visto el de mi esposo que era de buenas dimensiones, pero no tan grande como éste que tenía a mi alcance en este momento. No pude evitar las ganas de mamárselo con una gran pasión. Pude hacer algo que mi esposo siempre me había pedido y que jamás conseguí, metérmelo hasta el fondo de mi garganta. En ese momento tenía ganas de metérmelo hasta el fondo del estómago, por lo que ni siquiera tuve ganas de vomitar cuando estaba hasta el fondo de mi garganta como me pasa siempre con mi esposo, que siempre me dan arcadas. Sentía su pene como un gran caramelo que lo quería tener dentro de mí. Sentí que iba a eyacular, por lo que me lo saqué de la boca, porque tenía ganas de que me penetrara por la vagina.
Nos estuvimos besando con la ropa hecha bolas, porque no se no ocurría desnudarnos estando en la oficina, a pesar de que no había nadie en ese momento. Me sobaba los senos de una manera casi brutal, me acariciaba las piernas, me acariciaba los labios mayores. Entonces se acomodó y me lo fue metiendo poco a poco. Yo sentía cómo ese trozo de carne iba horadando poco a poco mi vagina. Sentía cómo iba abriéndome hasta más no poder y su pene tocaba el fondo. Nunca me había sentido tan llena, tan penetrada, tan ampliada. Yo abría lo más que podía mis piernas para que pudiera penetrarme hasta el fondo. Cuando llegó a el comenzó a bombear. Sus movimientos eran lentos al principio. Sentía el roce de su pene contra las paredes de mi vagina. Entrando y saliendo, entrando y saliendo. El bombeo se hizo cada vez más rápido. Esto me excitaba cada vez más y cada vez más.
Sentía a la perfección los espasmos de mi vagina alrededor de su pene, exprimiéndolo. Llegó el momento en que eyaculó con un gran ruido de su parte y un gran gemido de la mía. Nos quedamos quietos. Yo quería tener el máximo tiempo posible su pene dentro de mí. Sentía como palpitaba aún. Le veía a los ojos con una sonrisa cómplice. Me respondió momentáneamente a la risa, pero luego se incorporo, se vistió rápidamente y me pidió que lo hiciera yo también. Nos asomamos a la puerta de la oficina para ver si alguien nos había visto. Como mi esposo también trabaja en el mismo lugar, es posible que le puedan ir con el chisme.
Aparentemente nadie nos vio. Han pasado varios días y mi jefe se ha comportado como si nada. Sin embargo, me da mucha excitación cuando lo veo platicar con mi esposo. Me imagino lo que pasaría entre ellos si se supiera esto. Cuando llegué a mi casa ese día, me sentía un poco culpable. Pero cuando tuvimos relaciones sexuales, me di cuenta de que mi esposo tenía razón. En la actualidad, tenemos sexo con más frecuencia y de una forma más apasionada. Entiendo lo que me decía, que gracias a sus aventuras sexuales nuestro matrimonio no era monótono.
Esta aventura despertó en mí la sexualidad nuevamente. Ahora no es solo gracias a sus aventuras, sino también a las mías.
|