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Montaje VIH/SIDA

La “Pandemia VIH/SIDA” es un Montaje criminal[5]

En 1981, cinco casos de homosexuales inmunodeprimidos por la utilización continua de nitritos, y envenenados por un prolongado tratamiento antibiótico inmunosupresor, se convirtieron, por necesidades estratégicas de los CDC y otras agencias del aparato sanitario estadounidense, en los primeros casos de una “nueva enfermedad” presentada desde el comienzo como “contagiosa y mortal”.

Dos años después, Luc Montagnier presentó el supuesto aislamiento de un virus del que, no obstante dijo: “el papel de este virus en la etiología del SIDA deberá ser determinado”[6]. En 1997 reconoció en una entrevista realizada en el Instituto Pasteur que no había cumplido el requisito fundamental de aislamiento: “repito, no purificamos”[7]. En 2008 recibió el Premio Nobel por las dos cosas que no había hecho: aislar un virus y demostrar que era la causa del SIDA.

En 1984, la Ministra de Salud estadounidense anunció en rueda de prensa que el Dr. Robert Gallo había encontrado la causa del SIDA: un nuevo retrovirus que acabó llamándose “Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH)”. Entre 1990 y 1994, el Dr. Gallo sufrió cinco investigaciones de organismos estatales por presunto fraude en su descubrimiento. En 2007, la periodista Janine Roberts hizo públicas las pruebas definitivas[8]: Gallo alteró los resultados de su equipo para presentar como aislamiento experimentos fracasados (ver ilustración).


Todos y cada uno de los elementos que intervienen en la llamada “Pandemia VIH/SIDA” son falsos. Hay información científica, médica, epidemiológica, periodística, testimonial y jurídica rigurosa para demostrar que los tests, los protocolos hospitalarios, las estadísticas, los tratamientos, las campañas informativas y las políticas en torno al VIH/SIDA en su conjunto se apoyan en fraudes, interpretaciones erróneas o simples mentiras.

Veámoslo:
Tests-ruleta rusa

Todos los tests empleados como diagnóstico carecen de soporte científico-técnico[9]. En realidad sirven para etiquetar personas como “seropositivas” metiéndolas así en el criminal engranaje del SIDA:

- no son específicos: no detectan anticuerpos concretos, sino mayor o menor cantidad de anticuerpos que todos podemos tener;

- no existen criterios uniformes: te pueden considerar positivo en un país y negativo en otro;

- se han documentado 67 enfermedades o situaciones que producen falsos positivos, entre ellas, hemofilia, hepatitis, malaria, herpes, vacunas, gripes, resfriados…

- los propios fabricantes advierten en sus prospectos e instrucciones[10] que los tests no sirven como diagnóstico -la razón fundamental es que no se ha aislado el virus que se supone que deben detectar.

Venenos mortales

Los tratamientos empleados en el marco del SIDA son tóxicos y responsables de los problemas de salud y las muertes atribuidas al VIH. Los laboratorios fabricantes advierten que no curan, numerosos estudios han puesto de manifiesto que los llamados “sobrevivientes a largo término” no han tomado antivirales, y la literatura científica dedicada a documentar sus temibles efectos es simplemente abrumadora. Entre los más graves: dañan de las mitocondrias celulares que producen el 95% de la energía que necesita el organismo, produciendo miopatías, demencias, encefalopatías, fallos hepáticos y daños genéticos en los fetos; cánceres, malformaciones, atrofia, anemia, inmunodeficiencia, neumonías, depresión, cirrosis hepáticas, cólicos renales... El problema es que todos los componentes atribuidos falsamente al VIH son en la realidad biológica elementos vitales de las células humanas. Lo que significa que el blanco de todos estos venenos no es otro que el organismo humano[11].

¿Existe entonces el SIDA?

Lo que estamos explicando puede resultar chocante a primera vista, e incluso contradictorio con lo que nos dicen e incluso con lo que vemos en personas cercanas. Es lógico, cualquier montaje tiene que apoyarse en algo real. Es decir, el “SIDA” no existe como enfermedad con entidad biológica-patológica propia, aunque existen problemas de salud que se han utilizado para construir el Montaje VIH/SIDA. De modo que para entender cabalmente lo que está sucediendo y contrarrestar la gigantesca campaña de terror y mentiras, es preciso separar con nitidez:

- lo que el establishment del SIDA presenta como “seropositivo”, “caso de SIDA”, “muerto de SIDA”,

- de los problemas de salud reales o de las condiciones biológicas que hay debajo de esas etiquetas.

En Occidente se ha construido el SIDA transformando el significado de la palabra “síndrome” de grupo de síntomas a grupo de enfermedades, utilizando patologías ya existentes relacionadas con los llamados “grupos de riesgo”, y ampliando la definición a base de ir metiendo enfermedades en la lista y engrosando el número de casos: cada vez que se añadía una nueva enfermedad a la lista, miles de personas se convertían si daban positivo al test en “casos de SIDA”.

Por ejemplo, en 1993 los CDC añadieron el criterio de “tener menos de 200 T4 por mililitro de sangre” para ser considerado “caso de SIDA”; resultado: el número de casos se duplicó en EEUU. Desde entonces, más de la mitad de los nuevos casos diagnosticados cada año son personas sin ningún síntoma de enfermedad.

Además, al haber distintas definiciones en diferentes países, se producen situaciones sorprendentes pero clarificadoras: 180.000 “casos de SIDA” estadounidenses no son “casos de SIDA” en Canadá.

En cuanto a los países pobres, primero la rapiña occidental condenó a millones de personas a la pobreza, al hambre y a la enfermedad; después, las instituciones sanitarias creadas y controladas por Occidente acuerdan que esas condiciones de vida infames se definen como “caso de SIDA”; finalmente, el arsenal de expertos, cooperantes, voluntarios y demás sicarios, introducen, publicitan, promocionan desde tribunas pseudocientíficas y echan mano –si es preciso- de los tribunales, para fumigar con venenos, primero de marca y, después de la correspondiente “campaña humanitaria”, con genéricos a precio módico.

¿Cuáles son, entonces los problemas de salud reales metidos en la etiqueta “SIDA”?

Por una parte, problemas o enfermedades ya conocidas previamente; por otra, problemas provocados por el propio Montaje VIH/SIDA: por el terror, por la estigmatización, por la intoxicación preventiva y por la agresión químico-tóxica de los supuestos antivirales.

La minuciosa investigación del Dr. Heinrich Kremer[12] explica rigurosamente todos estos problemas y situaciones al margen de la versión oficial, tanto las enfermedades ya conocidas –relacionadas con el proceso de degeneración biológica tras 150 años de irracionalidad terapéutica- como los nuevos problemas causados por los productos presentados como tratamiento y las campañas de info-terror.

¿Cómo es que todos los “seropositivos” acaban desarrollando los mismos problemas, es decir, lo que se llama “SIDA”?

Aparentemente, existe una correlación entre las dos etiquetas –“seropositivo” y “enfermo de SIDA”, pero sólo aparentemente. Para empezar, no todos los “casos de SIDA” consisten en los mismos problemas; como hemos visto, el saco del SIDA abarca una gran cantidad de enfermedades antiguas y problemas creados por el mismo Montaje. Pero además, los dos grupos no coinciden como nos quieren hacer creer: existe un riguroso estudio que demuestra que las estadísticas oficiales de “seropositivos” y las de “casos de SIDA” no coinciden[13].

Para tapar ese incómodo defecto, los oficialistas utilizan una nueva trampa que llaman “diagnóstico por probabilidad”. En EEUU, más de 62.000 “casos de SIDA” han sido diagnosticados sin el test. En África ni se considera la posibilidad de gastar dinero en los tests. El diagnóstico se hace mediante unos criterios acordados por los CDC y la OMS, que incluyen pérdida de peso, diarrea y fiebre más otros síntomas menores[14]. Más aún, un niño africano hijo de madre “seropositiva”, que adelgace y tenga diarrea se convierte automáticamente en un “caso de SIDA” presto a ser atiborrado con AZT o Nevirapina hasta que muera por culpa del VIH a pesar de la caridad occidental.

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